martes, 27 de julio de 2010

(sin título)

Si son constantes lectores de este humilde blog, sabrán que su servidora, esta muchachona chaparra y curiosa, yo, soy una verdadera melómana, osease, una completa y absoluta obsesionada, traumada, enamorada, de la música. La música es mi todo, o mi segundo todo. Bueno, no entraré en clasificación, pero sí ocupa un lugar MUY importante en mi vida. La música me sigue a todos lados; siempre escucho música, siempre traigo una canción en la cabeza, mis pies inevitablemente siguen el ritmo de las melodías, amén de que en donde me encuentre reine nada más que el absoluto silencio. No es distracción, no es locura, es un complemento, es mí complemento. Yo no soy yo sin ella. Aunque yo no la busque, la música me encuentra, me busca y siempre llega en el mejor de los momentos, con el mejor de los consejos; sabe cuándo quiero reír y cuándo quiero llorar, cuándo pido concentración y cuándo distracción. Incluso sabe callar cuando necesito ese momento (nada común) de completo silencio y abandono, aunque llegue muy, muy esporádicamente.

Puedo platicar largo y tendido sobre el tema. Incluso puedo llegar a discusiones sobre ello. Los debates musicales me deleitan y encuentro gran placer en las personas que comparten esta misma obsesión, sobre todo cuando logran tener la mente abierta para probar y saborear diferentes cosas. Y creo que el tema no es algo que uno pueda llamar ridículo, sin sentido, pérdida de tiempo. La música ha estado presente en la historia por siglos y siglos y siglos, la ha recorrido hombro a hombro con el hombre, y con más razón aún, con nosotros, contigo, conmigo. No conozco a persona que diga “yo odio la música, no la soporto”. No lo sé, tal vez ustedes conozcan a alguien así, pero a mí me parece una idea bastante extraña por sí misma.

La vida sería tan seca, tan pesada si no tuviera ese eterno acompañante de dulces y embriagantes melodías. Viviría deprimida y sin inspiración. Mi creatividad se vería reducida al mero polvo de una débil imaginación. Incluso los sueños se convertirían en estáticas imágenes a blanco y negro. Estoy segura de que todos tenemos una canción (o muchas) que nos definen. Que cuando personas que nos conocen la escuchan dicen: “mira la canción de fulano o sutano”. Todos hemos sido presos de los recuerdos y la nostalgia cuando escuchamos esa canción. Por ejemplo, siempre que escucho “Michelle” de los Beatles, puedo recordar, como si fuera ayer, el estar tumbada panza abajo sobre la vieja alfombra que cubría el piso de la sala de mis padres cuando tenía 8 años y sentirme fascinada ante lo que escuchaba, y que cada vez que terminaba la canción, aplastaba el Rewind de la casetera y la volvía a escuchar, así hasta que podía yo cantarla de memoria, incluso los versos en francés. O cómo la primera vez que escuché el “Peace Train” de Cat Stevens, estaba en la camioneta de mi tía circulando por las Lomas en el DF, y sentí que la piel se me ponía chinita ante la letra de la canción y el sonido de la guitarra. O la primera vez que escuché “The Rat” de The Walkmen, sentí como todo lo que tenía embotellado muy dentro de mí, salía en una explosión de gritos y golpes sobre el volante de mi carro al ritmo de la batería y la guitarra, y que después de 5 veces de escucharla seguido, pude cantarla a ronca voz, sintiendo el poderoso y maravilloso efecto de la catarsis. En fin, podría continuar con la lista, pero creo que jamás terminaría; una vida entera podría contarse a través de canciones...

lunes, 19 de julio de 2010

Heaven's on Fire por The Radio Dept

Este es el segundo track de Clinging to a Scheme, la canción es "Heaven's on Fire" y podrán escuchar en ella el pequeño discurso del cual ya les había hablado. ¡Disfruten!

Un disco nuevo por The Radio Dept

"People see Rock & Roll as youth culture and when youth culture becomes monopolized by big business, what are the youth to do? Do you have any idea? I think we should destroy the bogus capitalist process that is destroying youth culture".

