sábado, 15 de diciembre de 2012

Lo mejor... Heartless Bastards, ARROW

Pues sí. Diciembre hay llegado y a donde volteen a ver, interminables listas aturran páginas web, blogs, revistas, programas televisivos, etc., para contar lo mejor de lo mejor de lo mejor. Y como siempre, no puedo dejar pasar la oportunidad de convertirme en una más dentro de ese ya cansado trend. Así que, una vez más, mi top 10...



10. Arrow, Heartless Bastards

El cuarteto de Cincinnati estrenó Arrow de ahí por febrero y de ahí por febrero obtuve el álbum sin saber absolutamente nada del grupo, del álbum o del hecho de que ellos llevan ya algunos años moviéndose y sacando discos. Este cuarto lanzamiento discográfico fue mi primer acercamiento con su música y fue uno muy agradable. Fríamente puedo decir que no es nada del otro mundo, pero ese nada-del-otro-mundo les sale increíblemente bien.

La fórmula de Arrow: guitarras, batería, bajo. Así como debe ser. La voz de Erika Wennerstrom al frente cargando con esta tradición de mujeres que cimentaron el camino anterior a ella y melodías que evocan la tradición blues/rock/country estadounidenses, bien expuesta en la sutil canción que abre el disco, "Marathon": We were under the same familiar stars, on this long way home. Alusiones al corazón roto, la soledad, el camino, el whiskey... todas estas cuestiones que son ya lugar común y a las cuales se re-visita en "Parted Ways", y que convenientemente es seguida con "Got To Have Rock & Roll", canción que justamente suena a rock & roll y que queriendo-noqueriendo la cosa, parece que Joan Jett aparecerá de un momento a otro lista para echarle otro centavo a la rocola. A través del disco, los temas serán lo mismo, por lo cual admito que es un poco repetitivo y quizá por ello juega dentro de campo seguro, en donde no se arriesgan al conceptualizar, algo que no es del todo malo; escuchar música solamente por el gusto de escuchar, sin querer racionalizar absolutamente cada sonido, cada letra. Esto es quizá el gran logro de Arrow. Escucharlo y querer acompañar la nítida voz de Erika, aunque si como yo no nacieron agraciados de tono y melodiosas cuerdas vocales, mejor ni lo intenten, de lo contrario, canciones como "Only For You" pierden todo su encanto. "The Arrow Killed The Beast" termina por englobar el todo que la agrupación vende con su cuarta entrega: desde una simple hojeada a la portada del álbum en donde se muestra un búfalo americano invadido por los escenarios del viejo oeste -vastos espacios de escasa vegetación enmarcados por coloridas montañas-, hasta el sonido que intentan cimentar como suyo. Esta es la canción que sobresale a mi gusto, altamente cargada de un bellísimo ambiente lleno de imágenes que tocan en casa: On the horizons the warm color of amber / The sky forms shadows all across the land / A simple life out here in the country / Where the skies full of mistery and mistery fills the air. Para alguien que viven en la tierra sin-ley, la tierra de los cielos multicolor, la aridez y la vastedad, esto es pura poesía.


viernes, 7 de diciembre de 2012

Film, Alan Schneider (un original de Samuel Beckett)

En alguna entrevista, Beckett alguna vez dijo: “No es únicamente que estemos más cansados a causa del ayer, es que somos otros, no ya los mismos de la desgracia de ayer”. Sobre qué hablaba, sólo él lo sabe, pues la frase da para diversas interpretaciones. 34 años más tarde, Beckett le mostró al mundo la personificación de esto que había dicho, mostrando un escenario poéticamente desolado, confuso y solitario con su única incursión al cine: Film (1965), escrita por Beckett, dirigida por Alan Schneider y estelarizada por un ya acabado Buster Keaton. Esta grandiosa (mini)película, la cual escasamente llega a los 18 minutos de vida, inicia con la toma de un ojo, muy parecido a aquel de Buñuel en Un Chien Andaloux. La toma cambia de dicho ojo a una pared alta, larga, erguida completamente de ladrillo, rematando con un desolado y decrépito edificio, una extensión del desolado y decrépito Keaton; realmente todo lo que el film muestra es decrepitud y desolación. Frenéticamente, en aquel momento, aparece corriendo un hombre histérico (Keaton), quien hace todo lo posible para filtrarse discretamente, camuflado por el entorno y permanecer invisible ante la cámara, que en ese momento comienza a seguirlo. Tras chocar con una pareja que se encontraba platicando a un costado del muro, el hombre entra por un portal hacia el edificio. No hay ruido, no hay gente, salvo una viejita que baja con una canasta de flores en la mano; la cámara la toma de frente, ella parece vernos directamente produciendo una muy desagradable sorpresa que la hace caer muerta. El hombre aprovecha esta trágica escena para escapar de la cámara. Unos segundos más tarde, el viejo hombre entra a lo que parece ser su apartamento.

