miércoles, 6 de enero de 2010

Elemental, mi querido Watson

El miércoles pasado fui al cine y esta vez vi algo muchísimo mejor que Avatar y fue Sherlock Holmes, con unos fantásticos cuponsitos que me rebajaban el precio hasta 25 pesos, una ganga, en verdad. Pero el precio de los boletos no es lo relevante, sino la película. Conocedores o no conocedores del detective, yo creo que todos sabemos, por cultura general, quién es Sherlock Holmes y de qué se va a tratar una película que lleva ese nombre. De todos modos, por aquello de que de plano no sepan ni de qué les estoy hablando, aquí va un rápido resumen de la película.

Sherlock Holmes, el famoso detective inglés, ha sido contratado para ayudar a la policía a encontrar a una jovencita que había desaparecido, raptada por el malévolo y diabólico Lord Blackwood. Éste es aprisionado, enjuiciado y mandado a la horca, en donde todos somos testigos del fin de Blackwood. O al menos, eso creemos. La policía regresa en busca de Holmes, caos, pánico y espanto se ha apoderado del Scotland Yard, para esta vez resuelva el misterio de cómo los muertos regresan a la vida (Blackwood). Así que el detective y su siempre fiel Watson prosiguen con la investigación que meses atrás habían iniciado. Mientras tanto aparece la ingeniosa mente criminal de Irene Addler, la obsesión y amor imposible de Holmes, para solicitar su ayuda a encontrar un enano de cabellos rojizos. Y como en toda buena historia detectivesca, los hechos y los personajes terminan inevitablemente enrollados en un nudo puesto ahí desde el principio.

Guy Ritchie es quien, en esta ocasión, le entra al quite con el famoso detecive inglés, imprimiéndole a la historia un poco de aquel carácter crudo, frío y chistoso que ya son marca registrada en todas sus películas, y esto a mi me gusta, pues soy fan del cine de Ritchie. No es su mejor película, sin embargo es buena y muy entretenida. El humor de Ritchie es sutil y discreto, tal vez para el espectador que realmente pone atención a los detalles cuando ve una película. Robert Downey Jr. y Jude Law intepretan a Holmes y Watson respectivamente, y lo hacen maravillosamente. Una pareja dispareja. Uno realmente cree que estos dos están a un paso de la relación homosexual con las constantes peleas que uno está obligado (gustosamente) a presenciar. Rachel McAddams interpreta a la peligrosa Addler, un intento de femme-fatale, que la verdad no me convenció mucho, pero bueno, pudo haber sido peor. Mark Strong hace el papel del malévolo Lord Blackwood, una muy buena intepretación de este clon inglés de Andy García.

Lo que realmente brilló, y brilló con ganas, durante toda la película fue el soundtrack, creado por Hans Zimmer. Está verdaderamente fabuloso y le queda a la visión de Ritchie como anillo al dedo. Un sonido como de old-town-saloon, sacado de un western, inyectado con sarcasmo, inteligencia y humor -y no, no es música celta, como alguien osó afirmar al salir de la sala-. Es pegajoso e hipnotizante, y jamás distrae de lo que está ocurriendo en pantalla, al contrario, ambienta de manera muy especial las escenas.

Confieso avergonzada que jamás he leído los cuentos de Sir Arthur Conan Doyle, así que no podría decirles si es o no, el Sherlock de Ritchie, una fiel copia del personaje creado por Doyle. Por ahí he leído y escuchado dos que tres cosas en total desapruebo en contra de esta nueva versión, sin embargo yo no tengo marco de referencia en qué basarme, así que ya se los dejaré al criterio de los lectores. Fuera de esto, es una buena película para sacudirse el ocio y el tedio, a pesar de estar un poco larga, jamás se siente estancada, al contrario, la historia es fluida y entretenida. Y si son fans de las obras de Guy Ritchie, sí vale la pena verla, tiene mucho de él impreso en el film, aunque no es su mejor película -Lock, Stock & Two Smoking Barrells sería mi opción para mejor película-. Las actuaciones de Downey y Law son sabrosamente entretenidas, y para finalizar, el soundtrack es absolutamente maravilloso.