Recurrí mucho a este álbum durante el año a partir de que lo escuché; es un álbum que funciona como entero o por canciones mezcladas en un listado aleatorio. Lo primero que salta al oído es el dinamismo con el que se desenvuelve, como si fuera un personaje en alguna novela. El disco es una reivindicación al rock y a su poesía, como ejemplo de ello es el speech insertado en el intro de “Heaven’s On Fire”, extracto de una declaración por parte del vocalista de Sonic Youth, condenando el capitalismo y lo que este ha hecho para la música. El álbum es un recordatorio de la riqueza del rock y el pop, aquel propuesto por bandas como Joy Division, The Smiths o Jesus and Mary Chain. Clinging To a Scheme tiene todos los tintes, tonos y ambientes de la escena musical británica ochentera; es un álbum no sólo para escuchar, sino para asimilar y contemplar.
Nomás porque sí: porque fanfarronerías sonoras provenientes de trompetas doradas llenan el archivero de mi cabeza. Porque los bloques contra la inspiración aturden. Porque no hay más que hacer más que aventar los escupitajos de letras hacia el camino. Porque duelen las llagas de los dedos de tanto escribir. Porque hay que escribir. Porque si no escribo, moriré.
lunes, 20 de diciembre de 2010
Lo mejor... The Radio Dept., Clinging to a Scheme
Recurrí mucho a este álbum durante el año a partir de que lo escuché; es un álbum que funciona como entero o por canciones mezcladas en un listado aleatorio. Lo primero que salta al oído es el dinamismo con el que se desenvuelve, como si fuera un personaje en alguna novela. El disco es una reivindicación al rock y a su poesía, como ejemplo de ello es el speech insertado en el intro de “Heaven’s On Fire”, extracto de una declaración por parte del vocalista de Sonic Youth, condenando el capitalismo y lo que este ha hecho para la música. El álbum es un recordatorio de la riqueza del rock y el pop, aquel propuesto por bandas como Joy Division, The Smiths o Jesus and Mary Chain. Clinging To a Scheme tiene todos los tintes, tonos y ambientes de la escena musical británica ochentera; es un álbum no sólo para escuchar, sino para asimilar y contemplar.
Lo mejor... LCD Soundsystem, This Is Happening
Creo que cuando obtuve el álbum, se quedó ahí sentado nomás, virtualmente empolvándose durante un mes. Si me percataba que ya le tocaba el turno a LCD en la lista, le adelantaba a una banda diferente, a otro disco, etc. Realmente no tenía ganas siquiera de escuchar una canción. Admito que lo último que escuché de este proyecto fue “Daft Punk Is Playing at My House” y no pensé gran cosa de ello, así que el prejuicio se quedó. Hasta que por fin llegó el día en que le di oportunidad y caí en cuenta de mi muy grave error. Para empezar, cuando vi que tenían una canción titulada “Drunk Girls” lo catalogué como un álbum para fiestas y pedas, banal y ridículo. Para seguirle, lo creí otro plástico álbum de música electrónica más en el mundo, hasta que escuché “Home”, la canción con la cual cierra el disco; una canción para disfrutar el momento, el ahorita; una canción para olvidar lo pasado y dejar de buscarlo. Cuando la escuché dije “vaya” y terminé por devorarme el disco entero; disco de pocas canciones pero muy largas. This is Happening coquetea con una cantidad de ritmos y estilos que terminan por enriquecerlo y sacarlo del encasillamiento de “música para fiesta y se acabó”. Este fue un álbum que terminé disfrutando demasiado, es un álbum divertido, caótico y muy melódico. Es lo que yo llamaría mi mayor sorpresa del año. Y qué genial es toparse con este tipo de cosas, en donde uno juzga al libro por su apariencia y termina descubriendo algo completamente diferente.