Esta escena del apartamento es quizá lo más significativo de toda la historia; la habitación, así como el exterior del edificio, la pareja y la recién difunta viejita, denota aquella decadencia del hombre que ha entrado nervioso y acelerado, con sus muros desnudos e iluminados desde la parte superior. La cámara, a excusa de seguir a Keaton, nos muestra todos los elementos que se encuentran ahí dentro: la cama, la ventana, la mecedora, el espejo, la foto de Dios, la jaula, la pecera y una canasta con un perro y un gato. Cada uno de estos parece haber estado esperando su llegada, pues lo miran detenidamente, como si supiesen algo de él, algo que incluso él mismo desconoce. Pronto, el personaje cuyo nombre desconocemos, así como su pasado o incluso su presente, a pesar de estarlo presenciando, recorre la habitación con cierta extrañeza, tocando las paredes cual hombre ciego que intenta conocer el mundo a través de los otros sentidos. Sin embargo, la falta de sonido alguno hace hincapié en que tal vez no es solamente ciego, sino sordo, o por qué no, acusa al espectador, a uno como testigo, que lo que vemos es la blancura de la ceguera y lo que escuchamos es el ruido del silencio; nosotros estamos tan ciegos, sordos y decrépitos como aquel que vemos deambular desolado en pantalla. Así pues continúa el vaivén de Keaton por la habitación, un ballet magistralmente coreografiado, incitado por aquellos elementos que se han percatado de su presencia, alterándolo profundamente; en consecuencia, el hombre se irá deshaciendo de cada elemento sobre el cual posa su vista, comenzando por el espejo. Este, el espejo, podría ser el elemento más importante, reflejando no solamente su estado de cansancio físico, sino su propia mirada, esa mirada que tanto evita revelar ante la cámara; la mirada que esconde de nosotros los espectadores y de él mismo. El segundo elemento al cual se le otorga relevancia es el colguije de Dios sobre la ruinosa pared; una escena cargada de simbolismo, creo yo, ya que todo el juego de movimientos que hace el sinnombre, su constante estado de alarma y angustia, parece buscar a su único testigo (jugando con esto de que se ha roto la 4ª pared y uno como espectador lo ve también), el único al cual quisiera confirmar como tal. Sin embargo, toda la vida es un constante rechazo hacia Dios, en el sentido de que las cosas que hacemos, o mejor dicho, aquello que buscamos hacer, son las cosas que tienden a ser mal vistas, incluso prohibidas, castigadas, etc., pero ya podríamos debatir qué visión de Dios se está manejando en la escena, si aquella deidad racional germinada entre las reglas humanas, o aquella deidad subjetiva, ambigua, espiritual creada a partir de la nada que apela hacia el sentido común individual y no al salvajismo colectivo.

Así pues, el Keaton irreal se va deshaciendo de todo, hasta que dar sólo él; un hombre, el único elemento en el universo, sentado sobre su mecedora, hurgando entre viejas fotos que develan las etapas de desarrollo del hombre: como bebé, como niño, como adolescente y así sucesivamente hasta terminar con la fotografía de su persona actual. Esta es la primera vez dentro del filme que vemos a Keaton en su totalidad: un viejo, cansado y maltratado por los sucesos de la vida; un hombre que perdió, o desperdició el poco tiempo que poseía. Él mismo parece percatarse de esto, así que, con ese mismo ímpetu violento con el que irrumpe en el apartamento, comienza a romper las fotografías, eliminando cualquier rastro o evidencia de su presencia en la vida. Fatigado por las emociones, se queda dormido, y la cámara (o Dios, o nosotros) se mueve libremente por la habitación hasta terminar encuadrando al viejo Keaton dormido. Finalmente, despierta sobresaltado y muestra aquella misma expresión sobre el rostro que la mujer de las flores y la pareja en la calle; mira atentamente a quien lo ve: él mismo. Él mismo permanece frente a él, de pie, observándolo, juzgándolo. Bajo semejante escrutinio originado de su misma persona, el viejo Keaton que permanece sentado sobre la mecedora, se cubre los ojos y comienza a mecerse, hasta que termina el filme, nuevamente con el ojo que mira intensamente a través de la cámara. Curioso ver cómo un breve instante nacido de la mente de Beckett nos avienta sin aviso hacia un constante debate simbólico y metafórico de todo cuanto percibimos.

