De madrugada, la música de Esperanza Spalding mientras arrullo a mi hijo. Aquí, cursilmente y con una enorme sonrisa en la boca, mientras las ojeras se me extienden hasta las orejas digo, en verdad, qué bella es la vida. ¡Feliz domingo!
Nomás porque sí: porque fanfarronerías sonoras provenientes de trompetas doradas llenan el archivero de mi cabeza. Porque los bloques contra la inspiración aturden. Porque no hay más que hacer más que aventar los escupitajos de letras hacia el camino. Porque duelen las llagas de los dedos de tanto escribir. Porque hay que escribir. Porque si no escribo, moriré.
domingo, 30 de octubre de 2011
viernes, 14 de octubre de 2011
Voltaire dice que es peligroso leer
Por ahí dicen "Ignorance is bliss". La ignorancia es la gloria. ¿Será? Yo no me siento en la gloria cada vez que entro a territorios no conocidos, así que para mí no lo es. Pero sé que hay gente que sí lo considera cierto, incluso, lo hace una filosofía de la vida. Los gobiernos lo consideran un arma ALTAMENTE poderosa. Mantener ignorante al pueblo es mantener el poder, mantener el control. Lo es ahora y lo ha sido siempre. Es por eso que este texto escrito por Voltaire me ha gustado tanto:
"Del horrible peligro de la lectura"
Nos, Yusuf-Cheribí, por la gracia de Dios muftí del Santo Imperio Otomano, luz de luces, elegido entre los elegidos, a todos los fieles que vean éstas presentes, estupidez y bendición. Así como Said Effendi, antiguo embajador de la Sublime Puerta en un pequeño Estado llamado Frankrom, situado entre España e Italia, trajo entre nosotros el pernicioso uso de la imprenta, tras consultar sobre esta novedad a nuestros venerables hermanos los cadíes e imanes de la ciudad imperial de Estambul, y sobre todo a los faquires conocidos por su celo contra el espíritu, ha parecido bien a Mahoma y a Nos condenar, proscribir, anatematizar la dicha infernal invención de la imprenta, por las causas anunciadas a continuación:
1. Esa facilidad de comunicar los pensamientos tiende evidentemente a disipar la ignorancia, que es la guardiana y la salvaguarda de los Estados bien civilizados.
2. Es de temer que, entre los libros traídos de Occidente se encuentren algunos sobre la agricultura y sobre los medios de perfeccionar las artes mecánicas, obras que a la larga podrían, no lo quiera Dios, despertar el genio de nuestros agricultores y de nuestros fabricantes, alentar su trabajo, aumentar sus riquezas e inspirarles un día alguna elevación de alma, algún amor por el bien público, sentimientos absolutamente opuestos a la sana doctrina.
3. Ocurriría al cabo que tendríamos libros de historia despojados de lo maravilloso que mantiene a la nación en una feliz estupidez. En esos libros se cometería la imprudencia de hacer justicia a las buenas y a las malas acciones, y de recomendar la equidad y el amor a la patria, lo cual es visiblemente contrario a los derechos de nuestro cargo.
4. Podría ocurrir que, en la sucesión de los tiempos, miserables filósofos, con el pretexto especioso, pero punible, de esclarecer a los hombres y de hacerlos mejores, vinieran a enseñarnos virtudes peligrosas cuyo conocimiento no debe tener nunca el pueblo.5. Podrían, al aumentar el respeto que tienen por Dios, y al imprimir escandalosamente que él lo llena todo con su presencia, disminuir el número de peregrinos a La Meca, con gran detrimento de la salvación de las almas.
6. Ocurriría sin duda que a fuerza de leer a los autores occidentales que han tratado sobre las enfermedades contagiosas y la manera de prevenirlas, tendríamos la desgracia de vernos protegidos de la peste, lo cual sería un atentado enorme contra las órdenes de la Providencia.
