Mostrando entradas con la etiqueta nada. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta nada. Mostrar todas las entradas

lunes, 24 de marzo de 2014

... y les digo adiós.

Mis queridos lectores, si es que los tengo y puedo llamar así, aún a pesar de mi constante silencio, regreso para anunciar el fin... el fin de un blog y el inicio del otro. ¿Por qué? Pues porque necesito cambiar de piel... ya mejor dejar los pellejos y comenzar con nuevas escamas. Buscar nuevos pantanos, nuevas letras, nueva música y cambiar un poco los tonos de las palabras y más aún, las ideas. Pero es un especie de hasta luego, porque realmente no me voy, no me puedo ir, no puedo escapar... Once you go blog, you never go back.

He aquí mi nuevo hogar, un cuerpo de espejismos aquíferoacuático repleto de palmeras plastificadas y bellas dunas para rascar la pansa y descansar la espalda.Honrada y feliz me sentiré de saber que sus hermosos ojos voyeuristas me visitan de vez en cuando. Los dejo con Muddy Waters et al y les deseo un feliz día de la luna.


"Bye Bye Baby Goodbye"
1966 Festival The Blues
Muddy Waters, James Cotton, Sonny Terry, Brownie McGhee
Mable Hillary, Sunnyland Slim, Otis Spann, Willie Dixon

miércoles, 5 de febrero de 2014

jueves, 21 de noviembre de 2013

me perdí

Solía escribir en mi cuaderno con lápiz. Un cuaderno pequeño, pesado, rústico; de hojas color beige, que ahora han logrado difuminar el grafito impreso datado desde hace dos años. ¿Ahora cómo recobraré esa parte de mí que procuré cuidar del tiempo? Se me rompe el corazón: he perdido a la yo de esos días; se quedó por ahí, mezclada entre fibra y carbón, impresa en una falsa red que, como todo, va muriendo con el tiempo, con el uso, con la fricción.

martes, 22 de octubre de 2013

Ejercicio #8: sobre flâneur, slpeens y cosmogonía Beatle-ezca

(en ti, sin mí)

Te veo por la calle, Henry
bailas, como caballo, valses con el polvo.
Te miran, te miro, tú bailas (un-dos-tres-un-dos-tres).
Tu chaqueta, tu bolsillo, un cigarro, un cerillo
inhalas, humo... como café en la boca.
         ¡Ahí va el camión!
         No vio cambiar el rojo.
La gente se agolpa a ver tu cabeza
estrellándose contra el reloj.
Inhalas, humo... (un-dos-tres-un-dos-tres).
Te veo, Henry, con hoyos en la mente.
Te vas, escupes,
no ven, no saben y tú con ellos
entre muros de aire
(bye bye).


 
Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band (1967)
The Beatles

viernes, 16 de agosto de 2013

Confesiones de una vieja universitaria.

"Estaba golpeando la máquina, un poco hambriento, un poco enfermo por el café y el tabaco, entregado con familiar felicidad a la marcha de la frase y a la aparición dócil de las palabras." Con respecto a esto, pienso que Onetti se regodea un poco, o mucho… incluso demasiado, en el hecho de que las palabras aparecen formadas a la orden de “ya”. Truena los dedos y aparecen. Quizá sí, quizá no, yo no sé nada sobre el asunto, a decir verdad; simplemente leía “El infierno tan temido” y de inicio leí aquella oración, y me sentí amenazada, burlada, como un infante recipiente del apunte de dedo burlón de un grupo numeroso de bullies. Sí, todos estos autores son bullies para mortales comunes y corrientes que aspiramos y soñamos estos sueños guajiros de transformarnos a través de las letras y las ideas. Nos deshacemos de placer ante el sonido de las palabras, las imágenes que forman y la posibilidad de trascendencia, de infinito que conllevan, pero cuando con toda humildad y gravedad necesitamos de ellas, se comportan como unas verdaderas perras –te doy esa Paz, aunque me caigas mal-. A pesar de todo ello, mejor ni hablo, mejor no me quejo. La verdad es que amo el sufrimiento que me provoca la ignorancia, más aún el penoso sentimiento de complacencia ante el (tarde) descubrimiento del inexistente hilo negro, es decir, el llegar idiota y enajenada al encuentro de voces que media humanidad descubrió antes que yo. Valga tanta confesión, padrecito, pero en mis decadentes días como vieja universitaria, esta retardada epifanía hubiera sido tan fructífera a la ingenua yo de hace cinco, diez años. Pero sin arrepentimientos. Más vale tarde que tarada. Y todo esto ha llegado a ser lo que es por culpa de Onetti; por culpa de unos cuentos que he tenido que leer como deberes escolarinos, escolásticos, eruditorios, erudísticos o cosas así muy rimbombantes que suenan a inteligencia. Ya mejor aquí le paro, porque comienzo a pecar de astuta.

sábado, 23 de marzo de 2013

Perdiendo el tiempo aquí mientras Rain Dogs transcurre en mis oídos...