jueves, 16 de diciembre de 2010
Lo mejor... The Walkmen, Lisbon
Mientras la oportunidad me vuelve a tocar a las puertas, The Walkmen me llega con Lisbon, lo más nuevo dentro de una obra discográfica que va creciendo a paso constante y seguro, y mientras lo escucho una y otra y otra vez, puedo decir, con absoluta seguridad, que han retornado a su lugar de origen, revisitando y rehabilitando ese sonido ya característico el cual corre como líquido medular. Sórdidas guitarras emulando algún tipo de Surf o Rock-a-billy. Ritmos de una complejidad bastante sencilla, acompañados por la aguda, y un tanto gangosa, voz de Hamilton Leithauser. Lisbon no es un álbum excelente y definitivamente no sobre pasa la grandeza de You & Me, no es un álbum tan violento y ruidoso como Bows + Arrows, y ya no cuenta con esa tierna ingenuidad de su debut, sin embargo, hay algo. Tiene un no sé qué, que qué se yo. Tiene, como he dicho, esa esencia que tanto nos gusta (a los fans) de The Walkmen. Tal vez sea que las canciones parecen ir fuera de tiempo o la crudeza de la composición. O simplemente es el mundo al que nos introduce, un mundo en donde se puede decir “déjame en paz… me vale madre todo”, un mundo en donde nos desquiciamos moviendo frenéticamente los pies al ritmo de cada canción, un mundo en donde es válido tocar air-drums o air-guitar. El mundo de los toquines, los bares, los cigarros, los converse y los entubados. Quizá quien no guste de esta banda, escuche Lisbon y sienta ganas de vomitar (porque se vale), quizá, incluso, habrá el fan que diga “esto es mierda”, pero por lo pronto, esta fan (o sea yo) está de lo más divertida moviendo frenéticamente la cabeza, tocando air-drums con el volumen a todo lo que da.
lunes, 13 de diciembre de 2010
Lo mejor... Shearwater, The Golden Archipelago
Solemnidad. Esa es la palabra con la cual definiría The Golden Archipelago. Este no es realmente un álbum al que haya regresado constantemente durante el año como lo hice con otros, sin embargo cuando lo hacía, era un verdadero viaje; no un viaje propiciado por alucinógenos, químicos o de otra clase, sino un viaje propiciado por la música. Ya sé, qué cursi, que infinitamente ridículo se escucha eso, pero de qué otra manera podría ponerlo. Shearwater es una de las pocas bandas que cargan con ese peso tonal solemne, en donde cada pieza en el álbum es una construcción pictórica, una edificación de imágenes perfectamente estructuradas con el sonido, la letra, la voz. No es solamente la música, sino el ambiente que le rodea a toda la obra. Por ejemplo, si juzgáramos al libro por la portada, ésta nos daría indicios de lo que estamos por escuchar. Hay una cierta apertura a las melodías que no provocan esa claustrofobia o hermetismo que en muchos géneros, en muchas bandas existen. Aquí hay lugar a la interpretación. Yo lo definiría como una oscilación entre el rock, con el lirismo del folk, la ligereza del pop y el ambiente de una balada. El hilo conductual del disco es el piano y la guitarra acústica; esta es una de las pocas ocasiones en donde la guitarra eléctrica queda relegada a los detalles y a un número muy limitado de canciones (tres). Es un disco un tanto difícil por la seriedad que conlleva y el viaje hacia las entrañas del propio ser que nos “obliga” a realizar, aunque de vez en cuando, es necesario. Un álbum como Golden Archipelago, nivela perfectamente la balanza de lo serio contra lo lúdico; oscilar entre ambas cosas nos mantiene cuerdos.
jueves, 9 de diciembre de 2010
Lo mejor... Gorillaz, Plastic Beach
10. Plastic Beach, Gorillaz
Demon Days impulsó a Gorillaz hacia el Olimpo y lo cimentó como una banda innovadora tras la cual muchos intentarían emular, simular, copiar, etc., en donde el estilo ya entraba un poco más de lleno al hip-hop sin dejar el rock, el pop y lo electrónico. Plastic Beach es otro capítulo muy diferente, en donde el hip-hop ya es la expresión primaria y el pop es el acompañante; aunque realmente encasillarlo en esto y aquello sería algo terrible de mi parte. El álbum presenta un eclecticismo delicioso, una orgía de géneros o sub-géneros, los cuales funcionan maravillosamente. El género (hip-hop) me es muy difícil de escuchar y casi no me gusta, sin embargo en este disco lo llena de vida, de armonías, de matices que es imposible no agarrarle cariño. Es la música, es la letra... Gorillaz siempre ha portado un estandarte de crítica y señalamiento hacia lo que no funciona, mata, divide, envenena y destruye. Simplemente el título es indicio de esto; alude a la farse vida consumista a la cual la sociedad se ha visto arrojada. La verdad es que no hay mejor manera de criticar que a través de la música, y no despojarla totalmente de la melodía. Plastic Beach es un todo en donde el todo comulga y nos invita a ello. Y dejando la seriedad a un lado, el disco es simplemente divertido.