En entrevistas posteriores a la película, Schneider declaró que, a pesar de llevar él el título de director, la verdadera mente encargada de la realización del filme fue Beckett, quien permaneció siempre presente durante el rodaje, y su presencia realmente se transmite a cada segundo. Durante la trayectoria de la película, es posible respirar un aire de completa austeridad, de negligencia, de existencias disminuidas a tal grado que corren el peligro de desaparecer. Film es el retrato de un hombre, hastiado de tantos ayeres, errores, aciertos, experiencias y recuerdos. Es una historia de un carácter filosófico bárbaro, se quiera o no, pues uno no simplemente termina de ver el corto y autoritariamente exclama “me gustó”, o “no me gustó”, o “me pareció regular”. Innegablemente uno debe analizarla y debatirla, sin importar la participación de un segundo o tercero; esta es una de esas experiencias que nos ensimisma y pregunta las cuestiones que muchas veces dejamos de lado por flojera o miedo. Lo poco que he leído de Beckett me ha llevado a concluir que su obra surge a partir del propio cuestionamiento de él hacia él. O quizá no, quién sabe, quién soy yo para pensar tal o cual cosa. Sin embargo, esta es la interpretación a la cual me conduce su visión: la perspectiva de la huída, la decrepitud, la vida como interminable ciclo, Dios/Hombre, u Hombre/Dios, el silencio y la ceguera… y en qué momento todo el caos llega a tener sentido. Es verdaderamente impresionante e interesante cómo una pieza de menos de 20 minutos puede llegar a tocar de manera tan frontal, y a la vez ser tan oscuro en su mensaje, cuando llegamos a ver puestas en escena o películas que en tres horas no dicen absolutamente nada.

Aquí abajo podrán encontrar esta elemental obra cinematográfica, reducida a la pequeña pantalla del tutubo (curioso). Ya mentes como Beckett hay pocas y en esta versión de la modernidad, de la vida, en donde ya nada se entiende de nada, a veces este tipo de mentes son las únicas capaces de dar un poco de entendimiento a algo, a pesar de constante análisis que reclaman. Pero esta ya es una opinión que quizá deba descartarse por completo. 

(Y debido a que blogger se ha convertido en un pedazo de merde, no podré adjuntar esta joya beckettiana, por lo que mejor sigan el camino amarillo: http://youtu.be/Qox-KbkXITU ).



jueves, 22 de noviembre de 2012

Dos extraños suben a un tren... por Hitchcock

Sumergirse al universo de Alfred Hitchcock significa entrar a él y no salir jamás de ahí. La gran obra del maestro del suspenso es justamente eso: grandiosa. No se puede hablar solamente de trama y mantenerse en el límite al explicar: “sí, bueno, la película trata de esto…”, porque es imposible. Hitchcock proporciona con cada película una profunda inmersión a la psicología del ser humano y sus más recónditas perversiones y desviaciones; es una maldad en la que uno se regodea y disfruta a placer, tan sólo para encontrarnos de frente con nuestros propios demonios. Representa la ansia de morbo y curiosidad que nos mantiene al filo del asiento, conteniendo la respiración, las manos sudorosas y la mente tratando de entender lo que está sucediendo y lo que está a punto de suceder, y Extraños en un tren engloba perfectamente todo eso que he enumerado.

Guy Haines (Farley Granger) es un tenista cuya carrera va en ascenso y el hado ha dispuesto que se tope con el sociópata Bruno Anthony (Robert Walker), un junior desempleado que vive de la riqueza de sus padres, en el tren camino a su pueblo natal. Bruno lo reconoce y no deja pasar la oportunidad de conversar con alguien que comienza a destellar fama y ya entrado en confianza, le platica su plan para el asesinato perfecto; todos tienen alguien a quien quisieran eliminar de su camino, argumenta Bruno, en referencia a la esposa que le niega el divorcio a Guy, Miriam, y al padre del mismo Bruno -quien probablemente desee lo mismo para su hijo-. Para dar fin a la enfermiza conversación que han sostenido, Guy concuerda sarcásticamente con todo lo que Bruno ha dicho, simplemente para escapar de la manera más rápida de ahí, aunque aquel lo toma como el pacto firmado por sangre, por lo que comienza a movilizar su plan: Bruno asesina a Miriam y espera que Guy lleve a cabo su parte del trato, aunque este se niega y busca delatar los crímenes de Bruno. En represalia, el personaje de Walker implicará a Guy en el asesinato de Miriam con un encendedor que tiene sus iniciales grabadas. La tensión va creciendo hasta culminar en con un enfrentamiento entre ambos personajes sobre un carrusel que da vueltas descontroladamente, hasta que explota y se derrumba, matando a Bruno en el proceso.