No writing tonight.

Todo es culpa de Tom Waits por haber creado Rain Dogs y adecuar entre el repertorio "Gun Street Girl", la cual escucho repetidamente sin pausa. ¿La han escuchado al cerrar los ojos, al apagar las luces, al hundirse en las sábanas tan frescas, con los pies descalzos? Aventar humo entre los labios con el universo en tus oídos... es sólo una canción, son varias y yo pierdo el tiempo aquí escribiendo...

Adiós.


viernes, 22 de febrero de 2013

Sin título (Ejercicio #7)

Jamás solitaria, pero siempre sola. Encerrar lo que somos en la mente para nuestro propio deleite. Somos la mejor versión de nosotros mismos, pero sólo para estar con nuestra propia compañía. Nos gustamos a nosotros mismos y alabamos con piropos nuestra originalidad. Somos la bohemia solitaria. Somos la individualidad versificada en los poetas que aparentamos ser e incluso, a veces, en verdad llegamos a ser. Aun en la colectividad y en la diversificación del discurso, discutimos con nuestra conciencia, tomamos y criticamos las palabras ajenas para hacer valer nuestra superioridad. Entonces la verborrea se contiene en un ser, vertiéndose en sobre su origen con el recuerdo de cosas que otros dijeron antes que nosotros, como cuando Monsiváis decía que "de los valores y las costumbres imperantes sólo hay que retener la autocomplacencia o el deslumbramiento ante la propia audacia". Somos un ente que por mucho sobrepasa la otredad: esos seres que deambulan aparentando ser, pero no existen por sí mismos. Repiten lo dicho y degustan lo escuchado y aconsejado como si fuera descubrimiento, o peor, creación propia. Somos la mejor versión del todo porque lo que consumimos, leemos, escuchamos, observamos, tragamos e inhalamos es diferente, es único, como nosotros. Existe por sí mismo y nos define. Salmones contra la corriente. No pertenecemos al lugar al que todos se dirigen. Nuestro devenir se excusa de convencionalismos hasta el punto de caricaturizarse y pronto nos convertimos en una convención más venida a menos. Entonces, sólo entonces, la realidad nos golpea, nos ultraja, nos llaga la piel y corroe las entrañas. Y esa versión tan hermosa de uno mismo que con tanto celo y recelo custodiábamos como dragón a su tesoro, es despojada del santuario, profanado, quemado, desaparecido. Quedamos desnudos, estigmatizados y a expensas de la corriente. No hay nada que habite las carnes; ni ideas, ni opiniones, ni versos, ni canciones. Seres famélicos que buscan el sustento en las obviedades de la noche. Seres desempolvando pedestales para los nuevos ídolos que han de llegar revestidos de serpentinas y brillantitos. Aquellos a quienes ignorábamos en nuestro desentendimiento, se presentan erguidos, enajenados en ese locked-in-syndrome aprendido de uno y tomado como filosofía, aquella en la cual "yo soy la mejor versión del yo", y vemos entonces, con subjetivo horror, la gran tragedia del destino del yo, del tú, del ellos.

Escrito con la letra más pequeña que se puedan imaginar en un tríptico sobre los beneficios del café Starbucks, durante un estado de enajenamiento, fumando y sintiendo el quebrar de los huesos a causa del frío. Transcrito mientras disfruto el calor de las colchas sobre mi cama, deseando un cigarro, mientras siento el quebrar de los huesos a causa del frío.

sábado, 13 de octubre de 2012

No me hagan caso...

Escribo, escribo, escribo, escribo, escribo, escribo...
y, ¿qué digo?

Nada, nada, nada, nada, nada, nada...

y pienso, pienso, pienso, pienso, pienso, pienso...
en puras pendejadas.