(El #9 muy, muy pronto)
jueves, 2 de diciembre de 2010
Hoy ya no soy yo
Gustavo Cerati
Adivino tu intención;
tienes ganas de subir a verme,
pero hoy ya no soy yo.
La otra noche te arrojé,
en un mar cubierto de lava ardiente,
pero hoy ya no soy yo.
Puede ser un accidente, nena,
pero hoy ya no soy yo.
Paso días normal (no me esperes… tengo ganas)
a veces, a veces, a veces…..
Adivino tu intención,
tengo ganas de saber quererte,
pero hoy ya no soy yo.
Yo no me considero fan de Cerati, no lo fui en el pasado y no lo he escuchado detenidamente como para considerarme ferviente admiradora. Admito haberlo descubierto muy, muy tarde en la vida, de lo cual me arrepiento tremendamente. Especialmente ahora, con la trágica situación en la que se encuentra el wonder-boy argentino… creo que ya nunca tendré la oportunidad de ver y escucharlo en vivo, ni de corear sus canciones, ni gritar, ni aplaudir hasta que el dolor de las palmas me obliguen a parar. Ni modo, tan sólo me queda el cerrar los ojos y viajar.
Esta noche, una amiga, Sodera de hueso colorado (ese adjetivo ella se lo puso y me encantó), me pasó Colores santos. “La de ‘Hoy ya no soy yo’ me intriga tanto”, comentó, e hizo que me creciera la duda: “quiero saber qué significa o de qué habla esa canción”. Me contó su teoría y la duda se infló aun más. La consecuencia de semejante acción de su parte (ya verás Sister), fue escuchar una y otra y otra y otra y otra vez esa pieza. Intenté recordar mis clases de poética, de métrica y de retórica para lograr desentrañar sus misterios, aunque el teflón con el que empaquetaron mi cerebro funciona tan bien que la gran mayoría de las veces no recuerdo nada. Sin embargo le hice el intento, a ver si eso de la interpretación se me da.
Como canta-autor, Cerati está cabrón. Creo que son pocos los músicos cuyo alcance y profundidad letrística, dotan de relevancia, coherencia, cohesión, verdad, honestidad y sentimiento a una canción. No es tanto lo que digan, sino cómo lo dicen, y por otro lado, no es tanto cómo lo dicen, sino lo que dicen; la verdad es que no entraré en debate sobre la forma o el contenido. A veces una canción dice tanto sin decir nada, a veces es lo contrario.
‘Hoy ya no soy yo’, parece ser una pugna interna del “yo” poético que habla en la canción. Sucede que al leer una novela, quien nos guía en la historia no es necesaria, ni obligatoriamente el autor; el narrador muchas veces funciona de manera independiente y se separa de la figura creadora, autoritaria… se separa de dios, como diría Vargas-Llosa. Lo mismo sucede en las canciones… a veces quien nos canta no es el músico, sino ese ente viviente que aparece como alter ego del músico, vocalista, intérprete, o como lo quieran llamar. Escuchen canciones de The Decemberists, sobre todo un álbum como Hazards of Love y se darán cuenta de que, quien interpreta las canciones es meramente una vía a través de la cual escuchamos la voz poética narrándonos una historia. Pero bueno, fin del paréntesis, volvamos con Cerati.
