lunes, 11 de abril de 2011

E.T.E.R.N.A.U.T.A.


Hoy escuché que la música no es capaz de transmitir una idea como la podría transmitir, digamos, la poesía. No estuve muy de acuerdo con dicha afirmación, sin embargo, ahí está, fue la opinión de alguien. Ahora… sé con más certeza que muchísima gente, sobre todo en esta pobretona ciudad de sequía cultural (no por uno, sino por “los de arriba”), opina que el Rock no es un género propositivo, artístico, emotivo, incapaz de transmitir ideas coherentes, importantes y definitivamente, jamás de los jamases, lo etiquetarían como un movimiento cultural. Mas la realidad es otra, por más que lo nieguen, pues en esta ciudad, ávida de voces que no se callen, ni sean calladas, qué mejor manera de gritar que con Rock.

Novo Pilota es una banda juarense que acaba de lanzar su segundo álbum E.T.E.R.N.A.U.T.A., mismo que está basado en el cómic argentino de finales de los 50’s, El Eternauta, creado por H. G. Oesterheld y Francisco Solano López. En él, la humanidad se ve asediada por una invasión extraterrestre (aunque la historia se lleva a cabo en Buenos Aires), así que Juan Salvo y sus amigos, se ven obligados a buscar maneras de proteger a los suyos, uniéndose así a la última resistencia en contra de la amenaza alienígena. Si bien la historia es de ciencia ficción, el trasfondo que conlleva la novela gráfica es muchísimo más grave y seria, metaforizando la tensa situación política argentina de la época, con la militarización del país, los golpes de estado y las inexplicables desapariciones de aquellos quienes osaban levantar la voz sobre los hechos, como fue el caso del propio Oesterheld. La historia era propicia a la ocasión: no sólo una ciudad, sino un país que vive asediado por la violencia, la aparente militarización, la corrupción, el narco, las extorsiones, el juego de la política y vaya, la lista sigue.

A lo largo de siete temas, la voz del Eternauta se filtra y se manifiesta, evolucionando hacia los pensamientos no sólo de un hombre, sino de toda una colectividad. Con la canción temática, ‘E.T.E.R.N.A.U.T.A.’ se puede vislumbrar a la figura del héroe colectivo del cual hablaba Oesterheld: nosotros mismos. Una canción cargada de adrenalina y fuerza, guitarras estridentes, distorsiones envolventes, hipnóticos beats y una voz que nos urge a resistir y seguir adelante. Y para quien haya leído el cómic, encontrará en la letra referencias hacia pequeños detalles de la novela, algo que en lo personal me gustó muchísimo. ‘Odio Cósmico’ fue otro de los temas que más llenaron mi oído, comenzando por el sonido y la estructura musical, con algo que podría definir como una muy simétrica asimetría rítmica, con esa misma explosión energética que se palpa desde el inicio. Acto seguido, la letra carga con una fuerza emocional imponente: Ojalá que enfrentes todo como es/ que en tu largo viaje encuentres lo que estás pidiendo/ Ojalá que sea tal como lo crees/ que tu traje te haga fuerte cuando estés adentro […] Ojalá el regreso sea lo que fue/ que las piedras del camino no te dejen ciego/ Ojalá mi llanto aún me deje ver/ que esta sangre entre mis manos no me esté mintiendo. ‘Hombre Robot’ es un cambio de perspectiva, en donde la voz se posiciona dentro de las botas de aquellos hombres que “solo siguen órdenes” sin cuestionarlas jamás, enmarcado dentro de una batería que bien asemeja los redobles de los tambores bélicos. ‘Let It Burn (Ya no hay sol)’ oscila entre el inglés y el español, algo que quizá causó un poco de ruido en mí, pues nunca me han gustado estas variaciones en una misma canción, este como pochismo; sin embargo, de alguna manera u otra logra trascender esa pequeña molestia propia para convertirse en una canción demasiado pegajosa, especialmente con el coro en español. La canción es una conversación entre víctima/victimario, inspirada en hechos terriblemente reales, acontecidos al propio vocalista (lo que escuchan en inglés es tan sólo el eco de lo que le sucedió). Por último, ‘Quontinnum’, tema en el cual el alma se desnuda y expresa el dolor de la pérdida. Esa inevitable sensación que nos encara violentamente con la realidad de haber perdido a alguien (o quizás a nosotros mismos) y el necesitar recobrarlo a como dé lugar. Es una pieza melancólica, sin lugar a dudas, pero con una belleza desbordante y poética.

