jueves, 23 de enero de 2014

Sonidos del 2013, segunda parte...

Llegó el Año Nuevo y el mes de enero; llegaron, se fueron y quedó nomás el continuar con aquella frase colgando bajo el brazo: “más vale tarde que mucho más tarde” o algo por el estilo. Así pues, continuo con mi síntesis sónica/sonora/musical del 2013 y le dejo el escenario al señor Jim James y su álbum Regions of Light and Sound of God. Al señor James generalmente se le ve en bandas como My Morning Jacket o Monsters of Folk, sin embargo este hacer como solista está, en la peor adjetivación que pueda encontrar, es estupendamentegenial; esta es la creación de un hombre que demuestra en cada letra, en cada nota, su amor por la música. Los sonidos, los ambientes, los ritmos y por ende, los momentos que en conjunto crean, están equilibrados a lo largo de nueve tracks. “State Of The Art (A.E.I.O.U.)”, con sus delicados silencios quebrantados por un repetitivo piano que filtra las palabras hasta que se pegan en la cabeza para seguir con ella aun cuando se ha migrado hacia otras actividades: I used the state of the art / tech-nology / Supposed to make for better living. Are we better human beings? suena un poco a alguna variación del estado orwelliano en nuestra realidad; mientras que  canciones como “A New Life” son las que inevitablemente dibujan una sonrisa sobre el rostro, entrando bajo el título de feel-good-song. Sentirán cómo los eleva, en cuestión de segundos, hacia lo más alto del cielo y será entonces cuando perdonarán la cursilería de imágenes a las que intento recurrir.  I follow all the wrong dreams, lost in man’s schemes. Oh, Lord! I pray that all is forgiven… all is forgiven”, desgarra en confesión la voz de James, mientras un saxofón se contrapone a su persona, seguidos por un ritmo que quiere parecer jazz, aunque malformado. Si no conocían la obra de Jim James, Regions of Light and Sound of God es un buen lugar por el cual comenzar.

            No todo es el sonido indie-hippie-folkie-cantautoresco, porque sucede que llegan discos como el Specter at the Feast de Black Rebel Motorcycle Club y uno no puede hacer menos que pintarse las uñas negras, prender los cigarros y fumar con infinito placer al son de “Fire Walker” o “Hate The Taste”: la primera una oscura y deliciosa incursión hacia una sencillez sonora impuesta bajo la delicia de voz, tan sugerente e hipnotizante, que Robert Levon Been presta, logrando un ambiente que difiere en tono, intención y ritmo con la segunda, en donde Peter Hayes conduce, a través de esos riffs entre prístinos y sucios, almas igual de torturadas que él por el tártaro del ultramundo musical… el sucio rock ‘n’ roll: I got a fatal heart, I’m tried to living, got a tortured soul, I can’t give it away. Gonna find a line, to get me through to reason, gonna bury it all just to give it a name. Digan lo que digan sobre el inexistente estado inmaculado de los géneros… amantes del rock deben hacer parada obligatoria sobre BRMC. Sí, quizá jueguen el papel acercándose peligrosamente al cliché del rockero (botas, cuero, falta de peine, etc.), pero funciona, porque a veces eso es justo y necesario. Su estilo se basa en un sonido que difícilmente encuentra eclecticismos, aunque pasemos de lo conceptual y sublime, como “Sometimes The Light”, hacia lo crudo y mugriento de canciones como “Sell It”, la cual termina siendo mi favorita del disco entero… 387 segundos de guitarras electrizantes y la batería de Leah Shapiro.


            Después, llega el evolutivo sonido de rock filtrado que ofrece The National, a quienes muchos han entallado la etiqueta de aburridos –a ellos yo les digo “bah… no comprenden, no entienden, ni siquiera lo intentan”. He aquí una de las bandas estadounidenses más importantes de los últimos años del bajo-mainstream. Trouble Will Find Me es un disco casi perfecto, lleno de vertientes y tangentes que oscurecen o esclarecen el sentir del alma humana. Don’t make me read your mind… It takes me too much time… You’re not that much like me… We have different enemies”, canta Matt Berninger en la canción introductoria, mientras el estribillo recalca “You should know me better than that”. Aburrido el conocernos lo suficiente como para reconocernos entre los versos de un pedazo de música, quizá es algo confuso… pero no. “Sea Of Love” será la más reconocible, en parte gracias al estupendo video que salió acompañando al sencillo, e incluye una de las frases que en mí más han afectado: “If I stay here, trouble will find me”. –a cada quien lo dejo con sus percepciones. Vaya, si hay algo que este álbum tiene, son canciones cuyas letras parecen ficciones creadas a partir de monólogos; personajes desdoblándose ante nuestros ojos, mismos que resultan imitar a quien escucha. Para qué buscan libros sobre existencialismo, sobre naturaleza humana. Sólo necesitan The National y Trouble Will Find Me. Bellísimo álbum, sin pizca de aburrimiento.