

¿Se parece? Para nada... pero no soy retratista, sólo fan.
Nomás porque sí: porque fanfarronerías sonoras provenientes de trompetas doradas llenan el archivero de mi cabeza. Porque los bloques contra la inspiración aturden. Porque no hay más que hacer más que aventar los escupitajos de letras hacia el camino. Porque duelen las llagas de los dedos de tanto escribir. Porque hay que escribir. Porque si no escribo, moriré.


¿Se parece? Para nada... pero no soy retratista, sólo fan.


Pero... hay un pero. Sería increíblemente erróneo irse con la idea que es la típica historia de amor, porque de ello no hay nada, c'est trés faux! Ferdinand es un hombre casado, con hijos y un hombre completamente desentendido de su familia. Al re-encontrarse con Marianne, su ex-amante, Ferdinand abandona su vida y se va con ella, convirtiéndose en un cómplice ingenuo y, hasta cierto punto obligado de Marianne quien, en ese momento ha matado a un hombre y le ha robado el carro y el dinero, el cual pertenecía a gangsters algerianos, los cuales ahora se darán a la tarea de perseguir a Ferdinand y Marianne.
Siguiendo el buen ambiente de despreocupación y libertad de la cual tanto hablan misseur Pierrot y Marianne, la relación de ambos se desarrollará -y desintegrará- pues entre paisajes bucólicos, entre música y poesía, entre la narración de los mismos personajes como si la película en sí fuese una novela. Y esto es algo que hay que advertir, Godard se caracterizó por romper esa barrera entre película-audiencia y crea una conversación entre actor-audencia cuando, en una escena mientras Ferdinand y Marianne van en el carro recorriendo el paisaje, comienzan a platicar entre ellos y en un punto, Ferdinand gira la cabeza, se dirige a la cámara y comienza a realizar preguntas y observaciones sobre Marianne, a lo que Marianne, al voltear hacia la cámara pregunta "¿con quién hablas?". "Con la audiencia" contesta Ferdinand. "¡Ah!" responde Marianne comprensivamente y la trama continúa. Bueno, tal vez sea confuso, pero es una de esas cosas que se tienen que ver.
Pronto su sencilla relación amorosa, juguetona y aventurera se vendrá abajo, el pobre Pierrot o Ferdinand, tarde se dará cuenta que ha sido manipulado y llevado al borde de la locura y la confusión; la traición de Marianne lo llevará a su muerte... y sólo agregaré: ¡vaya manera de morir! No ocultaré el hecho de que el final me hizo reír terriblemente y le valió un gran aplauso de mi parte al señor Godard, uno que se suma a todos aquellos que ha recibido a través de los años y de sus obras.
Confieso que, la primera vez que la ví, me perdí un poco en la trama y en la narración; les advierto que no es la típica narración cinematográfica a la cual Hollywood nos tiene tan acostumbrados y el hecho de que esté en francés complica un poco más la situación, pero una vez que la trama se va desenvolviendo, todo termina bien -al menos para nosotros-. Pierrot Le Fou, tomado como Pierrot el loco, es una increíble historia de humor negro, de problemas de identidad, de poesía, de música, de colores estridentes; es una película en la cual todo y todos son personajes importantes y significativos. Una película saturada de detalles estúpidos, hasta cierto punto, pero magistralmente adaptados a una narrativa que juega con todo lo que encuentre a su alcance y que llega a ser en momentos totalmente incoherente, sin importar ser ridículo -y que por supuesto, no llega a esto-.
Esta es una película para ver con una gota de alcohol, unos cigarrillos, lights off y el volumen muy alto. Disfruten la función, disfruten el viaje.