A estas y otras causas, para edificación de los fieles y el bien de sus almas les prohibimos leer nunca ningún libro, so pena de condenación eterna. Y, por miedo a que les asalte la tentación diabólica de instruirse, prohibimos a padres y madres que enseñen a leer a sus hijos. Y, para prevenir cualquier contravención a nuestra ordenanza, les prohibimos expresamente pensar, bajo las mismas penas; ordenamos a todos los creyentes que denuncien a nuestra oficialidad a todo aquel que pronuncie cuatro frases bien ordenadas, de las que podría inferirse un sentido claro y neto. Ordenamos que en todas las conversaciones haya que servirse de términos que no signifiquen nada, según el antiguo uso de la Sublime Puerta. Y para impedir que entre algún pensamiento de contrabando en la sagrada ciudad imperial, comisionamos especialmente al primer médico de Su Alteza, nacido en un pantano del Occidente septentrional; dicho médico, tras haber matado a cuatro personas augustas de la familia otomana, está más interesado que nadie en prevenir cualquier introducción de conocimientos en el país; le otorgamos poder, por estas presentes, para que ordene la incautación de toda idea que se presentara por escrito o de viva voz a las puertas de la ciudad, y nos traiga la dicha idea atada de pies y manos, para que les sea infligido por nosotros el castigo que nos plazca.
Dado en nuestro palacio de la estupidez el 7 de la luna de Muharem, el año 1143 de la hégira.
Las referencias turcas a las cuales alude Voltaire, son a manera de burla hacia la prohibición que se les imponía a los libros publicados por los ilustrados, aunque creo que esta crítica/burla/mofa, como lo quieran ver, es un molde que a cualquier sociedad, país, civilización, etc., le queda más que perfecto. Me ha hecho reír, mas chiste no es, pues ilusamente hay personas que creen que las ideas pueden ser reprimidas, arrebatadas y encerradas en oscuros calabozos, pero, y esto es lo peor de todo, hay quienes realmente se la creen. Creen que por motivar esta participación ideológica en uno mismo, aquellos que se dicen estar en el peldaño superior, que se dicen ser los elegidos, pueden y tienen el derecho de evitar que esto suceda. ¿Acaso los tenemos adentro de la cabeza? ¿Nos han colocado camaritas y cables ahí adentro? ¿Estamos ya ante aquellos mundos ficcionales que nos han aterrado por años (pensando en algo así como 1984), en donde se nos dicta qué hacer, cómo hacerlo, qué pensar, cómo actuar, etc.? No lo creo. Tenemos la sabiduría de la historia e historiadores, pensadores, literatos, poetas al alcance de nuestras manos y muchas veces, la mayoría de las veces, no queremos estirar el brazo para hacerla nuestra. Nadie tiene el poder de prohibirnos el conocimiento, y conste que no hablo de escuelas o un sistema de educación, hablo de un libro. La sencillez de un libro. Nosotros somos los únicos que nos prohibimos el placer y negamos la necesidad; nos mantenemos en nuestro cómodo sillón de mediocridad mental, en donde los lujos de la tecnología nos mantienen en dicho status quo. Ejemplo de ello está en el escuchar a los estudiantes universitarios confesar, con harto orgullo, la "hueva de la lectura" y que ellos estudian tal o cual carrera para no leer. Ilusos. Por ese lado, creo que los de arriba no tienen nada que temer, habrá personas que por iniciativa propia se autocensuren y prohiban el goce de la lectura y la creación (o motivación) de tener una mentalidad individual, original. Pero bueno... Agradezco a Voltaire por la provocación y la invitación; por haberme llamado la atención cuando, al caminar entre los escuetos estantes de la biblioteca, saltó su volumen a la vista de entre todos los demás.