Una maravillosa idea, ¿quién no ha pensado en destruir el sistema capitalista que tanto daño ha hecho a la sociedad? También, me encanta la idea del monopolio sobre la música, lo creo altamente ridículo; aunque incontables cantidades de hombres trajeados han intentado poner un alto al ir y venir de la música "gratuita", el peer-to-peer network y todo ese mundo que vive bajo la filosofía del "amor es compartir", jamás lo lograrán. Poner límites a algo tan grande, tan universal como la música, es sencillamente estúpido y algo que jamás sucederá. Y no es por entrar al debate de si esto es o no robar al artista, yo creo que no, porque de una manera u otra, es promoción hacia su obra. Las disqueras y los llamados labels son los que roban, estafan y transan al artista, pero los fans, los amantes del arte, los seguidores, el público no... ese no.

Blah, blah, blah... dejando aquello de lado (que no es la razón por la cual me asomé por aquí, aunque es muy interesante el tema), hace un par de días me topé con el nombre The Radio Dept. Jamás había escuchado nada sobre ellos, ni leído nada sobre ellos y con el simple nombre me llené de curiosidad, así que busqué Clinging to a Scheme, su más reciente álbum, lo escuché y lo amé, como todos los discos que por aquí les comparto. Simplemente ese pequeño discurso sobre el monopolio a la música, la influencia del capitalismo en ella y la cultura del Rock siendo algo que siempre ha pertenecido a la juventud, bueno, en realidad a todos, pero algo con lo que la juventud se identifica, sólo con eso me enganchó. La teoría literaria tiene un término para definir ese enganchamiento... espero recordarlo.

The Radio Dept es un trío que ha suplido el bajo y la batería por el sintetizador. Es una banda que usa, reusa y renueva cierto sentimiento musical ochentero y lo matiza con ciertos tonos influenciados por Joy Division y lo que a mi parecer se siente un poco a The Jesus and Mary Chain en "Just Like Honey", sin esa densidad emocional que tan palpable se sentía en ambos casos. No, aquí todo es más ligero, introvertido, nostálgico (tal vez), romántico, hasta sentimental en veces. "This Time Around", tercer track del álbum, abre con un sonido de batería Lo-Fi que recordará a las baterías de Stephen Morris. Por otro lado, en "The Video Dept", aflora lo que a mi parecer es un eco de The Jesus and Mary Chain, aunque ese punto está abierto al debate, ya habrá alguien que me desmienta. Clinging to a Scheme me pareció un muy buen álbum de principio a fin, salvo por "David", una canción que me sacó del hilo musical que ya iba creando, el ritmo parece sacado de algún capítulo del Príncipe del Rap (¿alguien se acuerda del programa con el que Will Smith comenzó su carrera artística?). Fuera de "David", los 34 minutos que compartí con esta fabulosa banda sueca fueron maravillosos, llenos de oxígeno y recuerdo. Un muy buen álbum para las decadentes vacaciones veraniegas.

miércoles, 14 de julio de 2010

Metiendo la nariz por aquí...

¡Hola! Me he dado una vuelta por aquí, siendo que ya lo tenía un poco o un mucho abandonado. Eso del calor, las esporádicas lluvias, las buenas y las malas noticias, ayudan en gran parte a la sequía de ideas, opiniones y demás que seguidamente terminan en writer's-block. Esta semana he estado, y me veré en la posición de permanecer en completo y absoluto reposo por órdenes del médico, así que me dedicaré a escuchar muchos discos nuevos que he encontrado por ahí; cosas muy interesantes y raras como Cosmogramma, el nuevo álbum de Flying Lotus. Álbums absolutamente bellísimos como Renmin Park de Cowboy Junkies o el popero, feel-good por excelencia Jack Johnson con su nuevo To The Sea. Pero ninguno de ellos me gustó tanto como The Reluctant Graveyard por el cantautor Jeremy Messersmith.

De los 11 tracks que el álbum incluye, "John The Determinist" me dejó encantada. Una melodía lidereada por el sonido fuerte y vibrante del cello con un toque de melancólico violín y la increible voz de Messersmith. Es una canción densa, rebosante de imaginería, como bien debería ser la letra de una canción. Pero las joyas del álbum no se detienen aquí, siguen a través y a lo largo de 32 minutos de puro éxtasis musical, como en "A Girl, a Boy and a Graveyard", en donde se nos transporta a un cementerio, justamente como dice, con un chico y una chica, muertos, en un sentido completamente metafórico. ¿Qué hace uno en esta vida? Vivirla, todos morimos, pero no todos la vivimos... Underneath the concrete sky, Lucy puts her hand in mine, she says: "life's a game we're meant to lose, but stick by me and I will stick by you". Es una verdadera maravilla cuando uno se topa con este tipo de música o con este tipo de canciones que nos pegan de lleno en la cara y nos mueven y remueven las tripas y el corazón. Me gusta, me gusta como me hace sentir.