Repito que, sobre Gustavo conozco muy poco; conozco sus canciones (no todas), algunos de sus discos y muy poco sobre su historia personal, mas lo poco o mediano que he escuchado y visto, lo tengo bien grabado. Sé lo que su música me provoca y las imágenes que me evocan; esa pequeña porción, cada vez que la escucho me lleva a lugares y termina por formar parte de mi “yo” que vive eternamente alucinado. Tal es el caso de ‘Hoy ya no soy yo’, en donde la voz que nos canta le confiesa a alguien (ella, quien quiera que sea), sobre su ser dudoso y malvado; un ser que causó un mal terrible y no asume la culpa de ello: Tienes ganas de subir a verme, pero hoy ya no soy yo. La otra noche te arrojé, en un mar cubierto de lava ardiente, pero hoy ya no soy yo. Puede ser un accidente nena, pero hoy ya no soy yo. La canción forma imágenes que se oponen unas a otras, así como también se opone el “yo” contra él mismo: tengo ganas de saber quererte, pero hoy ya no soy yo. Es el deseo y el “qué me importa” luchando al mismo tiempo. No solamente se refleja en la letra, sino en la música y el arreglo, en donde una cálida guitarra acústica nos da la bienvenida, con unos tímidos riffs de guitarra eléctrica que se asoman esporádicamente, hasta que los papeles se invierten y nos envuelven los desgarrantes rasgueos de aquella que en un inicio se escondía bajo el sonido de la acústica.
Sonidos de desengaño, de culpabilidad y un juego de pasiones insaciable, en donde la incertidumbre y la violencia del sentir sublime que el “Yo” desprende o evoca es la fuerza tentadora e intrigante que guía a la confesión para tal vez recibir el perdón. ¿Será?
jueves, 18 de noviembre de 2010
Descubriendo Crash de Dave Matthews Band

Dave Matthews y su grupo, siempre se han caracterizado por la música que crean; la verdad es que en este caso es necesario hablar de un ensamble, porque hay tantas cosas sucediendo en un mismo momento, tantos sonidos, tantos ritmos que nunca terminan por saturar una canción; por el contrario, van formando una acumulación de sensaciones melódicas, armoniosas y harto adictivas. Bueno, honestamente estoy pensando por el momento en el Crash, el cual escucho en este preciso momento y lo que intento describir de manera tan desarticulada es justamente lo que estoy escuchando, pues son tantas cosas las que se perciben que es imposible no sentirse atraído y envuelto por la música.
La canción que abre el álbum es “So Much To Say” con una melodía muy dinámica; tanto la letra como la música se complementan: I see my hell as the closet I’m stuck inside, can’t see the light. And my heaven is a nice house in the sky, got central heating and I’m alright, canta Matthews acompañado de una guitarra acústica bastante lúdica, a partir de donde comenzarán a sumarse el resto de los instrumentos. A diferencia de esta primera con la que nos introducimos al disco, “Two Step” abre un capítulo un poco más oscuro en cuanto a tono; la guitarra eléctrica, desposeída de todo efecto y acompañado con unos maravillosos arpegios acústicos y la voz desnuda de Dave, nos da la bienvenida. La lírica, después de in intro digno de la longitud de aquellos presentados por The Cure, nos presenta una declaración de amor, nada cursi, como cualquiera podría pensar cuando se habla de canción de amor… es sentimiento, no sentimentalismo barato. Y qué mejor para terminar una canción de amor, que continuar con otra de amor: “Crash Into Me”. Con esta, Dave Matthews y compañía me declararon su amor o yo a ellos, como sea, fue algo enteramente recíproco (más tarde les colgaré por aquí la canción, por si no la conocen).
Las declaraciones de amor terminan con “Too Much” en la que los excesos son el orden del día: I’m a crazy creep, I got it coming to me, ‘cause I’m not satisfied, hunger keep on growing. I eat too much, I drink too much, I want too much… too much. “#41” y “Say Goodbye” van encadenadas, en el sentido que el outro de una es el intro de la otra (respectivamente); la primera es una mirada introspectiva sobre el futuro, sobre el pasado. Es lamento y deseo, es desesperación, salpicado todo con el sonido de un saxofón plagado de melancolía –bastante delicioso, por cierto-, el cual nos despide y nos da la bienvenida una vez que “Say Goodbye” entra en escena. He aquí otro intro muy largo, pero nada tedioso; es una introducción que nos resume la intención de la letra y de la canción: es una invitación cachonda, si se me permite, y la canción lo es también. Es el deseo de posesión, de goce y satisfacción; un vivir el momento, deleitarse y al final, seguir con la vida: Oh back to being friends, but tonight lets be lovers, we kiss and sweat, we turn this bed-tub thing to the best.