El extracto lo he sacado de aquí: Voltaire. Cuentos completos en prosa y verso. Fondo de Cultura Económico.
martes, 11 de octubre de 2011
Albert en la página 305
Vivo con un hombre que ama los libros, ya saben, esos objetos que cuando se usan apropiadamente -y esto no incluye la nivelación de televisores o mesas- llegan a construir y edificar personalidades, carácter, opiniones y una educación que en ningún otro lado será posible recibir. Mi marido, pues, puede llegar a ser un adquisidor compulsivo en veces, lo cual no condeno, pues gracias a dichas adquisiciones luego encuentro por toda la casa, regados como polvo de hadas, a libros y autores a los cuales, de otra manera, jamás les hubiera prestado la debida y necesaria atención. Así me llegó a pasar con Philip Roth, Bretón, Bataille, Orwell. El último que ha terminado por rascarme la curiosidad ha sido Camus y El hombre rebelde, texto que voy leyendo poco a poco, pues luego soy medio lenta (o bruta) para digerir ciertas cosas, cuestiones, aspectos, etc. Es un estudio bastante extenso sobre el hombre, la humanidad, la sociedad y la rebeldía, claro. Pero yo me he ido, debido a mi interés sobre el tema artístico y la sociedad -el tema del arte comprometido, arte utilitario, etc., es un tema enormemente interesante, a mi parecer-, y debido un poco a la falta de paciencia para recorrer más de la mitad del libro para llegar a él, me he ido sobre el tema del arte y la rebeldía; he leído esto en uno de sus apartados y me ha gustado mucho, por lo que quiero compartir:
No basta con vivir, hace falta un destino, y sin esperar la muerte. Es, pues, justo decir que el hombre tiene la idea de un mundo mejor que éste. Pero mejor no quiere decir entonces diferente, mejor quiere decir unificado. Esta fiebre que levanta el corazón por encima de un mundo disperso, del que, sin embargo, no puede desprenderse, es la fiebre de la unidad. No desemboca en una mediocre evasión, sino en la reivindicación más obstinada.
Así pues, sin más ni más... sólo buscaba una excusa para escribir y Camus me la proporcionó. Yo también tengo la idea de un mundo mejor, por lo cual me he sentido unida a una mente que hace años dejó de ser, pero que continua existiendo. A qué tanto quiere llegar con el concepto de unificación, no lo sé... pero la idea, en su sentido más sencillo, enajenado de todo, me parece maravilloso.
lunes, 3 de octubre de 2011
Es lunes...
Es lunes por la mañana (9:44am para ser exactos) y doy una re-leída a El Túnel de Ernesto Sábato (o Sabato, lo veo diferente en diferentes lugares). No es precisamente una novela con la cual desearía iniciar la semana; ya los lunes son lo suficientemente malos como para echarse semejante cantidad de pesimismo, sandeces y estupideces sobre los hombros. Es el tipo de novelas que fácil y felizmente me aviento bebiendo una estúpida cantidad de café y fumándome un par de cigarrillos, pero esos días ya han quedado atrás, muy detrás de mí; no me queda de otra más que aguantármela así. Terminando esta, creo que leeré El extranjero de Camus. Nomás para sentirme mejor.
jueves, 29 de septiembre de 2011
... pensando sobre Radiohead
La primera vez que escuché OK Computer tenía alrededor de 12, 13 años y fue ‘Karma Police’. No entendía muy bien lo que Yorke cantaba, pero la música… la música, el feeling… había algo ahí que me hacía sentir cosas que jamás había sentido, me hacía pensar cosas que jamás había pensado. En mi pequeño mundo de cuasi-adolescente, experimentando por primera vez el sentimiento de otredad, la vida parecía ser solamente de una manera, y he aquí que en cuatro minutos, una melodía me abría un panorama vasto e ilimitado. Todo a mí alrededor, llámese la plasticidad de compañeros preparatorianos con los cuales compartía obligatoriamente mi tiempo, llámese personas que se hacían llamar amigos, llámese el entrar en términos con uno mismo y acostumbrarse a los cambios físicos, ideológicos –si es que a esa edad se tiene ideología alguna, o comenzando por el simple hecho de saber lo que era una ideología-, en fin… una serie de cosas; todo aquello quedaba opacado por un pedazo de música. Fue la primera vez (mi primera vez) que descubrí que podía perderme de esa manera. “For a minute there, I lost myself” me cantaba al oído. Pero no me perdí solamente por un minuto, sino ya de por vida. Me encontré a mí misma en la música y ya nunca me he vuelto a perder. Así que Radiohead se convirtió en mi coming-of-age-band… la música de mi evolución. Y así como me sucedió a mí, le sucedió a medio mundo. No me siento especial, ni original por ello, sino comunicada y relacionada con todo un universo de personas, de mentes, de ideales, lo cual se me hace algo increíblemente genial.