La total ausencia de silencio a lo largo del disco es muy notorio, algo que es imposible pasar de largo, ayudado a los interludios que funcionan como marcos contextuales entre canción y canción; en ellos se podrán distinguir discursos enteros de inconformidad y preocupación, como el escuchar tropas marchando entre ‘E.T.E.R.N.A.U.T.A.’ y ‘Odio Cósmico’, o el desgarrador sonido de explosiones y balas contrapuestos con la melódica belleza de la viola entre ‘Let It Burn’ y ‘Quontinnum’, o el interludio en el cual, de entre un saturado pastiche de noticieros, entrevistas y notas de diversos personajes (cuyas voces son inconfundibles), surge la voz de un hombre que militarizó todo un país para llevarlo al poder y la gloria, para meterlo en orden… un alemán llamado Adolfo. Son sutilezas como esta las que terminan por englobar una obra que bien refleja lo que muchos piensan y sienten, lo que muchos viven y lo que muchos quisieran evadir.

Si hay algo positivo de los momentos de crisis que se debe rescatar, es precisamente esto: la expresión, el arte, la creación. Todo lo que nos impulse a innovar y no solamente esperar un cambio que caiga del cielo. Hace unos cuantos ayeres, Juárez era una ciudad, no solo famosa por la industria maquiladora, sino por la escena musical y los espacios que permitían a una infinidad de voces moldear a su comunidad. A pesar de que ésta escena ha quedado relegada hacia los confines de pequeños bares, es una escena que sigue aún muy viva y dando de qué hablar, ejemplo de ello está en este álbum, el cual a lo largo de 8 temas, se expone en voz, verso y música, el sentimiento colectivo de muchos.


(Para escuchar el disco, visitar: www.reverbnation.com/novopilota)

Epifanía

Realmente necesito leer más... esta semana me di cuenta de que no sé nada. Esa es una verdad terrible de encarar.

jueves, 31 de marzo de 2011

Little Frog

Hace tanto tiempo que no escribía, que no visitaba el blog, ni mis cuadernos, ni las chocantes hojas blancas del Word; había estado combatiendo un constante estado hormonal altamente alterado, náuseas de 24 horas, los 7 días de la semana y una inexplicable apatía, que incluso me llevó a la completa abstinencia musical… un episodio ya pasado, ¡fiuu! Ahora sólo me ocupo de permanecer recostada casi la mitad del día, no tanto por gusto, sino por órdenes del médico, pues el chiquillo lo requiere… una pequeña ranita que va creciendo en mí y que ya me muero de ganas por conocer. Me froto las manos de puritita y completita emoción, pensando en toda la música que aprenderá, la estúpida cantidad de películas que llegará a ver y todos los libros que le tocaran por las noches (como cuentos de Poe antes de dormir… ya saben, kid friendly). Pobre pequeño (en un sentido generalizado), le ha tocado ser hijo de un par de geeks. Terminaremos por formar a un bohemio-romántico-idealista, quien aparte de todo, por cuestiones genéticas, tendrá un afro de cabello chinísimo, usará gafas y converse como zapato de todos los días; recibirá en vez de juguetes, un par de guitarras, pinturas, pinceles y blocks, una interminable biblioteca de cuentos, novelas y cómics, y sin duda alguna, la discografía entera de los Beatles. Y quizá, en un futuro no muy lejano, nos reclame el no haberle regalado juguetes normales, el haberle causado pesadillas en las noches y el tener que haber visto películas cuyo idioma no entendía. Sí, tal vez.