“Drive In, Drive Out” vuelve a cambiar el tono del ambiente que hasta el momento se va formando, en parte por marcar el inicio de la segunda mitad del disco y en parte por virar hacia un caos armónico, paradójicamente, en donde la áspera voz de Matthews y la viveza de los instrumentos se mezclan para gritar cierto hartazgo hacia lo ridículo de las cosas. Toda esta acumulación de adrenalina cae estrepitosamente hacia la calma y el susurro en “Let You Down”, la cual pueden adivinar el contenido por el mero título. Tras ella, los ánimos vuelven a su sitio con “Lie in Our Graves”, una pieza que retorna al locus amoenus; el ocio en donde se es válido pasar el tiempo ensopándose los pies en el agua. En “Cry Freedom”, Matthews canta a manera de imploración: Cry, freedom cry, from deep inside where we are all confined. Muy apropiada para “la situación” y es que dicha situación sucede en todos lados: la desensibilización del ser humano.
Las últimas dos piezas componen el humor y se despojan de toda densidad. “Tripping Billies”, iniciando con una batucada en crescendo, invita a beber y bailar. Cualquier canción con la palabra “tripping” en el inicio no puede ser tan difícil de descifrar, menos cuando por ahí en la canción escuchamos las palabras dragón, whisky y felicidad… eat, drink and be merry, buenísimo consejo. Y cerrando un soberbio disco, “Proudest Monkey”, que a mi manera de escucharla y sentirla, es la representación musical de la ingenuidad y la inocencia, en donde se humaniza al animal o se animaliza al humano, quien en este caso es Dave, aunque el molde nos queda a todos.
Crash fue mi descubrimiento y mi llave a los mundos posibles. Es un álbum que permite envolverse en la música hasta el punto de terminar perdido en ella. Es una obra atemporal, pues así como la escuché hace once años, la escucho hoy, incluso mejor. Supera absurdamente a mucha de la música que se hace hoy en día, música sin sustancia, sin esencia. Crash es un álbum que debería ser de cajón, bueno, como lo es la obra completa de Dave Matthews Band. Igual y le hecho demasiadas flores, habrá gente que no soporte el sonido del grupo, lo cual se me hace difícil de creer; o lo sienta saturado, aun más difícil de creer, en fin, es válido. En mí toma semejante importancia ya que crecí con esta música (entre otra). Descubrir música a los 13, 14 años es una de las mejores cosas que a uno le pueden suceder, porque a esa edad se está justo en medio del acné-adolescencia, del feísmo personal, de la confusión existencial y el odio al mundo, o bueno, a ciertas cosas de él… bueno no, a todo.
jueves, 4 de noviembre de 2010
Confesiones de una fumadora
En 20 días dejaré el cigarro. Lo digo… lo pongo por escrito para atarme más a esa meta. No quiero usar la palabra intentar, porque intentar conlleva implícitamente que lo más probable es que esa empresa sea un completo fracaso. Me dolerá muchísimo, es uno de esos pequeños placeres que realmente disfruto. Un cigarro con el café. Un cigarro mientras leo. Ver películas con un cigarrillo que lentamente perece, dejando esa estela de humo en la oscuridad, iluminado poéticamente con la luz de la televisión, con la luz de una vela o una tenue luz ambiental. Fumar en el frío, al sol, sintiendo como las células del cuerpo se relajan y el cerebro despierta. Fumar después de… fumar antes de… Cuando escribo, o intento escribir, el cigarro siempre me inspira. Cuando voy a los toquines, fumar mientras el rock truena con todo su esplendor a través de las bocinas. Mientras bailo. Mientras bebo. Mientras estudio. Para los exámenes, Dios sabe que siempre es necesario uno antes y uno después. En la época de finales. Entre clases. Mientras manejo con las ventanas abajo y el volumen del estéreo a todo lo que da. Fumar en la soledad. Fumar en compañía. Fumar durante el chisme. En la tristeza y en la alegría…………
…. ¡puuuuta!
miércoles, 3 de noviembre de 2010
(sin título)
jueves, 14 de octubre de 2010
Octubre




(entre otros)