A partir de OK Computer, regresé a las bases, a Pablo Honey y The Bends, a re-escuchar piezas de música que ya había escuchado; canciones a las cuales había dado muecas y gestos, sonrisas y guiños, pero con las cuales no me había permitido perderme del todo. El debut realmente no es de mis discos favoritos, salvaría un par de canciones realmente, aunque una de ellas la desecharía por choteada. Tan choteada que aun hoy en día es la culpable de que ciertas películas terminen por ganar el Oscar en categorías como mejor soundtrack. En fin. Comenzar en el tercer peldaño del escalón y regresar al inicio, me permitía una perspectiva un tanto diferente de lo que fue el origen de una de las bandas más importantes de los últimos 20 años (digan lo que me digan). O, mejor, creo que debo rectificar… la banda más importante de los últimos 20 años. Escuchar su música no era una mera actividad de escuchar por escuchar, sino de experimentar, de contemplar; de escuchar y asimilarlo todo, reflexionar y reinterpretar los sonidos y la letra, las voces y los ambientes. Supongo que esto fue algo parecido a lo que sucedió con los Beatles y discos como el Sgt. Pepper's... Ya no eran meros discos de música que uno ponía por evitar el silencio, sino obras artísticas a las cuales uno recurría en momentos de necesidad, de gran vorágine creativa y reflexiva; en momentos en los cuales uno quería permanecer a solas con sus propias ideas, en ese estado de perfecta comunión entre el ser y el estar. Kid-A y Amnesiac representan esa necesidad de inmersión. Inmersión en una manera de crear sonidos dentro de una paradoja, en la cual, a través de la organicidad de los instrumentos y la, aparente, plasticidad de lo electrónico, se creaban ambientes o estados que entraban en completa comunión con el ánima… ¿qué otra manera hay describir lo que, canciones como ‘How To Disappear Completely’, quieren decir? “That there, that’s not me. I go where I please, I walk through walls”. O el ahogado jazz que proporciona ‘Pyramid Song’, y digo ahogado por esa sensación computarizada que se contrapone con la batería y el piano. Y así podría nombrar y nombrar ejemplos, pero para qué. Qué mejor que escuchen los discos de primera mano. Pero no es solamente el “qué me hace sentir” o “lo que me ayuda a descubrir de mí persona”, sino lo que también aprendo, con lo que lo relaciono y las cosas que descubro de todo ello. Eso que imprimen en las cajitas de plástico “La música es cultura”, sé que todos lo leen, pero nadie lo cree, o al menos somos pocos los que lo creemos de corazón. En literatura aprendemos que una obra tiene detrás de sí una enorme tradición literaria sobre la cual se construye y de la cual no puede escindirse. Esto es una verdad que se aplica también a la música; no solamente en un nivel musical, sino literario, cinematográfico, artístico en general. La música no sólo habla de música, sino de la vida y todos sus agregados. Escuchen el Hail To The Thief y quien haya leído a Orwell me dará la razón, y es que la referencia está más que obvia… ‘2+2=5’: “Are you such a dreamer, to put the world to rights? I’ll stay home forever, where two and two, always makes a five […] It’s the devil’s way now, there is no way out. You can scream and you can shout. It is too late now because you haven’t been paying attention”. Prácticamente un resumen de 1984. Escalofriante y fascinante al mismo tiempo.