martes, 29 de marzo de 2011

lunes, 28 de febrero de 2011

El regreso a Radiohead por Radiohead


Como ya se han enterado, porque pues no fue una noticia que se haya mantenida secreta, The King of Limbs de Radiohead, salió a la luz hace unos pocos días, no tiene ni dos semanas. Sigue siendo una novedad, aunque el tema haya ido decreciendo desde entonces. Para mí fue una muy grata sorpresa… o qué digo grata… esa palabra ni me gusta; me volví loca cuando me enteré apenas unos días antes del lanzamiento que Radiohead nos regalaría un álbum más. Y lo que me sorprendió más que nada fue el hecho de que nadie, nadie en el planeta entero, excepto ellos, sabían de este lanzamiento. Todo se reducía a un puñado de vagos rumores por medio de fans o críticos que realmente extrañaban el sabor a Radiohead entre sus columnas. Otra sorpresa más fue el recibir un día antes de lo marcado, el disco, así que ya para el atardecer del viernes, el mundo entero se devoró los 8 tracks del King of Limbs. Incluso muchas revistas en línea y críticos en general, dieron su desglose canción por canción. Pero esas ya son palabrerías de más. Mejor hablemos del disco en sí.

Debo confesar que después de la belleza de obra que fue In Rainbows, mis expectativas con respecto al nuevo álbum eran muy grandes. Traté de evitar soñar en grande, pero esta es una de esas bandas con las cuales uno no se puede dar el lujo de perder la fe, o ponerla en duda. Si algo han logrado los Cabeza-de-Radio siempre, es sacar un buen disco tras otro, y he aquí que 8 discos después, no han perdido el toque. Eso sí, debo admitir que para mí, King of Limbs no sobrepasó In Rainbows, aunque a esta declaración le sigan bastantes espumarajos de boca por parte de algunos o de muchos que se han deshecho por el nuevo disco. Sin embargo, es tan sólo mi opinión. Para las dos de la tarde, ya le había dado tres vueltas al King of Limbs; al final de la tercera vuelta, sentí que esa sensación que me producía era un regresar a… por lo que me vi obligada por fuerzas mayores a mí (que, ¿cuáles fuerzas? sepa la fregada) a escuchar Kid-A y posteriormente Amnesiac. Entonces, y sólo entonces fue cuando supe hacia dónde me había trasladado ese sonido.

Principia el disco con ese fade-in del piano a manera de iniciación a un rito colectivo y los sonidos electrónicos, ya tan bien dominados por la banda desde hace más de una década, nos introducen al lugar común, así que ya para cuando escuchamos la voz de Yorke sabemos que hemos llegado a casa. El ritmo se mantiene dinámico durante todo el disco, a pesar de variar el ambiente y el humor a través de éste, con sonidos envolventes e hipnotizantes. Mientras escribo esto vuelvo a escuchar el disco, con los audífonos puestos y el volumen alto… es hipnotizante. No hay manera de escucharlo y no perderse en los escenarios que la música pinta: profundos, aterciopelados, policromáticos, melancólicos y conflictivos; aunque parezcan interpretaciones oscuras y los sentidos un tanto herméticos, como yo que batallo mucho para entenderle a la letra de buenas a primeras, no siempre es así. Pero a quién le importa hablar de significados con una primera vez que se escucha la obra en cuestión (esta u otra, la que sea). La música y su sentido evolucionan a la par que nosotros lo hacemos, por lo que podríamos hablar de un atemporalidad; es música que no envejece ni se vuelve obsoleta. Lo que hoy sienta con King of Limbs sé que será diferente cuando dentro de 10 años más lo vuelva a escuchar y a experimentar. Es por eso que cuando terminé de escucharlo la tercera vez aquel viernes, regresé a Kid-A y respiré ese aire de nostalgia y recuerdo, en donde la música me llevó hacía la primera vez que lo escuché y lo que sentí en ese entonces. Una de las cosas en las cuales reposa la belleza y la importancia de una banda como Radiohead, según yo, es esa nostalgia e inmortalidad con las que carga su música y su obra entera.

