martes, 23 de marzo de 2010

The Golden Archipelago

Nomás como dato totalmente inecesario, me encuentro en graves y muy serios problemas: mi computadora cada vez pierde más y más memoria, y es que este pequeño cerebro electrónico almacena una cantidad tan exagerada de música… pobrecita. Y me asusto más cuando veo todo lo que me falta por almacenar. Tantos discos nuevos este año, tantos descubrimientos que quedan por hacer… tanto, tanto, tanto. Pero qué rayos, me emociono, me pongo como niña en tienda de dulces (y todo es gratis).

Shearwater es una banda que debutó en 1999, y a quien yo descubrí apenas en el 2008 con Rook, el quinto álbum de la banda texana; un álbum que, es necesario mencionar, me dejó con la boca abierta e inmediatamente me hizo amante del grupo y su creación musical. Rook presenta una de las mejores portadas que he visto, en cuanto arte discográfico (abajo); carga una cierta resonancia con alguna película de Hitchcock que no mencionaré, pero que la referencia es más que obvia. Que dicha referencia sea realmente, un elemento intencional por parte de la banda, quién sabe, probablemente no lo sea, es mi propia interpretación –aparte, veo símbolos hitchcockianos por todos lados últimamente-.

The Golden Archipelago es una maravillosa bocanada de aire fresco y paisajismo, ritmos progresivos y paradójicamente, discretos. Mientras que Rook presenta un matizado más agresivo en cuanto al sonido, a los tonos, a las guitarras, etc. Archipelago, por otro lado, transmite una sensación de restricción ante aquella agresividad, compensada en una gran carga emocional, poética, armoniosa y sencillamente, profunda. Las canciones, por sí mismas, guardan una complejidad delirante, matizando al disco de un rango emocional que va desde lo increíblemente intimista y melancólico hasta una ligereza onírica. Un maravilloso álbum que atrapa en cada una de sus capas de pop/rock barroco.


jueves, 18 de marzo de 2010

The Universal

El segundo sencillo del álbum The Great Escape es, en mi opinión, una de las mejores canciones de Blur, y definitivamente mi favorita del cuarteto británico; hablo de la más que excelente canción The Universal, cuyo video pueden ver aquí abajo y, obviamente, deleitarse con la maravillosa canción de la cual les hablo:



Jonathan Glazer dirigió el video retomando a Kubrick con La naranja mecánica, específicamente, la escena en la que Alex y el resto de los droogs entran al milk bar -y que casualmente también es una de mis escenas favoritas de la película-.

La canción se podría ver como futurista, o mejor dicho, en aquel tiempo en que salió a la luz (1995) se pudo haber visto como futurista, inclusive profética, anunciando la completa esclavitud de la sociedad ante la tecnología y la globalización, o the universal (lo universal): This is the next century, where the Universal's free, you can find it anywhere, yes the future's been sold. Efectivamente, nos han vendido el futuro, hoy cuando (casi) todo podemos controlar con presionar un botón, y nos lo han vendido a un precio enmascarado como gratis, pero que nos ha costado el mundo entero.

sábado, 6 de marzo de 2010

Beat The Devil's Tattoo

La música fue hecha para escucharse en todo su volumen y esplendor; cualquier tipo de música, cualquier ritmo, cualquier género. No importa. Todo se escucha mejor, todo se experimenta mejor y se saborea tan deliciosamente mejor cuando el volumen ya no cabe en los oídos y comienza a ser absorbido por cada poro de nuestra piel. Pero, si de escoger géneros se trata, no hay nada como escuchar el violento y rugiente rasgueo de una guitarra eléctrica, impulsado por los hipnóticos ritmos emanados de la batería, una osada y grave línea de bajo, y una rasposa voz recitando las más profundas y ridículas letras que puedan existir. El Rock es algo que no se puede combatir; es una batalla que no puede ser conquistada. La victoria está cantada desde el principio. Y cuando llega un artista, o grupo de artistas, que logran engancharlo a uno desde el primer acorde es cuando se sabe que eso es nada menos que libertad.

Beat The Devil’s Tattoo es el nuevo material discográfico de una de las mejores bandas que el Rock pudo haber parido: Black Rebel Motorcycle Club. Quienes estén familiarizados con este séquito de músicos admiradores de leyendas cinematográficas, sabrán muy bien que el sonido de los ‘Rebels’ permanece siendo un sonido de etérea belleza cruda, potente y voraz. Ahora en día, en donde los géneros difícilmente permanecen puros, regresar a ese estado de pureza es reconfortante. Love Burns fue la canción que me introdujo a BRMC, a un mundo al que tangencialmente ya pertenezco, y un mundo que fue alimentado por lecturas, películas y las enormes fantasías a las que me permito recurrir de vez en cuando, o muy seguido. Es ahí cuando reafirmo que uno es lo que escucha. Y esta banda es la manifestación física de lo que uno reprime y esconde a los ojos del mundo, esa sensación de querer romper con las cadenas del decoro y el propio comportamiento para liberarse de absolutamente todo y dejarse llevar entre una embriagante nube de humo, gritos y caos. Vamos, aceptémoslo, todos llegamos a necesitar ese momento de liberación. Y Beat The Devil’s Tattoo no regala nada menos que eso… el caos enredado de la más maravillosa (melódica) anarquía.

You cannot fight it, all the world denies it, open up your eyelids and let your demons run, canta el vocalista en la canción introductoria del álbum, y con muchísima razón escogió ese momento para restregárnoslo en la cara. Así es como este fabuloso trío nos mete y conduce a lo largo del disco. Una probadita solamente, un gancho para que, una vez que hayamos visto al conejo blanco, no podamos hacer menos que seguirlo por el hoyo. Conscience Killer inicia con un ritmo un poco más salvaje que el anterior, incluso en la letra “You don’t mean all that much, but we really didn’t have a choice”. Bad Blood pinta a ser una balada –y muy buena por cierto-, aunque si por balada piensan en alguna cancionsucha pop-Luis Miguelera, pues (definitivamente) están en el lugar equivocado y será necesario que regresen por donde llegaron, aquí no hay lugar a malinterpretaciones. War Machine se sacude el tempus lentus del cual salimos para volver a los violentos y estridentes riffs de la guitarra. Evol y River Styx siguen un mismo estilo en los beats, como de tambores de guerra que prácticamente hipnotizan o idiotizan –cualquiera de las dos-, como si fuesen sirenas pregonando el terrible fin de los navegantes. The Toll, Sweet Feeling y Long Way Down son las canciones más tranquilas y tranquilizantes del álbum; las primeras dos con guitarras evocadoras de un blues nacido en los campos abiertos bajo la luz de las estrellas, como si sacadas de algún Western a blanco y negro, en la tercera de estas, la guitarra se sustituye por un delicioso piano melancólico y el acompañamiento vocal de la baterista, que no canta nada mal sus rancheras. Todo para cerrar con un broche dorado en Half-State, una canción de 10 minutos, sacudiéndose ese momento de apaciguamiento para volver a los profundos beats y melódicos riffs que nos despiden con el adiós más incompleto que hayan conocido, pues será inevitable que una vez concluido el álbum, se vuelva a escuchar, tan sólo para repasar los detalles que pasaron desapercibidos.