Radiohead ha redefinido no solamente vidas –que se escucha cursi y mamón al mismo tiempo, pero digámoslo así nomás por decirlo-, sino que ha definido a toda una industria que cayó en el hoyo del consumismo, la publicidad y la mercadotecnia, de la moda, de lo naïf, incluso, en un sentido de ingenuidad y desprendimiento que al escucha lo quiere evadir de toda sensación. In Rainbows fue en contra de toda esa cultura de fatalidad consumista cuando decidieron dejarlo al precio que la gente quisiera. Ahora sí que por amor al arte, lo cual terminó de flecharme el corazón. A parte de que se volvió a solidificar como una de las bandas más innovadoras creativamente y musicalmente, con una propuesta totalmente original, fue un parte-aguas dentro de la historia de la industria. Y de ahí p’al real. Podría seguir vertiendo mis tripas y mi corazón en el tema, pero nunca terminaría. Mejor lo dejo y los dejo con la esperanza de que corran a poner algún álbum de mí banda favorita (y la favorita de muchos otros)… yo por lo pronto termino escuchando ‘Life In a Glass House’ del Amnesiac.
jueves, 22 de septiembre de 2011
(chueco)
Vámonos chueco, desde que cuelgo la camisa en un techo desigual. Los ganchos no enganchan y los hilos no hilan... las ideas quedan sueltas, por ahí, en el aire, mezclándose con el oxígeno, con el carbono; contaminándolo todo, todo aquello que puro alguna vez fue, y ahora, en esa invisible nube de negruzco vapor colgamos todo, nos colgamos todos, como en un principio quedó colgada aquella camisa... una camisa, colgada de un techo torcido, empañando el ambiente del color tan brillante que alguna vez tuvo.
miércoles, 21 de septiembre de 2011
Digresiones a las 4 de la mañana.
Es madrugada de argentinos… A las cuatro de la mañana Gustavo Cerati resuena con todo su esplendor en mis audífonos mientras leo El túnel de Ernesto Sábato. Todo comenzó hace ya más de media hora, mientras acostada, entre la fogosa penumbra, salió del caótico shuffle del iPod ‘Cosas Imposibles’, y sumándolo al hecho de ya no tener sueño, decidí continuar leyendo acompañada de Bocanada. La combinación no está nada mal, la verdad. Aunque imágenes de bebés plastificados bailando sobre incubadoras saltan a la mente de vez en cuando, cosa que no tiene nada que ver con mi embarazo, eso sería ya un poco patológico. Y sí, al mismo tiempo escribo… soy una calificada multi-tasker con concentración dispersa pero bien enfocada.
(esta es la razón de los bebés plastificados)
martes, 13 de septiembre de 2011
St. Vincent en la madrugada
A la 1:48 de la mañana, siendo un martes cualquiera, me encuentro despierta y cansada, solamente deseando poder dormir; sin embargo, al parecer, los martes son días en que los deseos no se hacen realidad, así que me resigno, como muchas noches anteriores, a pasar desvelo y cargar con ello horas más tarde, mientras escucho clases, mientras tomo apuntes, mientras intento razonar el último pedazo de poesía española. Al menos tengo compañía, el pequeño bebé que cargo dentro de mi está despierto también, y al parecer muy entretenido, moviéndose y estirándose a sus anchas, quitándole el aire a mamá. En fin, trato de concentrarme en otra cosa, como en el juego de solitario que he dejado a medias para escribir, o concentrarme en la voz de St. Vincent, de quien he obtenido su último disco Strange Mercy y del cual hablaré justo en estos momentos, nada más por tener algo que hacer… digo, algo más que jugar solitario, lo cual encuentro verdaderamente desesperante.