Mi única esperanza es que si tantas pendejadas existen, rigen, gobiernan, rifan y controlan en el mundo, las mías no pueden estar tan alejadas de la realidad y de la ficción. Porque la realidad es ficción y la ficción realidad... es el mundo sin límites.


 

viernes, 29 de junio de 2012

Cerveza, Miles Davis y la lluvia que no cae

Bebo cerveza. Tengo calor. Y porque tengo calor, bebo cerveza. La acabo de sacar del congelador. La he sacado justo en ese punto en el que la botella comienza a escarcharse. Está tan fría, tan deliciosa, tan sabrosa, y suda, moja mis dedos, mi mano cuando la agarro para darle un sorbo, ha humedecido los posavasos, suda como yo. No quiero que se acabe. Al menos que dure el The Complete Birth Of The Cool de Miles Davis... Momentos como este me hacen desear, más que de costumbre, tener un jardín. Aquí adentro de la casa, entre tantos muros blancos -el blanco me deprime, odio el blanco-, entre el calor acumulado durante el día que encierran estos tediosos muros blancos, entro en un choque de ambiente con la música y lo que saboreo lentamente en mi boca. Sigo el compás de la pila con un cigarro que sostengo en la mano, cuando no escribo, obviamente; me doy el lujo de escuchar a todo volumen con los audífonos puestos. Quizá me salga a mi plancha de cemento a ver cómo no llueve para poder fumarme este cigarro que me pide a gritos que también lo saboree. Pero esta cerveza se me termina y ahora el sudor de la botella se han convertido en lágrimas, pues se acaba. Se acaba y mejor escucho Kind Of Blue y "All Blues" me lleva a una ciudad muy lejos de aquí en donde sí llueve; llueve y la gente sale a las calles, llena los bares, los restaurantes, los cafés, y ahí dentro de ellos, todos fuman, y beben, y ríen, y escuchan a Miles Davis también. Ah, quien se queje de los momentos de ocio y los ociosos... mejor que beban, que fumen, que rían y que escuchen a Miles Davis para ser feliz.



martes, 12 de junio de 2012

............ ¿y esto?

Odio 
       
        el sonido de mi voz 

                                         cuando leo lo que escribo. La voz 

        de mis escritos no me resulta 

        nada placentera. 

¿Será esto causa 
                            
        suficiente 

                         para 

                                  prestarle una visita 

                                                                    al pisicólogo?

lunes, 21 de mayo de 2012

Sin internet.

Porfavor no me olviden. Regresaré ya muy pronto con música nueva, películas y las sandeces de todos los días. En cuanto restauren mi internet ... volveré.

viernes, 6 de abril de 2012

Fumando, bebiendo y escribiendo, monólogos narrados en tercera persona

... el silencio; el silencio mezclado con el único y glorioso sonido del cigarro al jalar ese veneno por la colilla; el sonido del papel quemándose; la pequeña brasa que brilla entre la oscuridad, mientras recibía el calor de la taza de café sobre las cadavéricas manos. Placer. Eso era todo. El placer de escucharse fumando y tomando; el placer de escucharse hablando monólogos tan aburridos que en cualquier otra ocasión la harían avergonzarse de semejantes banalidades, como el hecho de reflexionar sobre el placentero sonido del cigarro y la calidez de una taza de café. Durante cinco o seis minutos la vida era perfecta. En ella no había cabida para la maldad, ni el odio, ni las envidias, ni las carencias... era sólo una persona, sólo un ser en todo el mundo. Pero al término del cigarro, al final del café, al perecer esos escasos minutos, llegó la soledad de fumar sola, de beber sola y de hablar solamente consigo misma. Sus monólogos la avergonzaron una vez más y todo aquello que desapareció en ese momento, llegó galopando con tremenda violencia, golpeando todos sus sentidos. Adiós al placer y al engañoso estado de paz, de éxtasis. En cuestión de segundos todo se convirtió en una farsa; el fraude de la fantasía era la realidad que respiraba cada poro de esa reseca piel. Ese perfecto estado vital había quedado aplastado en el piso con la colilla del cigarro; con las negras cenizas y las torpes gotas de café derramadas entre las manchas de aceite del polvoriento piso de concreto. Parecía que la vida entera había quedado ahí, embarrada en el piso; la vida que inicia con el fuego pasional y termina hecha cenizas en el frío de la noche. "Qué gran paradoja" pensó, "esto de las similitudes entre la vida y los vicios".


jueves, 22 de marzo de 2012

Sobre poesía (Ejercicio #4)

Si tan sólo fuera poeta, para no batallar tanto al escribir. Me terminé una rebanada de pastel, me tomé una taza de café, de sorbo en sorbo, para que durara mientras escribía esta entrada en mi bitácora espacial; sin embargo, en el intento de forzar las palabras, caí presa de distractores y distracciones, me permití vagar y el café terminó por enfriarse. Ahora, sin café y sin pastel, me apoyo en Dylan y "The Man In Me", canción que escucho en este preciso momento.