The King of Limbs es, para mí, un muy buen álbum, no lo puedo negar y creo que muchos piensan de la misma manera; aunque no sobrepasó la perfección del histórico y revolucionario In Rainbows, a mi manera de ver las cosas. Se deshicieron un tanto de la grandiosidad que aquel había armado y se regresó un tanto más al sonido electrónico y synth-based del pequeñísimo e insignificante álbum del 2000 que fue Kid-A. No es masticar fórmulas viejas y vomitar algo nuevo, es simplemente un regresar a… Sí, así lo describiría yo. King of Limbs es un regresar a… una mirada hacia atrás mientras se sigue caminando hacia adelante.

viernes, 18 de febrero de 2011

Lo mejor del viernes.... Radiohead

El mundo entero despertó esta mañana de febrero para descubrir que el nuevo álbum de Radiohead, The King of Limbs, estaba ya disponible para todo aquel voraz fanático y melómano ordinario que quisiera y se muriera por tenerlo entre su colección (santuario) digital. Sí, yo sé que ya todo el mundo lo sabe y que los Cabeza-de-radio están en boca de todo el mundo, obviamente, en los míos también. Ahí luego pasaré para dejarles algo que leer sobre el álbum, mientras tanto, he aquí 'Lotus Flower', el primer sencillo del disco con Thom York bailando muy a la Thom York. ¡Feliz viernes!

viernes, 4 de febrero de 2011

martes, 1 de febrero de 2011

El regreso de Peter, Björn & John... rayos


¿Recuerdan “Young Folks”? Esa pegajosa y difícil de olvidar melodía que todo el mundo chiflaba en sus momentos de autismo (bueno, yo chiflaba en mis momentos de autismo); esa tonadita que por todos lados nos perseguía, incluso nos buscaba. Bueno pues los autores de semejante fenómeno regresaron con Gimme Some. Con Writer’s Block, este trío sueco logró juntar una cantidad de seguidores abrumadora, muchos de los cuales, sin lugar a dudas, desaparecieron con Living Thing, un disco muy difícil de escuchar de principio a fin; nada polifacético como el anterior, aunque a mí me agradó bastante el ambiente denso con el cual cargaba. Y si recorremos la línea histórica un poco más hacia atrás, esa misma dificultad está en Seaside Rock… un álbum que me recuerda a las películas de Bergman, ya que hay varios tracks en los cuales se escuchan conversaciones en sueco, acompañados con algunos acordes musicales, mismos que fungen más como complemento de la conversación que como piezas por sí solas. En fin. Para el gran alivio de muchos que se quedaron con esas ganas de música pop-pegajosa, rítmica, liviana, deglutida, nada desafiante, el trío apareció este año con la secuela del Writer’s Block. Y curiosamente, no me llena el oído. No en su totalidad.