Strange Mercy es el tercer álbum de esta belleza (diosa) de mujer, por quien me aflora un ligero amor lésbico, debido a la inmensa admiración que me causa, mezclado enfermizamente con un pequeño porcentaje de envidia por semejante talento. Ya ven, aquellos que no podemos crear música, la escuchamos, la contemplamos, la veneramos y en sus deliciosas notas nos llenamos de placer. Hace dos años que este mismo sentimiento afloró en mi al escuchar Actor (2009), su segundo álbum; y dos años antes que eso fue exactamente la misma sensación con Marry Me (2007), mezclado con la peculiar extrañeza de escuchar su violenta manera de enfrentar una canción… la amé. Tras escuchar Strange Mercy, me he visto en la necesidad de regresar al pasado y comparar, notar el crecimiento o la evolución, si es que alguna hubo (sí, sí la hubo); los sonidos, la letra, los colores que proyecta, etc. Y vaya, no pienso describir diferencia por diferencia, los aburriría, me aburriría a mí misma. Es un claro crecimiento en un abanico de cuatro, cinco años; mientras que en Marry Me se percibe una ligera inocencia o ingenuidad, en Strange Mercy es palpable una cruda honestidad sobre su propio crecimiento, sobre la vida, sobre el tedio y el ocio, sobre el querer sobresalir y ser algo, alguien más. Ejemplo de esto último podrían ser “Cruel”, “Cheerleader”, o “Year of The Tiger”, la cual me recordó a la ya temática y arquetípica “Eye of the Tiger”. Las canciones están cargadas de energía, de guitarrazos estridentes, cargados de fuzz, violentos incluso, cuyos orígenes han sido descritos por ella misma como productos del feeling del momento, de lo que la canción pide para sí y no tanto de la técnica. Estos ambientes creados a lo largo del álbum me hace recordar en veces una versión temprana de Björk, quizá algo entre el Homogenic y Post (aunque por supuesto que no comparo a una con la otra, son dos voces, dos estilos, dos personajes muy diferentes). El álbum es de una crudeza pegajosa que jamás llega a esos niveles de bizarra creación musical a los cuales llega Björk; St. Vincent oscila más entre el pop y el rock, coqueteando en un nivel muy menor con aspectos electrónicos. El resultado es un disco rebosante de ritmo, de perfectas armonías, de paradojas entre la dulce y engañosa voz de Annie Clark y la brutalidad con la cual toca la guitarra, paradojas entre la letra, a veces cargada de fuerza, y la aparente melodía despreocupada con la cual contrasta, o viceversa, como en “Hysterical Strength”, la penúltima pieza del álbum.
Bien dicen que la tercera es la vencida, pero cuando se tienen tres magníficos discos, colaboraciones a diestra y siniestra, no creo que aplique el dicho. Ese número tres no es un limitante, sino una señal, o mejor, una promesa de que las creaciones musicales de esta mujer no se harán esperar, su talento no terminará desechado por las alcantarillas y de que seguiremos disfrutando de sus canciones por mucho tiempo. Pero mientras esos tiempos venideros llegan, termino de escuchar su discografía y deleitándome con su voz, quizá en espera de que algún día llegase yo a tocar y cantar como ella (Ja)… está bien, esta vez sólo me pierdo en la fantasía, lo que realmente deseo ya, es dormir.
viernes, 2 de septiembre de 2011
Inicio y fin de un viaje natural.
Leyendo sobre asuntos escolares, me distraje por las hipnóticas melodías: oscuras, trágicas, melancólicas, ridículas, divertidas, sensuales, soberbias, legendarias… la concentración simplemente ya no se dio, y mi interés migró de un punto a otro totalmente diferente. Dejé mi cuerpo, ahí sentado frente al escritorio, frente al caótico desparrame de hojas cuyo contenido teórico comenzaba a adormecer mis sentidos; lo dejé inerte, tranquilo, con la mirada perdida en la grisácea pared torpemente iluminada. Ahí me dejé atrás y continué, al mismo tiempo, no en cuerpo, pero en esencia, en ser, hacia otro lado, liderada por el más inusual de los líderes; mas quién soy yo para negar semejante viaje, provocado por la más exquisita de las drogas (y aún bastante legal), por el mejor de los vicios, aquel que se presta a ser utilizado en toda su exagerada amplitud o en el más estoico de los gustos… viaje ininterrumpido, ilimitado, ilusionado, soñador, ridículo, estúpido, ocioso, agradable. Sin topar con el techo me atrevo a brincar en un mundo desproporcionado de gravedad alguna; y con esa misma ligereza con la cual he podido abandonarme al olvido del mundo, de la humanidad, de mí misma, con esa misa ligereza me enfrento ante la blancura que siempre me acecha, me intimida, me incomoda, me hace daño, me bloquea, me enfurece. Oscilando la mirada entre la grisácea pared y ese blanco pedazo de espacio que tanto acongoja la inspiración, escribo sin pensar y pienso en lo que escucho, pues este es el único camino que parece continuar hacia puerto seguro contra la indiferencia que esa blancura me provoca. Rasgueando fuera de tono, bajo el cielo del oeste, despojado de nube alguna, sigo este camino de terracería mental que me impide pues trabajar, una vez que aquel ilimitado viaje se vio violentamente obligado a finalizar. Y nuevamente me enfrento a la blanquecina franqueza del espacio irreal que frente a mi amenaza la vista jovial que comienza a fallar.
