viernes, 6 de noviembre de 2009

The Spinning Top


Damon Albaran unió sus fuerzas con increíbles músicos para crear dos bandas magníficamente excelentes, una vez concluido el tiempo de vida de Blur: Gorillaz y The Good, The Bad and The Queen. Graham Coxon, por su lado, obedeció aquel conocido proverbio que dice “Más vale solo que mal acompañado”, y aclaro, mal acompañado jamás ha estado. Pero en verdad que solo ha brillado con semejante y tremenda fuerza, que aquel proverbio pudo haber sido cierto, muy cierto.

The Spinning Top es un disco que ya tiene rato dando vueltas por todos lados. ¿Que cuándo salió? No recuerdo, pero desde entonces, desde que me apresuré a bajarlo, desde que me lo devoré durante el desayuno, durante la comida y durante la cena, y aún más allá de aquellas tres comidas, desde ese entonces he querido escribir algo al respecto. Esta semi fría noche, mientras degusto un líquido gaseoso para complacer una mundana sensación de sed, vuelvo a escuchar el excelentísimo álbum de Graham Coxon y lo siento como la primera vez.

Según lo que dicen, la primera impresión es lo que cuenta y en dicho caso es totalmente verdadero. Coxon dejó un poco de lado aquellas estrambóticas, electrizantes y ruidosas guitarras eléctricas para reencontrarse con el viejo pedazo de guitarra acústica para soplar e inyectarle a sus tan poéticas letras un folk completamente original y cautivante, cimentándose nuevamente como uno de los mejores guitarristas de su generación. Prueba de esto es la canción “In The Morning”, en donde muestra y demuestra que está en su puritito elemento. Yo, siendo una melómana siempre obediente, opto por escuchar esta canción durante las mañanas, no todas, pero sí muchas. Simplemente pone de buenas. Si la aurora despidiera sonidos, sería imitando aquellos producidos por la guitarra de Coxon.

Una vez sumergidos en su tan orgánico sonido acústico por el cual nos conduce desde el inicio del disco, la añoranza por el sonido crudo y eléctrico de la guitarra coxiana comienza a hacer mella en uno, y en ese preciso momento, “Dead Bees” da inicio. Aunque mejor ejemplo de ello sería justo a la mitad de “Caspian See”. Pero bueno, suficiente de canciones, digo, no se vale que les arruine la magia del álbum que se produce una vez que se escucha. Estas humildes opiniones jamás podrán hacerle justicia a tan bellísimo compilado del ex guitarrista de Blur.

Hablando de chilaquiles con queso, aún tengo mis esperanzas puestas en que el re-encontronazo entre Damon y Graham resulte en un nuevo álbum del siempre magnífico cuarteto de Essex. De aquí a ese entonces, me encargaré de escuchar, obtener y obsesionarme con la discografía enterita de Blur.