Ninguna trama de Hitchcock es fácil de resumir y de explicar, pues está tan plagada de metáforas, referencias, símbolos e imágenes que dejan entrever una compleja y brillante trama argumental de un genio cuyo principio y filosofía a la hora de contar una historia es hacer sufrir al público tanto como se pueda. Bajo este precepto, construye a sus personajes y los moldea dotándolos de sus propios traumas y obsesiones que son recurrentes en su obra. Ejemplo de ello puede ser el personaje/objeto de la madre. Bruno y su padre son enemigos que no guardan cariño, mucho menos amor, el uno por el otro, tan así que el hijo recurre, como única salida al problema, al parricidio. La madre, por otro lado, sostiene una relación madre-hijo que puede llegar a tocar los límites del complejo de Edipo: él vive mimado bajo el ciego amor de su madre, quien lo atiende en cualquier necesidad, desde su bienestar mental, hasta el físico, como la escena en donde ella le proporciona un manicure -un juego en donde las finas y atendidas manos de Bruno sufren una especie de animalización para convertirse en garras de la muerte, con las cuales estrangulará el cuello de Miriam en un parque de diversiones, pues todo, a final de cuentas, en el gran plan de Bruno, es un juego de contrarios… criss cross.

Otro tema recurrente en el universo hitchockeano es el precepto de que todos tienen alguien a quien quisieran ver muerto. Esta filosofía, si es que se puede llamar así, aparece en otra de sus películas, La soga de 1948, en donde el personaje James Stewart, Rupert Cadell, entra en una larga y deliciosa explicación sobre el arte del asesinato: sólo los seres superiores tienen derecho a cometer asesinato, para librarse de un ser inferior. Los seres superiores, a los que alude Rupert, son aquellas mentes brillantes, intelectuales, burgueses (obviamente), que aportan a la sociedad con su alto estilo de vida y reflexión, mientras que los inferiores van siendo clasificados como aquellas molestas personas que detienen la fila para entrar al teatro, o un mesero que no se apura con las órdenes de la mesa, etc. Bruno, así pues, parece seguir esta escuela de pensamiento cuando, en una de las reuniones del senador Morton, comienza a explicar cómo y por qué cometer el asesinato perfecto, regresando al precepto de que todos tienen a alguien que quieren matar y la idea de asesinar, es una que a todos les cruza por la cabeza.

El asesinato es el tema por antonomasia en la obra de Hitchcock y es el prodigio con el cual firma cada historia. No hay muerte o asesinato que se copie entre sí; así como no hay muerte o asesinato llevado a cabo de la manera más sucia o despreocupada. Cada matanza que el director muestra es en sí una obra de arte y en él, las palabras de Rupert Cadell se hacen realidad: es el arte del asesinato. Es artístico ver cómo todas las piezas se posicionan cuando Bruno acecha a la promiscua Miriam, quien, no satisfecha de tener la compañía de dos hombres, coquetea con la mirada enfermiza de Bruno, mientras éste los sigue por el recorrido del parque de diversiones, culminando con un paseo por el túnel del amor y dar muerte a Miriam en esa escena tan famosa en donde la mirada del espectador se ve distorsionada por las gafas de aquella que yacen en el suelo. La escena parece salir directamente de alguna película expresionista alemana de terror, con ese juego de luz y sombras, en donde la metáfora juega perfectamente el papel que debe: cuando la cámara nos muestra el asesinato de Miriam, es un recuento mediado y fragmentado que pone en entre dicho a la audiencia como testigo. Es la mirada de Hitchcock, funcionando a manera de narrador, eligiendo lo que debe contarse y cómo debe contarse, algo que me recuerda al narrador en El Quijote cuando inicia con el famoso: “En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…”.