Decía Aristóteles que el hombre es el ser de la palabra, pero ahorita la palabra no está en este ser. Es difícil escribir cuando no llegan en el momento en el cual las convocamos y me pregunto cuál es el secreto. ¿Cómo le hacía Bob? Bob, contesta. Aunque sé que Bob está demasiado ocupado para contestarme... y a estas alturas del juego, no creo ya que pueda contestarme. Pero Bob no es el tema de esta entrada, sino la poesía. El día de ayer, día que terminó hace escasos minutos, se celebró al poeta, a la poesía. Una celebración que no debería de ser poca cosa. No soy una experta en el tema, incluso mi amor por la poesía ha llegado ya muy tarde en mi vida; de pequeña, de adolescente y de young-adult, jamás mostré interés o pasión por ella. Mis tristes y patéticos intentos por escribirla fueron escasos. Crecí con la errónea idea de que toda la poesía hablaba de amor, de cursilerías, de vidas de color de rosa y ese tipo de imágenes me provocaban náusea. Pero he aquí que entré a mis 20-quiúbole a estudiar Literatura y me aturraron poesía por cada poro de la piel. Me negaba a dejarla entrar, me negaba a admitir su coquetería... todo eran reglas y más reglas y teoría y figuras retóricas y metáforas y no entendía. Me perdía en ese mundo... hasta que algún maestro nos llegó a decir que debíamos pensar en imágenes y no pensar las palabras; derrepente entendí todo lo que Saussure llevaba semestres enseñándome, y aunque no quise admitirlo en un principio, me enamoré. Poetas como Quevedo, Reyes, de Ory, Baudelaire, Bretón, Huidobro, Leduc, Nandino, etc., etc., etc., me hablaron de cosas que jamás imaginé; mis ojos se abrieron a la par de que yo me abrí ante ellos. Jamás había pasado ante semejante escrutinio; me vi a través de los ojos de alguien más, algunos otros más y fue una de esas experiencias que cambian y marcan y jamás se olvidan.

La verdad es que sigo sin ser experta en el tema; soy malísima para recordar bien la teoría y me toma tiempo desentrañar poemas. La retórica sigue siendo muy retórica para mi gusto y ya de métrica ni qué decir. Pero, a final de cuentas, a quién le importa. La vida no puede medirse o seguirse según lineamientos, reglas, teorías, maneras, ni limitaciones y mucho menos la palabra... la palabra convertida en hombre, y a final de cuentas, el hombre. Dice Steiner que el canto del poeta "edifica ciudades, sus palabras tienen ese poder que, por encima de todos los demás, los dioses querrían negarle al hombre, el poder de conferir una vida duradera [...] El poeta es hacedor de nuevos dioses y perpetuador de hombres." No hay limitaciones para la creación, quizá la muerte y aun así, en muchos casos, se puede ver cómo hay quienes, a través de la palabra, permanecen vivos incluso siglos después de haber muerto, digo Reyes parece tener un muy buen entendimiento del tema (Esta frescura de saber/ que también nos vamos de aquí,/ ¡qué novedad en la conciencia,/ qué persuasión blanda y sutil!) y lo sigue compartiendo años después de haber dejado este mundo. Quizá la poesía es, verdaderamente, la manera de vivir eternamente.

Y bueno, sigo escribiendo y lo único que deseo es leer poesía y dormir. Será dormir y leer poesía en esta ocasión, mientras, les dejo uno de mis poemas favoritos por Carlos Edmundo de Ory: 

He vuelto ahora sin saber por qué
a estar triste más triste que un tintero
Triste no soy o si lo soy no sé
la maldita razón porque no quiero

He vuelto ahora sin saber por qué
a estar triste en las calles de mi raza
He vuelto a estar más triste que un quinqué
más triste que una taza

Estoy sentado ahora en un café
y mi alma late late
de sed de no sé qué
tal vez de chocolate

No quiero esta tristeza medular
que nos da un golpe traidor en una tarde
Pide cerveza y basta de pensar
El cerebro está oscuro cuando arde.

