domingo, 15 de julio de 2012

"...de la disputa que los griegos y los romanos tuvieron entre sí"

Ayer mientras limpiaba y apilaba libros, me reencontré con el Libro del Buen Amor del Arcipreste de Hita; este libro fue uno de los obligados durante mi primer semestre en Literatura y lo odié; aunque muchos me contradigan y opinen lo contrario, yo lo odié, salvo por un pequeño pasaje que a continuación les comparto, muy de acorde a nuestros tiempos en los cuales cada quien interpreta y asimila lo que quiere y como quiere.

Ocurrió que los romanos no tenían leyes
y las fueron a pedir a los griegos que sí las tenían;
los griegos respondieron que no las merecían
ni las podrían entender, ya que sabían tan poco;
pero que, si querían servirse de ellas,
antes debían debatir con sus sabios
para ver si las entenderían y merecían lograrlas:
daban esta respuesta aparente para excusarse.
Los romanos respondieron que lo aceptaban completamente;
firmaron un convenio para el debate;
mas, como no iban a entender el lenguaje forastero,
debatirían por signos y señas de letrado.
Fijaron entre todos la fecha para contender;
los romanos estaban preocupados, no sabiendo cómo arreglarse
porque ni eran letrados ni sabrían entender
a los doctores griegos y su mucho saber.
Estando en esta preocupación, dijo un ciudadano
que tomasen un villano, un bellaco romano,
y que él hiciese con las manos las señales
según Dios le guiase; y fue un buen consejo.
Fuéronse a un gran bellaco muy astuto
y le dijeron: "Nosotros tenemos con los griegos un asunto
a debatir por señas; pide lo que quieras
y te lo daremos, pero líbranos de esta lid".
Lo vistieron de riquísimos paños de gran valía
como si fuese doctor en filosofía;
subió a un sitial y dijo bravuconamente:
"Y ahora vengan a mí los griegos con toda su porfía".
En esto llegó un griego, doctor muy esmerado,
escogido entre los griegos y por todos alabado;
subió a otro sitial, en presencia de todo el pueblo,
empezaron con sus signos, como habían tratado.
Se levantó el griego, sosegado, reposado,
mostró sólo el dedo que está cerca del pulgar,
luego se sentó en el mismo sitio;
se levantó el bellaco, matón, irascible.
y enseñó tres dedos extendidos hacia el griego,
el pulgar y otros dos contiguos a aquél
a manera de arpón, los otros dos encogidos,
sentóse el necio, mirando sus vestidos;
se levantó el griego y extendió su palma,
se volvió a sentar con su sana memoria;
se levantó el bellaco, con fantasía vana,
y enseñó el puño cerrado con ganas de pelea.
El sabio griego dijo a todos los de Grecia
"Los romanos merecen las leyes y no se las niego".
Todos se levantaron sosegados y en paz.
Roma tuvo gran honra por un vil andariego.
Preguntaron al griego que había dicho
por signos al romano, y qué había respondido él.
"Yo le dije que hay un Dios; el romano
que es uno en tres personas, e hizo señal de ello;
yo dije que todo estaba en su voluntad,
y respondió que tiene el mundo en su poder, y es verdad.
En cuanto vi que entendían y creían en la Trinidad
comprendí que merecían la seguridad de las leyes."
Preguntaron al bellaco cuál había sido su interpretación:
"Me dijo que con su dedo me rompería un ojo,
esto me preocupó y me indignó mucho;
le respondí con saña, ira y pesar
que yo le rompería, ante toda la gente,
con dos dedos los ojos y con el pulgar los dientes;
después de esto me dijo que andara con cuidado
que me daría una palmada que haría resonar mis oídos;
yo le respondí que le daría un puñetazo tal
que ni en toda su vida lo vería vengado.
En cuanto vio que la pelea se le presentaba mal
dejó de amenazar a quien no le teme en nada."
Por esto el refrán de la vieja astuta dice:
"No hay mala palabra, si no es por tal tomada"