viernes, 6 de febrero de 2009

Morrissey


Nunca fui seguidora de los Smiths, tampoco lo fui de Morrissey, pero ahí tendrán que en dos meses, el mismísimo señor e ilustre caballero dará un concierto en la ciudad vecina por la reciente salida de su última obra discográfica, de la cual no me sé el nombre. A lo que voy, mi esposo es un enorme y gigantesco fan de el venerado cantante inglés con sangre irlandesa -enorme fan-, así que no es de esperarse que al enterarse de la noticia de su arrivo a tierras desérticas pegó el brinco de emoción y dijo "vamos". Y vamos será.


Me he dado a la tarea de escuchar el único disco que poseo de él y sólo porque en El Péndulo lo encontré a la ridícula cantidad de 45 pesos -tan devaluada está la buena música, mientras que ineptos y descerebrados pubertos gastan fortunas en estupideces como RBD, Miley Cirus/Hanna Montana o los Jonas Brothers, permítanme mientras vomito.


Sí, perdón... 45 pesos. Debo admitir que esta fue mi sola y única razón por la cual adquirí Ringleader of the Tormentors. En fin, su pérdida, mi ganancia, en definitiva. Este album se ha convertido rápidamente en uno de mis favoritos. La voz de Morrissey algo tiene, será su tono, su timbre, su emoción, lo que sea que tenga, pero ese algo atrae de una manera tan misteriosa e intrigante. Yo se que muchos ya lo han escuchado y han de pensar "¿de qué rayos se emociona?" Pero vaya, no lo puedo evitar. Llegue el mes de abril, estando parada entre una multitud de apasionados y entregados fans, seguramente yo también estaré gritando y coreando sus canciones, aunque sean solamente las pertenecientes a su octava entrega discográfica [Ringleader...].


Lo escucho en este momento y peleo contra las ganas de darle a todo el volumen. Mi querido Morrissey, una fan más se ha unido a tus filas. Si no lo han escuchado, se pierden de música de calidad. Armoniosas melodías y una hipnotizante voz envidiada por las sirenas a quienes dejó fuera de trabajo.