"En un café"

jueves, 8 de marzo de 2012

Bloqueo

Disculpen, tengo el mentado writer's block... ¿por qué, por qué?No sé por qué, ni cómo combatirlo. Me dedico a realizar ejercicios en los cuales escribo por 10/15 minutos sin parar cualquier cosa que se me vaya ocurriendo, un ejercicio el cual supone remover y recoger ideas, tras las cuales, al ser plasmadas sobre papel, algo bueno podrá salir. Pero de diez en diez me he comido una hora de verdaderas estupideces; tanto que me apenan, me confunden, me desquician la psique. Vómito verbal del "decir por decir" sin meditación, ni reflexión. Palabras y frases superficiales y banas sobre temas perecederos dentro de una corta ventana de tiempo. Ideas que mueren sin haber tenido vida desde un principio. Opiniones sin fundamento. Chistes que no provocan risa. Versos que no remueven conciencias. Verbos sin acciones y acciones dejadas por muertas. Depresivo estado mental, sensorial, creativo, imaginativo, lo que sea que sea, sin píldoras o bebida alcohólica que le haga pelea. Dicho estado me provoca temor; el temor de la realización, de descubrir el verdadero "yo" de mi yo, y ver que no soy y jamás fui la que creí ser. Que las palabras que antes fueron, realmente nunca fueron mías, sino fueron arrebato del delirio; esta elevación de la cual hablaba Platón, o Aristóteles, o Jim Morrison. Escucho música para encontrar algo sobre qué hablar, pero los sonidos se mezclan con violencia y me llegan envueltos en uno y la desesperación, o la frustración, o una combinación de ambos, me hacen, me obligan a desistir. Sonidos por aquí y el televisor encendido con imágenes que no veo. Imágenes vacías que sólo sirven para iluminar una oscura habitación. 
...
...
...
No me atrevo teclear palabras más, palabras menos, por miedo a blasfemar. Lo mejor será, al menos por el momento, hundirme entre las cobijas, protegerme del frío y provocarme sueños musicalizados por lo que sea que el shuffle me quiera escoger... abro y pico play, y ahora deseo sea algo bueno, como si un programa supiera lo que mi "yo", el "yo" perdido, el "yo" que esta noche se ha quedado sin palabras, quiere escuchar... Play.

'Temazcal' por Monsters of Folk

Si les hice perder el tiempo leyendo mis frustraciones, lo siento.

jueves, 1 de marzo de 2012

11:07pm-11:46pm (o Ejercicio #3)

Una de las bellezas de la noche es que, cuando no estoy muerta de sueño y de cansancio, físico y mental, pero sobre todo, me corren por las venas la cafeína y la nicotina consumidas un par de horas atrás, puedo dedicarme un poco de ocio apapachador, ese en donde los audífonos son una herramienta escencial para la edificación de un microcosmos, una burbuja, un espacio personal, un como-lo-quieran-llamar, en donde habitamos tan sólo mi mente, mi música y yo; mi lugar feliz, mi lugar especial, en donde las voces que permanecen silenciadas durante el día pueden manifestarse en un completo libertinaje. Hablan todas al mismo tiempo, excitadas, confundidas  por la cafeína y por el sopor de las alucinaciones emancipadas de la jaula de la discreción y el decoro, incitadas por aquel par de cigarrillos que me permití disfrutar entre el fresco viento de marzo que sopla los avisos de una próxima primavera sin dejar los ecos del invierno. Así que, mientras en mi habitat de sonidos y sensaciones, en donde un David Byrne canta "Psycho Killer" cual canción de cuna a mi oído, estiro estos dedos que ya sentían el engarrotamiento del devenir del tiempo por haberse visto privados de la escritura, de mí querida escritura non-sense. Estas palpables visiones/sensaciones, no sé cuánto duren, con cuánto tiempo me agracien mi existencia nocturna antes de que el sueño, inevitablemente, termine ganando nuevamente la batalla. Se aventaja provocándome un ligero dolor de sienes; pulsaciones que inflan a ritmo las venas, erizando la piel, expulsando sudor frío por los poros y obligando a que los bostezos me provoquen amnesia temporal... temporal para que todo lo que en el momento necesitara salir, quede nuevamente atrapado en esa jaula de decoro y discreción... la jaula.. temida y odiosa jaula... Bostezo. Olvido. Y nuevamente, se rompe el hilo que parecía, ahora sí, tejer algo interesante.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Saltando de cuatro en cuatro