"Parece Simon & Garfunkel", me dijeron y es cierto. Es como si aquella poética marihuanesca del folk rock americano de hace ya algunos ayeres, encarnado en (obvio) Paul Simon y Art Garfunkel, haya recaído, cual fortuita herencia, sobre los hombros de un increíble talento como el de Jeremy Messersmith y en este The Reluctant Graveyard, se da vuelo con lo que puede hacer, tanto en la música como en la letra. Absolutamente refrescante para estos días calurosos en los que escasea tanto la sombra como la buena música.

Aquí abajo, la portada del álbum, que no sé ustedes, pero a mi me recuerda a los grabados de José Guadalupe Posada...

lunes, 5 de julio de 2010

Rushmore, Wes Anderson

Hace poco vi por primera vez Rushmore (Tres es multitud, 1998) del más que brillante director tejano Wes Anderson, su segundo largometraje precedido por Bottlerocket, la película que lo lanzó a la fama, gracias a James L. Brooks, quien tuvo la fortuna de descubrir el talento narrativo de Anderson y Owen Wilson (ambos eran compañeros de escuela y se dedicaban a realizar guiones y cortometrajes). Esa mancuerna funcionó nuevamente con Rushmore y con la cual tanto Anderson como Wilson obtuvieron notoriedad y respeto dentro de la industria cinematográfica, tanto por sus habilidades narrativas, como por la dirección o la actuación (esto en el caso de Wilson quien más tarde se consolidaría como actor). El director parece no haber sido afectado por la creciente y crónica falta de originalidad entre el séquito de directores, productores y escritores hollywoodenses que parecen sufrir de él, al contrario. Anderson, o si cariñosamente le quieren llamar Wes, como yo lo hago, es un creador en el amplio y profundo sentido de la palabra; un innovador, un visionario y un artista. Sus películas no se sienten como un conjunto de procedimientos técnicos, ya saben, mucha faramalla tecnológica para quitar la atención de una historia que nada ofrece.

Rushmore, es la historia de Max Fischer, un excéntrico muchacho que vive en una constante fantasía sobre él mismo, recreando la realidad que no acepta como suya, al ser el hijo de un pobre barbero. Tras ser acreedor de una beca, Max logra entrar a la muy prestigiada, y un tanto elitista, academia Rushmore, el más grande amor de Max, ya que representa todo aquello que él no es y quiere ser. Es, en verdad, una pasión para él y se desvive por el colegio, creando grupos y participando en una exagerada cantidad de actividades extracurriculares, lo cual termina por convertirlo en el peor estudiante que jamás haya entrado a la academia. Ahí es en donde conoce a Herman Blume, un rico y exitoso empresario que vive infeliz a causa de su familia con quien no encuentra relación alguna, fuera de la relación sanguínea, pero que en Max encuentra a su mejor amigo. Max conoce también a la Srita. Cross, una maestra de preescolar, inglesa, hermosa y viuda, y de quien se enamorará perdidamente. A su vez, ella se enamora de Blume y Blume de ella, creando un triángulo amoroso que terminará por cargar el resto de la trama hasta el clímax de la película.

Bill Murray interpreta a Herman Blume, papel con el cual dejó detrás, muy, muy detrás, su vida de cazafantasma y con el cual le demostró y le restregó a la crítica americana (y a la del mundo entero para esto) que él sí sabía actuar, que esa es su vocación y que es una chingonada en lo que hace. Demuestra qué tan multifacético puede ser y que se desarrolla tan bien en el drama como en la comedia, incluso mejor. Su actuación es perfecta y mantiene una muy buena dinámica con Jason Schwartzman, quien interpreta a Max Fischer, formando una especie de odd couple. Rushmore es la presentación de Schwartzman al cine. Puede ser un nombre no muy conocido, ya que se ha mantenido con pequeñas películas de arte o independientes, pero que en cada una de ellas es capaz de robar escena, como es el caso aquí. Tanto él como Murray, se han convertido en actores “fetiche” de Anderson, quien generalmente los invita a participar en sus películas, especialmente Murray quien ha aparecido en 5 de las 6 películas que el director guarda bajo su axila.