Habrá que buscar las similitudes y las diferencias entre la novela de Patricia Highsmith, en la cual está basada esta película, y la versión de Hitchcock; aunque a juzgar por personalidades y desviaciones creativas, ambos parecen jugar del mismo lado del jardín. La autora y el director comparten el mismo gusto por el thriller psicológico y esa sensación de satisfacción al sumergir al lector/público en un vaivén de emociones en donde no sienten compasión por nada ni nadie. Podrá ser que en verdad no exista el asesinato perfecto, sin embargo, Hitchcock su mundo, lo ha hecho posible, quizá sea esa la razón por la cual ocupe los primeros lugares en las listas de la crítica y de los cinéfilos (y lectores) comunes y corrientes. Yo siempre he pensado que de analizar y estudiar a fondo la obra de Hitchcock, uno podría cometer el asesinato perfecto, aunque mis filosofías vayan completamente en contra de aquellas que profesan Rupert Cadell, Bruno Anthony, y por supuesto, Alfred Hitchcock.

Aquí les dejo, esa memorable danza de la muerte entre Miriam y Bruno:




martes, 16 de octubre de 2012

"Suprise party"




The turntable hacked up a melancholy blues
The air was heavy with dust and odors
Several zazous danced while holding to their hearts 
Short girls with spasmodic behinds 

In a closet, an amateur obstetrics couple
Delivered themselves to games full of art and naivete
Another in a corner attempted with ardor
Tonsil-coupling, to music. 

Hands encountered one another under too-short skirts
Drunk, two lovebirds-(what if I said: two dodos?)
Looked everywhere for a bed; they were all full... 

Let this happy youth screw itself
Why eradicate from them this impure manure
If their hope restricts itself to rubbing membranes?


Boris Vian

lunes, 15 de octubre de 2012

Mis mañanas descritas por Boris Vian


"Claude Léon oyó a babor el trompeteo del despertador y se despertó para escucharlo con mayor atención. Una vez hecho, volvió a dormirse maquinalmente y, sin intención alguna, reabrió los ojos cinco minutos después. Miró la esfera fosforescente, comprobó que era la hora y rechazó la manta; afectuosa, al instante la manta trepó a lo largo de sus piernas y lo envolvió. Estaba oscuro y todavía no se distinguía el triángulo luminoso de la ventana. Claude acarició la manta, que dejó de moverse y consintió en permitir que se levantase. Se sentó, pues, en el borde de la cama, extendió el brazo izquierdo para encender la lámpara de la cabecera, se percató, una vez más de que la lámpara se encontraba a su derecha, extendió el brazo derecho y se golpeó, como todas las mañanas, contra la madera de la cama.

-Acabaré serrándola -murmuró entre dientes.

Los cuales se separaron de improviso y la voz de Claude resonó bruscamente en el aposento.

'¡Vaya, hombre! -pensó-. Voy a despertar a toda la casa.'

Pero, aguzando el oído, percibió la cadencia uniforme, la suave y pausada respiración de los suelos y de las paredes, y se tranquilizó. Las líneas grises del día se comenzaban a entrever alrededor de las cortinas. Fuera, había la opaca claridad de una mañana invernal. Claude Léon exhaló un suspiro y sus pies buscaron las pantuflas sobre la alfombrilla. Se puso de pie con esfuerzo. El sueño se resistía a escapar de sus poros dilatados, produciendo un blando ruidito, como un ratón que sueña. Desde la puerta y antes de darle al interruptor, se volvió hacia el armario. La víspera había apagado la luz bruscamente, en el instante exacto en que hacía una mueca ante el espejo, y ahora quería volverla a ver, antes de ir a la oficina. Encendió de golpe. Su rostro de la noche anterior estaba aún allí. Rió estentóreamente al contemplarlo; después, el rostro se esfumó a la luz de la bombilla y el espejo reflejó al Claude del nuevo día, a quien Claude volvió la espalda para irse a afeitar. Siempre se apresuraba para llegar a la oficina antes que su jefe."


El otoño en Pekín, Boris Vian
Tusquets Editores México, pp. 29, 30.

sábado, 13 de octubre de 2012

No me hagan caso...

Escribo, escribo, escribo, escribo, escribo, escribo...
y, ¿qué digo?

Nada, nada, nada, nada, nada, nada...

y pienso, pienso, pienso, pienso, pienso, pienso...
en puras pendejadas.