En 57 minutos, febrero habrá acabado y no volveremos a ver este día hasta dentro de cuatro años. Quisiera ser de esos que celebran su cumpleaños el día 29, así un año me duraría realmente cuatro. En fin. La verdad es que no tenía nada, absolutamente nada interesante que escribir, tan sólo pensé importante el hecho de crear una entrada en el día que sólo aparece cada cuatro años. Ahora me iré a dormir, ya mañana lidiaré con el hecho de haber desperdiciado esta noche al no haber escrito algo de provecho y de placer. Los leo en marzo.

viernes, 24 de febrero de 2012

Ejercicio #2

"Cuéntame, Musa, la historia del hombre de muchos senderos...". 

Musa,
¿quién eres, en verdad?
¿en dónde estás?

No estabas en el café,
no estabas en el cigarro,
      no estabas en el humo
no estás en la música,
no estás en el cuerpo desnudo,
no estás en la oscuridad,
      ni en la luz, ni en el punto medio de ambos

Musa, 
¿de quién rayos está hablando Homero?
y, ¿por qué carajos estoy citando la Odisea?
Tan seca tengo la cabeza,
por semejante cantidad de café en la sangre,
      y cafeína, y cansancio, y hambre, y frío...
Y para quien siga pensando que esto es un poema,
yo no escribo poemas,
no creo en la poesía cuando es confesión,
y las rimas le dan un tono a mi voz interna que
      es verdaderamente enfadosa.

Musa,
si eres delirio, me entrego total y cabal,
sin peros, ni pedos, ni riña, ni grilla.
Tomaste forma de cama
cuadrada, acolchonada,
envíame a soñar, porque por los mil carajos,
ya empecé a rimar.


(No sé... no hagan caso. El sueño me hace escribir las cosas más tontas, por no decir pendejas. Perdón, ya no diré groserías. Me ire a dormir).





viernes, 17 de febrero de 2012

Ya mero...

Mis hermanos ciberblogeros, no desesperen... regresaré con más sarta de sandeces, estupideces, música, cine y mucho nonsense. Por el momento, se me ha privado mi libertad de uso de internet. Pero regresaré... ya voy juntando notas en mi pequeño cuaderno. Así es, yo aun escribo a mano, me gasto plumas, uso lápices y doy vuelta a las hojas de mi libreta -un completo placer, lo recomiendo. Abrazos cibernáuticos a todos ustedes, nos leeremos pronto, muy pronto.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Ejercicio #1

Odio que me gane el sueño, el cansancio y la flojera de pensar, pero es que las voces de mi cabeza no dan una. Hablan todas al mismo tiempo y entre sandeces y estupideces no ubico a la que me ilumine el buen camino de la razón; aunque a esta hora y después de tanto, la razón ya no tiene relevancia alguna. Los surrealistas solían inducirse el delirio en busca de inspiración, al privarse del sueño por días; debo admitir que la idea me resultó tentadora, muy tentadora, pero a la hora de la hora, en el momento justo que veo la línea entre el sueño y la vigilia, mi temple vacila y lo cobarde me aflora. Llegando el momento, es mayor el amor profesado al sueño que a cualquier prodigiosa epifanía que con la privación de este pueda ocurrir... más aun cuando debo agradecer el hecho de que mi bebé de casi cuatro meses ha aprendido a dormir toda la noche. Esas dulces horas de sueño son tan tentadoras como para dejarlas pasar. Por otro lado, la sobre producción de ideas y el embotellamiento de palabras, al no tener salida, me causan dolor. Dolor transformado en frustración, frustración transformada en enojo, enojo transformado en jaqueca, jaqueca transformada en mal genio. No hay peor sensación que aquella causada por el enclaustro de las ideas en reproducción y evolución. Sin embargo, entre los laureles de dicha victoria onírica me rindo y profeso lealtad a Morfeo, en espera de un diluvio de imágenes que me ahoguen sin tregua, hasta que me vea privada del mundo de las ideas por los sollozos de un niño hambriento. Hasta mañana, en espera del descorche de esas palabras bien añejadas.