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martes, 1 de febrero de 2011

El regreso de Peter, Björn & John... rayos


¿Recuerdan “Young Folks”? Esa pegajosa y difícil de olvidar melodía que todo el mundo chiflaba en sus momentos de autismo (bueno, yo chiflaba en mis momentos de autismo); esa tonadita que por todos lados nos perseguía, incluso nos buscaba. Bueno pues los autores de semejante fenómeno regresaron con Gimme Some. Con Writer’s Block, este trío sueco logró juntar una cantidad de seguidores abrumadora, muchos de los cuales, sin lugar a dudas, desaparecieron con Living Thing, un disco muy difícil de escuchar de principio a fin; nada polifacético como el anterior, aunque a mí me agradó bastante el ambiente denso con el cual cargaba. Y si recorremos la línea histórica un poco más hacia atrás, esa misma dificultad está en Seaside Rock… un álbum que me recuerda a las películas de Bergman, ya que hay varios tracks en los cuales se escuchan conversaciones en sueco, acompañados con algunos acordes musicales, mismos que fungen más como complemento de la conversación que como piezas por sí solas. En fin. Para el gran alivio de muchos que se quedaron con esas ganas de música pop-pegajosa, rítmica, liviana, deglutida, nada desafiante, el trío apareció este año con la secuela del Writer’s Block. Y curiosamente, no me llena el oído. No en su totalidad.

Hay discos que funcionan en su totalidad, en las que es imposible adelantarle o cliquear el random y pasar el tiempo escuchando de todo. Sin embargo, éste no es el caso. Gimme Some funciona mejor segmentado, mezclado con cualquier cosa que se encuentre en la lista de música, algo que me duele admitir. ‘Tomorrow Has to Wait’ no fue una buena opción para abrir la obra, aunque el título se me hizo adecuado, el mañana tendrá que esperar… a que encuentre ese gancho que me diga “tienes que escucharlo”. En ‘Dig a Little Deeper’ las guitarras reminiscentes al surf, aunque sean ecos inspirados en dicho género, crean un ligero gancho de interés, mismo que no encontré por ningún lado en la primera canción, el rasgueo se queda atascado en la cabeza, como esas melodías que sólo necesitan de un momento de contacto con nuestro sentido auditivo para permanecer molestamente repitiéndose una y otra y otra y otra y otra vez…. o qué, ¿no recuerdan “It’s a Small World After All” o la interminable línea de elefantes que gustaban de columpiarse?. El tercer track, ‘Second Chance’, promete un poco más, recurriendo al pop de ritmos pegajosos que tan bien dominaron en Writer’s Block, incluso acercándose peligrosamente a emular esos sonidos dejados en un pasado no muy lejano. ‘Eyes’, me recuerda, o mejor dicho, me suena mucho a ‘Close To Me’ de The Cure; que ésta sea referencia directa, la verdad no lo sé, pero la similitud ahí está en el ritmo de la batería, en las palmas chocando. Para la mitad del álbum, me topé con ‘Breaker Breaker’, canción introducida por una sumatoria de instrumentos con el volumen alto, batería, bajo y guitarra; una fórmula sin lugar a dudas muy sencilla que nunca falla, lo bueno y lo malo de ella es que dura menos de 2 minutos. Y siguiendo con la línea de canciones de duración menor a los 2 minutos, ‘Black Book’ repite la sencilla fórmula de los básicos (guitarra, bajo y batería), con una austeridad encontrada en bandas como Joy Division, y que Ian Curtis me disculpe por la analogía, o más adelante, en los Libertines, aunque jamás lleguen al caos, la locura y la destrucción de la música post-punkera de Pete Doherty y compañía. Y ya de ahí pa’l real, pues el disco cae cual piedra por el barranco, quizá sólo para cerrar de manera decente con ‘I Know You Don’t Love Me’, en una atmósfera cavernosa con reverberación vocal, tanto solista como coral, acompañados y complementados por discretos riffs encantadores y esporádicas presentaciones de un lejano sinte.