Las historias de Anderson son inconfundibles y siempre giran en torno a una misma carga temática, ya sea la familia, la amistad, la soledad, la redención, el cagarla y volverse a levantar, el perdón y el vivir la vida; trata cada uno de estos puntos con un laconismo que maravilla y extraña, que divierte y nos empuja a la contemplación. En este caso, un bien podría terminar odiando a Max por desear a la maestra Cross de una manera tan enfermiza, pero al final, uno se identifica con el sentimiento de soledad o confusión por el cual podría estar pasando. O también si tomamos al personaje de Blume, quien vive en un constante estado de depresión gracias a la bestialidad de hijos irrespetuosos que tiene o la esposa que parece odiarlo y ponerle el cuerno frente a su cara, y que de todos modos, logra encontrar todo lo que le faltaba en la amistad de Max o la mutua atracción entre la Srita. Cross y él. Cuando el personaje de Murray salta en escena, uno no sabe si reír o llorar ante la melancolía reflejada en su rostro.

Rushmore es una película que corre a un ritmo melódico, nada lento, nada torpe. El ojo de Anderson nos proporciona una poética visual rebosante de melancolía, con encuadres perfectos y ambientes musicales que hechizan; si bien se puede decir que Anderson es un director prodigioso, también se puede mencionar, o se debe de hacerlo, que él es un melómano hecho y derecho. Prueba de ello es la deleitable recopilación de canciones que va desde The Kinks, Cat Stevens y The Faces, hasta The Who y John Lennon, sin mencionar los temas de Mark Mothersbaugh que complementan a la perfección la narrativa de la película. En cada uno de los temas musicales, ya sean creación de Mothersbaugh o The Kinks, reflejan la extraña personalidad de cada personaje, con Max brillando por encima de todos. Es una maravilla poder explorar personajes o tramas a través de la música, John Lennon dice tanto con “Oh Yoko” en una escena como cualquier otra cosa. Así como “una imagen dice más de mil palabras”, a veces una canción puede decir más que una imagen… y en Rushmore abundan las imágenes, los detalles y las canciones. Con esta película, Wes Anderson se ha ganado uno de los peldaño más altos en mi lista de directores favoritos (y eso que ya estaba muy arriba).

viernes, 25 de junio de 2010

Insomnio y Perdidos en Tokio

Faltan 15 minutos para las 3 de la mañana, o como diría Bergman (ese es Ingmar), “la hora del lobo”. Pasé cerca de una hora cambiando obstinadamente los canales, pero ¿qué puede esperar uno de la tele abierta en la madrugada? En menos de una hora, intentaron venderme unos zapatos que, con tan sólo ponérmelos me hacen bajar de peso, una máquina que me ejercita todos (así es, todos) los músculos del cuerpo y un aparato que rebana o procesa cualquier tipo de alimento, con el cual puedo preparar comida para toda la familia Brady en menos de 10 minutos. Tuve que desistir de tan buena programación y mejor puse una película, una perfecta para la ocasión, hecha para los que como yo no pueden dormir… Perdidos en Tokio de Sofia Coppola, una de mis películas favoritas. Creo que la he visto unas, no sé, 100 veces. Para muchos, la segunda obra de la hija de Francis no es nada especial, incluso la encuentran aburrida, lenta y sin sentido alguno. Yo no. Yo la amo y la puedo ver y ver sin perderle interés. Tal vez sea porque los dos personajes principales sufren de insomnio como yo, por lo que puedo empatizar y simpatizar; o tal vez sea el aparente laconismo que se mantiene latente durante toda la película. Sea lo que sea, me gusta.