Mi única esperanza es que si tantas pendejadas existen, rigen, gobiernan, rifan y controlan en el mundo, las mías no pueden estar tan alejadas de la realidad y de la ficción. Porque la realidad es ficción y la ficción realidad... es el mundo sin límites.


 

martes, 18 de septiembre de 2012

En clase. Darío. Cómo se hace una novela...

Mes de rosas. Van mis rimas...

En clase. El maestro lee "Azul", poema de Rubén Darío. Entra la primavera con todas esas frases y palabras que tanto me causan revoltijos de ácidos gástricos.

Como a un alba; y las encinas...

Las imágenes me empalagan el oído y provocan el mal sabor de boca. Me da flojera esta exageración sensorial o sentimental y traigo a la mente, nada más para antagonizar y poner el debido equilibrio, el perverso aliento de la madre naturaleza que Von Trier expone en poéticas visuales de la cinematografía como Anticristo.

A recoger miel y aromas...

Prefiero aquellas imágenes paridas de la mente de un depresivo patológico que la alienación color de rosa de un poeta con alas de cisne. Lo he leído ya en alguna otra ocasión y no quería volver a perder mi tiempo con él. Mejor escuchar la voz de Unamuno que parece ser un alma en síntesis con la mía... al menos cuando dice: "Héteme aquí ante estas blancas páginas...". Cosa terrible esta. Blancuras de página, blancuras de cisne, blancuras de estos muros indiferentes de la gélida aula de clases.

¡Oh, amada mía! Es el dulce Tiempo de la Primavera.

martes, 4 de septiembre de 2012

"Odio cósmico" parte 2



Lo prometido es deuda... después de muchos días Blogspot decidió cooperar conmigo y me deja por fin poner videos.

"Odio cósmico", Novo Pilota, E.T.E.R.N.A.U.T.A.

viernes, 31 de agosto de 2012

"Un poco más tarde"

Escribir es buscar la suerte.

La suerte anima las partículas más peque- ñas del universo: el centelleo de las estrellas es su poder, una flor de campo sin incantación.

El calor de la vida me había abandonado, el deseo ya no tenía objeto: mis dedos hostiles, do- loridos, tejían siempre la tela de la suerte.

Al reconocer a la suerte tan nauseabunda an- gustia, tenía el sentimiento de llevarle el hilo que faltaba.

Feliz, yo era su juguete, era su cosa, ELLA era el sol en la espesa bruma de mi desgracia.

La había perdido, pero conociendo los secre- tos de las palabras, mantenía entre ella y yo el lazo de la escritura.

La suerte está velada en la tristeza de este libro. Sería inaccesible sin él.

Georges Bataille en El Pequeño



Hoy aplico la de Jarmusch... he tomado la voz de Bataille prestada mientras me nacen ideas propias. O mejor dicho, mientras organizo el caos de ideas que ya me provocan dolor de cabeza.

lunes, 27 de agosto de 2012

"Odio cósmico", Novo Pilota

En los últimos años, pocas cosas se han escuchado como el E.T.E.R.N.A.U.T.A. de Novo Pilota. Música que aun guarda la intención de pegarle en algún clavo de nuestra conciencia para hacernos entender algo, y canciones como “Odio Cósmico”, dicen más de lo que muchos jamás podremos decir. Escrita dentro del desierto de la soledad, de la guerra, del miedo, de la sangre, esta oda al coraje humano no es un lamento sino una llamada a seguir siempre luchando por uno mismo sin dejar que el terror de la realidad nos venza. El sencillo, que ya había sido estrenado hace un tiempo, vuelve a cobrar relevancia nuevamente ante una nueva realidad y con un nuevo video en donde podemos conocer a quienes están detrás de este sorprendente pedazo de música con el cual tantas personas han podido convivir como uno mismo. Tan sólo un complemento a una canción que por sí sola brilla con su vibrante sonido; el rock que pareció haber desaparecido tras una cortina de pop comercial, regresa y más fuerte que nunca, en una ciudad que muchos han olvidado entre los titulares del periódico para demostrar que del fuego y de las cenizas, los músicos de esta frontera tomaron fuerza y como nunca, se paran guitarra, bajo y batería en mano para enseñar que aquí, el rock jamás desapareció.

-Y ya que nuevamente falla, como es de costumbre, el blogspot, para ver el video habrá que redirigirse a la página de YouTube, aquí: ODIO CÓSMICO

(Aquí, una pequeña reseña del álbum: E.T.E.R.N.A.U.T.A  )