jueves, 2 de diciembre de 2010

Hoy ya no soy yo

‘Hoy ya no soy yo’
Gustavo Cerati

Adivino tu intención;
tienes ganas de subir a verme,
pero hoy ya no soy yo.
La otra noche te arrojé,
en un mar cubierto de lava ardiente,
pero hoy ya no soy yo.
Puede ser un accidente, nena,
pero hoy ya no soy yo.
Paso días normal (no me esperes… tengo ganas)
a veces, a veces, a veces…..
Adivino tu intención,
tengo ganas de saber quererte,
pero hoy ya no soy yo.


Yo no me considero fan de Cerati, no lo fui en el pasado y no lo he escuchado detenidamente como para considerarme ferviente admiradora. Admito haberlo descubierto muy, muy tarde en la vida, de lo cual me arrepiento tremendamente. Especialmente ahora, con la trágica situación en la que se encuentra el wonder-boy argentino… creo que ya nunca tendré la oportunidad de ver y escucharlo en vivo, ni de corear sus canciones, ni gritar, ni aplaudir hasta que el dolor de las palmas me obliguen a parar. Ni modo, tan sólo me queda el cerrar los ojos y viajar.

Esta noche, una amiga, Sodera de hueso colorado (ese adjetivo ella se lo puso y me encantó), me pasó Colores santos. “La de ‘Hoy ya no soy yo’ me intriga tanto”, comentó, e hizo que me creciera la duda: “quiero saber qué significa o de qué habla esa canción”. Me contó su teoría y la duda se infló aun más. La consecuencia de semejante acción de su parte (ya verás Sister), fue escuchar una y otra y otra y otra y otra vez esa pieza. Intenté recordar mis clases de poética, de métrica y de retórica para lograr desentrañar sus misterios, aunque el teflón con el que empaquetaron mi cerebro funciona tan bien que la gran mayoría de las veces no recuerdo nada. Sin embargo le hice el intento, a ver si eso de la interpretación se me da.

Como canta-autor, Cerati está cabrón. Creo que son pocos los músicos cuyo alcance y profundidad letrística, dotan de relevancia, coherencia, cohesión, verdad, honestidad y sentimiento a una canción. No es tanto lo que digan, sino cómo lo dicen, y por otro lado, no es tanto cómo lo dicen, sino lo que dicen; la verdad es que no entraré en debate sobre la forma o el contenido. A veces una canción dice tanto sin decir nada, a veces es lo contrario.

‘Hoy ya no soy yo’, parece ser una pugna interna del “yo” poético que habla en la canción. Sucede que al leer una novela, quien nos guía en la historia no es necesaria, ni obligatoriamente el autor; el narrador muchas veces funciona de manera independiente y se separa de la figura creadora, autoritaria… se separa de dios, como diría Vargas-Llosa. Lo mismo sucede en las canciones… a veces quien nos canta no es el músico, sino ese ente viviente que aparece como alter ego del músico, vocalista, intérprete, o como lo quieran llamar. Escuchen canciones de The Decemberists, sobre todo un álbum como Hazards of Love y se darán cuenta de que, quien interpreta las canciones es meramente una vía a través de la cual escuchamos la voz poética narrándonos una historia. Pero bueno, fin del paréntesis, volvamos con Cerati.

Repito que, sobre Gustavo conozco muy poco; conozco sus canciones (no todas), algunos de sus discos y muy poco sobre su historia personal, mas lo poco o mediano que he escuchado y visto, lo tengo bien grabado. Sé lo que su música me provoca y las imágenes que me evocan; esa pequeña porción, cada vez que la escucho me lleva a lugares y termina por formar parte de mi “yo” que vive eternamente alucinado. Tal es el caso de ‘Hoy ya no soy yo’, en donde la voz que nos canta le confiesa a alguien (ella, quien quiera que sea), sobre su ser dudoso y malvado; un ser que causó un mal terrible y no asume la culpa de ello: Tienes ganas de subir a verme, pero hoy ya no soy yo. La otra noche te arrojé, en un mar cubierto de lava ardiente, pero hoy ya no soy yo. Puede ser un accidente nena, pero hoy ya no soy yo. La canción forma imágenes que se oponen unas a otras, así como también se opone el “yo” contra él mismo: tengo ganas de saber quererte, pero hoy ya no soy yo. Es el deseo y el “qué me importa” luchando al mismo tiempo. No solamente se refleja en la letra, sino en la música y el arreglo, en donde una cálida guitarra acústica nos da la bienvenida, con unos tímidos riffs de guitarra eléctrica que se asoman esporádicamente, hasta que los papeles se invierten y nos envuelven los desgarrantes rasgueos de aquella que en un inicio se escondía bajo el sonido de la acústica.

Sonidos de desengaño, de culpabilidad y un juego de pasiones insaciable, en donde la incertidumbre y la violencia del sentir sublime que el “Yo” desprende o evoca es la fuerza tentadora e intrigante que guía a la confesión para tal vez recibir el perdón. ¿Será?