martes, 11 de agosto de 2009

Eleanor Rigby (2)


Sin tema específico, vuelvo a las subjetivas páginas de mi blog para perder el tiempo escuchando cómo suenan las teclas de mi computadora cada vez que mis dedos las golpean. Pero este rítmico golpear de las teclas tiene un fin, una meta, un significado, y eso es que logre sacar aquello que tengo incrustado en lo más profundo de mis vísceras creadoras e imaginativas.

Podría pasar la infinidad de horas sentada frente al ordenador, llenando la hoja del blog de huecas frases; todo forma y nada de contenido. Sin embargo, siento y presiento que al estar yo vaciando mi cabeza de tanta merma y ruido con este monólogo que parece no tener ningún fin específico, las palabras que contienen verdadero significado podrán salir a flote; respirar el inexistente oxígeno de la página, imaginar que ven la luz del día y volar hasta sus pequeñas mentes, ávidas y famélicas de conocimiento y frescas ideas. Una opinión diferente en el mundo de las sombras, este en el que nos vemos inmersos día con día: páginas y páginas en el periódico de malas notas; canales y canales con imágenes violentas y desagradables al paladar.

Nuestros ojos claman por buenas nuevas; un evangelio de esperanza entre la oscuridad del día. Olvidémonos de la religión, yo hablo de la espiritualidad del ser humano, aquello que vive muy dentro de nosotros, que tiene voz propia y se queja y llora por tenerlo tan olvidado. Yo sé que tengo ahí algo dentro de mí. Lo sé porque lo escucho y lo siento. Es más sensible que yo y me transmite cada emoción que va sintiendo. Si yo lo tengo, ¿por qué no lo tendrán los demás? No soy más diferente que la próxima persona que me salude al toparse conmigo.

Aquí hago una pausa para terminar este momento de “verborrea”. La idea que por fin parecía salir de mis entrañas ha sentido pánico escénico y decidió regresar a reforzarse. Por lo pronto, yo regreso a lo que realmente debería de estar haciendo: la tarea.