Charlotte y Bob son dos personas totalmente distintas, con vidas diferentes y de generaciones diferentes; después de conocerse, descubren que los une un vínculo de soledad y confusión, tanto de la vida como de la cultura en la que actualmente se encuentran. Charlotte, interpretada por la sobrevaluada Scarlett Johansson, es una mujer inteligente, casada y perdida en la vida, pues no sabe qué hacer con ella misma; la eterna indecisa. Bob, interpretado por Bill Murray, es un famoso actor atrapado en Tokio para filmar una serie de comerciales para un whiskey japonés. A pesar de la fama y la riqueza de la que goza, Bob parece estar infelizmente casado, tanto con una mujer que ha dejado de comprenderlo como con una carrera que parece ya no satisfacerle como antes. La historia es muy sencilla, tal vez demasiado sencilla, aunque con mucha profundidad; es la historia de dos almas gemelas, separadas por el tiempo y las circunstancias que logran encontrarse en el otro lado del mundo y que pronto deberán separarse de nuevo. Es una historia que permite, hasta motiva, la interpretación de uno, sobre todo durante el final, cuando Bob le susurra algo al oído a una Charlotte que se ha quebrado en llanto y asiente ante las palabras de Bob. ¿Qué le estará diciendo? El idealista, el soñador, pensará que lo que le dice es que ambos se volverán a ver cuando ella regrese de Tokio. El realista pensaría que él tan sólo se despide de ella y le aconseja vivir su vida. El estúpido no pensaría nada.

Perdidos en Tokio es una película que yo recomiendo para quienes no pueden dormir, pero asegúrense de tener cigarros disponibles porque les dará ganas de fumar y tal vez beber sake o whiskey, pero ya de tener una botella de sake, eso si no lo sé (Charlotte fuma mucho y Bob bebe mucho). A resumidas cuentas, esta una película agradable y que tan sólo por la actuación de Bill Murray vale la pena, pues se roba la película, no está de más decirlo. Gracias a prodigios como Jim Jarmusch y Wes Anderson, Murray ha logrado reivindicarse como uno de los mejores actores de su generación. Sus papeles dramáticos son tan buenos, incluso mejores, que aquellos que llegó a desempeñar en la comedia.

Ya son cerca de las 4 de la mañana, la película está por terminar y creo que ya no dormiré, pero les deseo dulces sueños a todos. Bon nuit.

domingo, 20 de junio de 2010

Domingo...

Primero que nada, un saludo a todos los Papás que en su día están "surfeando" la web y que casualmente cayeron en mi blog, qué honor. Segundo, espero ya pronto actualizar este ciber santuario con varias cosas, desde música hasta fútbol... así es, fútbol. Incluso a mi me pegó la euforia del balón-pie.

Por lo pronto, un saludo.

jueves, 3 de junio de 2010

Nomás por escribir...

Son las nueve de la noche, me duele la cabeza, el ambiente sofoca la totalidad de los poros del cuerpo y no puedo siquiera disfrutar de un maldito cigarro sin sentir cómo los pulmones claman por oxígeno. Creo que dejaré el cigarro… algún día. Por lo pronto, aguantaré las ganas de jugar con el humo. Me preparé una taza de café hace algo más de 30 minutos, pero creo que el habérmelo tomado tan sólo propició que el dolor de cabeza incrementara y para sumarle a todo ello, que los ojos se sintieran hinchados, pesados y resecos, justo hoy, cuando deseaba dormir tarde y leer. Leer y escribir. Escribir y escuchar música. Insomnio inducido, insomnio deseado, insomnio sin culpa ni consecuencias. En fin, ganas unas, pierdes otras.

Sin suceso interesante qué comentar, este día lo he dedicado a terminar un libro que hace ya casi dos años adquirí en un Sanborns, y no, aún no lo termino, pero ya estoy cerca, muy cerca. Tan sólo he tomado un pequeño receso de la lectura para agarrar aire, estirar los dedos, descansar los ojos sin recurrir al sueño, pero divago. El delicioso libro que estoy por terminar es Crónica del pájaro que da cuerda al mundo del escritor japonés Haruki Murakami. Un libro imponente a primera vista, y a segunda, y a tercera, pero muy bueno. El autor recurre a un lenguaje muy sencillo y fluido. No podría encasillarlo dentro de algún género en específico, algo tiene de romance, algo de intriga, erotismo, historia, drama, tal vez pueda tener tintes de metafísico, aunque estoy casi segura de que ese no es el término exacto para definirlo; no sé. Este libro parece tenerlo todo y uno se da cuenta de ello cuando toma el enorme volumen entre las manos (el lomo es del tamaño de la palma de la mano, si se midiese con una palma de tamaño promedio). El libro lo comencé en diciembre del 2008 y la razón por la que lo voy terminando hasta ahora es porque muchas otras cosas se me han atravesado enfrente, como Poniatowska, Diderot, Molière, Payno, Quevedo, Hitchcock, Bradbury, Orwell, K. Dick, y muchas otras cosas más. Me distraigo con facilidad. Sin embargo, cuando regreso a la lectura, es fácil recordar todo lo que ha sucedido y lo que ha conducido al señor Okada a donde está. Y bueno, estoy a escasas 90-y-tantas páginas para terminar, así que si este dolor de cabeza da tregua, esta noche estaré terminando un libro más, para romper con esa estadística que dice que el mexicano lee en promedio un libro y medio al año… ¿o son dos? Los que sean, yo no seré parte de esa estadística y lo digo con muchísimo orgullo.