lunes, 29 de agosto de 2011
Es solo diálogo... (2)
El inicio de Blade Runner (Ridley Scott, 1982) es uno de los mejores inicios de película que he visto; corriendo en escasos minutos, se presenta una pequeña conversación/interrogatorio cargado de tensión y nerviosismo entre un detective y un replicante (un androide, robot-humano, como quieran verlo, loco, psicópata, peligroso). Envueltos ambos personajes en ese ambiente de cine negro, oscuro, lleno de humo, miradas luminosas, misteriosas, mentirosas. Por ese encanto que tiene los primeros momentos de la película, tras la introducción sonora de la soberbia creación de Vangelis, tuve que transcribir la escena, play/pausa cada determinado número de palabras. So... aquí va:
(Knock, knock)
Mr. Holden: Come In. Sit down.
Leon: Care if I talk? I kinda get nervous when I take tests.
Mr. Holden: Just please don’t move.
Leon: Oh, sorry. I already had an IQ test. I don’t think I’ve ever had one of these.
Mr. Holden: Reaction time is a factor, so pay attention. Now answer as quickly as you can.
Leon: Sure.
Mr. Holden: 1187 at Hunterwasser.
Leon: That’s the hotel.
Mr. Holden: What?
Leon: Where I live.
Mr. Holden: Nice place?
Leon: Yeah, sure, I guess. Is that part of the test?
Mr. Holden: No, just warming up, that’s all.
Leon: Huh, It’s not fancy or anything…
Mr. Holden: You’re in a dessert, walking along in the sand, when all of the sudden…
Leon: Is this the test now?
Mr. Holden: Yes. You’re in a desert, walking along in the sand, when all of the sudden you look down…
Leon: What one?
Mr. Holden: What?
Leon: What desert?
Mr. Holden: Doesn’t make any difference. It’s completely hypothetical.
Leon: But how come I’d be there?
Mr. Holden: Maybe you’re fed up. Maybe you wanna be by yourself. Who knows? You look down you see a tortoise; it’s crawling towards you…
Leon: Tortoise? What’s that?
Mr. Holden: You know what a turtle is?
Leon: Of course.
Mr. Holden: Same thing.
Leon: I’ve never seen a turtle. But I understand what you mean.
Mr. Holden: You reach down, you flip the tortoise over its back…
Leon: Do you make up these questions Mr. Holden? Or do they write them down for you?
Mr. Holden: The tortoise lays on its back, its belly baking in the hot sun, beating its legs, trying to turn itself over, but it can’t. Not without your help. But you’re not helping.
Leon: What do you mean I’m not helping?
Mr. Holden: I mean you’re not helping. Why is that, Leon? They’re just questions, Leon. In answer to your query, they’re written down for me. It’s a test designed to provoke an emotional response. Shall we continue?
Leon: (nods affirming).
Mr. Holden: Describe in single words only the good things that come into your mind about your mother.
Leon: My mother?
Mr. Holden: Yeah.
Leon: Let me tell you about my mother…
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
