viernes, 17 de febrero de 2012

Otro sin título...

José Revueltas confesó, tomando prestada la voz de Jorge Ramos, uno de sus personajes de Los días terrenales, lo siguiente: 

Volvió a leer el párrafo. Nada le causaba mayor disgusto que no quedar satisfecho de lo que escribía. Era como si tuviese que atravesar una sala, desnudo, ante cien mil pares de ojos. Las cosas se hacían aborrecibles y la búsqueda de los errores se transformaba en algo muy semejante a encerrarse en el círculo oscuro de una sorda adivinación enrevesada, nada más prefigurativa, anterior al pensamiento; una adivinación del molusco ciego, solitario y perdido antes de la aparición del hombre, en el cual las palabras se descomponían, primero en letras y luego únicamente en dibujos aislados, lejos del alcance de cualquier inteligencia.

Es verdad que los personajes no son el escritor, aunque esta es la excepción a la regla. Revueltas se deconstruye y se convierte en los múltiples personajes que escuchamos y seguimos a lo largo de su novela, cada uno de ellos representando una parte muy peculiar de él, de su vida, su situación y de sus conocidos; esto a manera de crítica hacia el Partido Comunista Mexicano tras ser expulsado de él, pues pedía humanizar sus prácticas. A oídos sordos, escribe novela y exorcisa demonios. Sin embargo, esta no es la razón por la cual comparto este extracto de la novela, sino porque al leer esto he simpatizado (o empatizado) con él. De las muchas cosas que escribo, casi nunca me siento satisfecha y el sentimiento es justo como lo describe: sentirse desnudo y vulnerable ante los ojos del mundo. A diferencia de Revueltas, yo no tengo cien mil pares de ojos mirándome, aun así, cuando se escribe, uno encuentra la voz interna, y en mi caso, al hacer uso de mi voz, la que se ve reflejada en las páginas o en este, su blog, surgen oídos. Esos oídos, que habitan en mi mente o en donde vivan, son más críticos y crean más juicios hacia mí, hacia lo que pienso, opino y escribo que esos cien mil pares de ojos que describe Revueltas. Seguramente él se refería a sus lectores, hacia los miembros del partido del cual fue expulsado, hacia los políticos, hacia los críticos, etc. Espero algún día tener el mismo público... se vale soñar. Creo que seguiré rumiando entre cuadernos y escribiendo por aquí mientras tanto.