El siguiente libro que lea será nuevamente una novela de Murakami, Tokyo Blues (Norwegian Wood), novela, que por cierto, ya la han convertido en película, la cual saldrá a la luz a finales de este año o inicios del siguiente y que será musicalizada por el mismísimo Johny Greenwood, guitarrista de la superbanda Radiohead y compositor de la muy aclamada There Will Be Blood de Paul Thomas Anderson… divago. No sé si lo han leído, estoy pensando que, en caso de que no lo hayan leído, lo puedan conseguir por ahí, lo lean y me digan qué pensaron de la novela; nunca lo he intentado, pero sería interesante ver qué pasa y ver a cuántos les interesa. Probablemente lo inicie mañana y me fijaré la meta de terminarlo en dos semanas, tal vez una, creo que es una novela corta, al menos muchísimo más corta que la que actualmente estoy terminando. Pero bueno, ya les platicaré ambas.

Por lo pronto, una hora más tarde doy por concluida esta entrada, sin cambio alguno en cuanto a dolores de cabeza, al menos los ojos ya no pesan. Me despido con “These Days” de Nico: “I’ve been out walking, I don’t do too much talking these days. These days I seem to think a lot about the things that I forgot to do, and other times I had the chance to. I stop my rambling, I don’t do too much gambling these days. These days I seem to think about how other changes came about my ways, and I wonder if I ever see another highway”.

miércoles, 2 de junio de 2010

Una canción sobre momias, arqueólogas y amor a primera vista.

So Runs the World Away es el nuevo álbum del cantautor (o canta-autor) Josh Ritter y a penas lo voy escuchando; la primera canción, que no es canción es un intro, dura 56 segundos y como que pinta ligeramente el ambiente de lo que será el disco en su totalidad. Les puedo decir, en esto de las primeras impresiones, que parece estar muy dramático, lo cual me tiene emocionada. Por lo pronto, quiero mostrarles el video del primer sencillo "The Curse", el cual es ridículo, enternecedor, bello y triste, al igual que la canción.


jueves, 27 de mayo de 2010

Humedad, unicornios y Vangelis

Son las 10 con 10, está oscuro y huele a lluvia. Me he tomado un pequeño receso de la tarea para ponerme un suéter, pues aquí, en donde pega de frente el aire acondicionado, hace frío. Quizá deba apagarlo, aunque entonces me vería inmersa en el peor de los bochornos… la humedad del ambiente se filtra por las ventanas y las paredes, haciendo de este pequeño espacio algo insoportable. Pero como he dicho, está oscuro, huele a lluvia y para humedecer aún más el ambiente, escucho con todo el volumen que mi computadora puede producir, los mágicos sonidos creados por Vangelis. La banda sonora de Blade Runner me ayuda a sumergirme dentro de un mundo tan poéticamente bizarro, colorido, y curiosamente, opaco a la vez. Me dan ganas de fumar mientras imagino unicornios corriendo por un bosque y monstruosas pirámides entre columnas de fuego y lluvia. Esa música que viene de ninguna parte me tiene en un estado de completa hipnosis, cual consola de estímulo cerebral artificial de Penfield; verdaderamente son sirenas que llaman, no a la muerte, sino a todo lo contrario. Nunca me había sentado a escuchar la banda sonora de principio a fin, y es que, a pesar de esa plasticidad casi palpable de las notas, cada track respira vida. Supongo que debo dejar de lado semejantes cosas para no ser tachada de rarilla. Mejor regreso a lo que debería de estar haciendo en vez de esto… la tarea. ¿Ya ven? No me inciten a hablar de ciertos temas, me emociono y luego no hay quien me pare.