miércoles, 3 de noviembre de 2010

(sin título)

Han pasado tantas cosas. En esta ciudad, por bien o mal que sea la cosa, uno no puede decir "aquí nunca pasa nada", porque la realidad es completamente otra; repito, esto no es ni bueno, ni malo, la verdad no sé qué rayos sea. Lo que sí es cierto es que por el todo o por el nada, uno tarde o temprano se ve lanzado contra la vida, contra su propia vida; uno se ve golpeado por todos lados, por todas las personas y por todas las situaciones, obligado a preguntarse el tan común "¿y qué rayos estoy haciendo?" y el "¿para qué estoy aquí?", también el "¿cuál es mi camino?". Si tan solo Delfos estuviese a la mano para acercarnos a preguntar. Si tan solo esa mágica bola del 8 fuese real. Si tan solo... si tan solo. La verdad es que, me he cansado de hacer preguntas, de tratar de leer el té, el café o las sobras de cerveza, de intentar interpretar las formas del humo del cigarro o abrir un libro al azar y ver si hay respuestas escondidas, encajonadas, metaforizadas. A veces me gustaría creer que sí las hay, incluso que están en los lugares más obvios, más claros y sencillos, ahí, justo en la punta de la nariz... el último lugar en donde se nos ocurre buscar. Y bueno, por otro lado, no sé si realmente me gustaría encontrar las respuestas, no sé si me gustaría tener ese mapa del futuro, la verdad es que eso de no saber tiene sus virtudes y sus méritos.
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Espero ya poder dejarme de cosas y regresar... regresar a ser yo.

2 comentarios:

Beto dijo...

Decía Erich Fromm que la escencia del hombre está en las preguntas y no en las respuestas. Y bueno creo que todos buscamos y tal vez encontremos esas respuestas pero serán diferentes para todos.
Creo que es mejor ver una película sin saber el final ja, sería aburrido si lo supieramos.

Pau dijo...

Sí, eso sí. Tienes mucha razón. Por eso ya mejor dejo de preguntarme tanta cosa y nomás dejo que las cosas lleguen como son. A ver qué hace uno con ellas.