En resumen, no terminó por convencerme, aunque salvaría un par o un trío de canciones que mezcladas con otra cosa ganarían peso. Y que por qué perdí tiempo escribiendo sobre esto si no fue de mi agrado, pues no sé… tengo la ligera esperanza de que las melodías crezcan en mí, así como pasa con todo, siempre y cuando le demos la oportunidad en un día y tiempo en donde la paciencia para con la música, el cine y la literatura es algo de mucho pedir. Sólo uno podrá decir.

Aquí les dejo "Breaker Breaker":


miércoles, 29 de julio de 2009

Música en el 2009 (1)

Tengo que decir que este año –y eso que vamos a la mitad- va siendo uno muy bueno en cuanto a música. No pinta a ser uno tan mediocre como el pasado. Siendo a penas julio (casi agosto), puedo contar ya con una muy buena cantidad de nuevos lanzamientos discográficos; son muchísimas bandas y artistas que regresan con material de calidad... muchísimas, demasiadas, montonales. Bueno, tal vez un tanto exagerado mi optimismo, pero para alguien que casi-casi respira música, este tipo de emoción es normal y común.

En lo que va de enero a julio, tengo ya una gran lista de muy bueno músicos que llegaron para alegrar mi año; el mío y el de cualquier otro melómano. Una lista que incluye heavyweights como lo son Morrissey, Depeche Mode, Jarvis Cocker, Graham Coxon, Björk, etc.; y otros heavyweights, pero de la bandada de lo indie, como lo son Patrick Watson, The Decemberists, Peter, Björn & John, M. Ward, Antony & The Johnsons, Animal Collective, etc. En esta ocasión, sólo hablaré de tres: The Decemberists, Animal Collective y Peter, Björn & John.

The Hazards of Love es lo más nuevo de The Decemberists –un muy buen nombre, por cierto-, en donde le hacen a la Sgt. Pepper’s, entrelazando una canción con otra, como si todo fuera parte de una densa y oscura novela. No sé cómo catalogaría a este grupo, bajo qué género me refiero, ya que a veces se lucen con guitarras acústicas pintando las canciones de un folk dylanesco y otras veces se desgarran con guitarras eléctricas y violentas percusiones. El género indie, como tal, no existe, pero si existiera, la combinación terminaría así: folk-indie-rock. Muy buen disco, de los mejores del año en definitiva.


Animal Collective es un trío no tan conocido, al menos en México… o bueno, no sé si en todo México, pero aquí en el norte, hasta donde yo sé, no es tan conocido. El caso es que, Merriweather Post Pavillion, que salió apenas iniciado el año, fue una gran y grata sorpresa para mí. Este álbum le irá muy bien a cualquier amante de la música electrónica –buena música electrónica-. No se limitan a crear efectos de sonido sobre samplers, no; van más allá, mezclando ritmos, sonidos, estilos. Así como podrán encontrar canciones tipo baladas, también las encontrarán hipnotizantemente psicodélicas; poperas, rockeras, batucadas, etc., etc., etc. En un dato más personal, escuchen “My Girls” y “Brother Sport”, fueron las que más me gustaron, aunque el disco entero es muy bueno.

En el 2006 “Young Folks” se convirtió en una de las canciones más escuchadas, covereadas, utilizadas y tocadas del año. Peter, Björn & John, en un increíble acto de generación espontánea, aparecieron en el mapa internacional, convirtiéndose instantáneamente, en un éxito comercial. Este año llegan con Living Thing, un álbum que difícilmente llegará a ser el éxito que fue Writer’s Block, pero sí más creativo, más audaz y más raro, sacudiéndose así los pseudo-fans que pudieron haber adquirido simplemente por una canción y cimentando una base de fans más leal, más inteligente, más artística. No sé si esto se pueda tomar como bueno o malo, pero para una verdadera fan –como moi-, esto es muy bueno.

Es todo por ahora, ya que son muchísimas bandas y muchísimos discos como para aturrarlos todos de un golpe; aún me queda medio año para seguir con las críticas musicales de todo lo nuevo. Como dije ya, este es un muy buen año para la música.