Hay discos que funcionan en su totalidad, en las que es imposible adelantarle o cliquear el random y pasar el tiempo escuchando de todo. Sin embargo, éste no es el caso. Gimme Some funciona mejor segmentado, mezclado con cualquier cosa que se encuentre en la lista de música, algo que me duele admitir. ‘Tomorrow Has to Wait’ no fue una buena opción para abrir la obra, aunque el título se me hizo adecuado, el mañana tendrá que esperar… a que encuentre ese gancho que me diga “tienes que escucharlo”. En ‘Dig a Little Deeper’ las guitarras reminiscentes al surf, aunque sean ecos inspirados en dicho género, crean un ligero gancho de interés, mismo que no encontré por ningún lado en la primera canción, el rasgueo se queda atascado en la cabeza, como esas melodías que sólo necesitan de un momento de contacto con nuestro sentido auditivo para permanecer molestamente repitiéndose una y otra y otra y otra y otra vez…. o qué, ¿no recuerdan “It’s a Small World After All” o la interminable línea de elefantes que gustaban de columpiarse?. El tercer track, ‘Second Chance’, promete un poco más, recurriendo al pop de ritmos pegajosos que tan bien dominaron en Writer’s Block, incluso acercándose peligrosamente a emular esos sonidos dejados en un pasado no muy lejano. ‘Eyes’, me recuerda, o mejor dicho, me suena mucho a ‘Close To Me’ de The Cure; que ésta sea referencia directa, la verdad no lo sé, pero la similitud ahí está en el ritmo de la batería, en las palmas chocando. Para la mitad del álbum, me topé con ‘Breaker Breaker’, canción introducida por una sumatoria de instrumentos con el volumen alto, batería, bajo y guitarra; una fórmula sin lugar a dudas muy sencilla que nunca falla, lo bueno y lo malo de ella es que dura menos de 2 minutos. Y siguiendo con la línea de canciones de duración menor a los 2 minutos, ‘Black Book’ repite la sencilla fórmula de los básicos (guitarra, bajo y batería), con una austeridad encontrada en bandas como Joy Division, y que Ian Curtis me disculpe por la analogía, o más adelante, en los Libertines, aunque jamás lleguen al caos, la locura y la destrucción de la música post-punkera de Pete Doherty y compañía. Y ya de ahí pa’l real, pues el disco cae cual piedra por el barranco, quizá sólo para cerrar de manera decente con ‘I Know You Don’t Love Me’, en una atmósfera cavernosa con reverberación vocal, tanto solista como coral, acompañados y complementados por discretos riffs encantadores y esporádicas presentaciones de un lejano sinte.

En resumen, no terminó por convencerme, aunque salvaría un par o un trío de canciones que mezcladas con otra cosa ganarían peso. Y que por qué perdí tiempo escribiendo sobre esto si no fue de mi agrado, pues no sé… tengo la ligera esperanza de que las melodías crezcan en mí, así como pasa con todo, siempre y cuando le demos la oportunidad en un día y tiempo en donde la paciencia para con la música, el cine y la literatura es algo de mucho pedir. Sólo uno podrá decir.

Aquí les dejo "Breaker Breaker":


De regreso

He vuelto. Me vi en la necesidad de tomarme unas ligeras (muy ligeras) vacaciones, durante las cuales me dediqué a sumergirme total y completamente en mis burbujas. Leí, escuché música, pinté y atasqué mi pobre mente de películas, tanto banales como intelectuales, comerciales y artísticas. Incluso intenté escribir mi primera novela, sin embargo, después de tres líneas admití mi rotundo fracaso como primeriza…

… bueno, tal vez lo de la novela estuvo un poquito de más. Aunque sí quise tentar las aguas con un cuento. Algún día encontraré el nervio para postearlo por aquí. Pequeño pedazo de nada, surgido de la nada del momento, mientras nada cruzaba por mi mente. ¿Cómo ven el argumento central? Nada. Y mientras mis pasiones me inducían en lo más delicioso de las fantasías diurnas y me hacían más despistada y accidentada que de costumbre, ideé un proyecto alterno a este blog, lo cual es una sorpresa; por lo pronto, necesito hacerme de un pequeño micrófono para computadora, un programa de edición de audio y entrenamientos vocales (y no me refiero a mi próximo lanzamiento como canta-autora, prefiero evitarles el mal rato).

Prometo volver pronto con alguna novedad o vejedad… Feliz Martini.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Lo mejor... The National, High Violet

1. The National, High Violet

I’m a confident liar, got my head in the oven so you know where I’ll be. I try to be more romantic, I wanna believe in everything you believe. I was less than amazing, I do not know what all the trouble was for, I fall asleep in your branches, you’re the only thing I want anymore.


Debo admitir que me ha costado muchísimo decidir entre Joanna y The National, ambos discos me despojaron de mi aliento y consiguieron lo mejor de mi atención. Ambos fueron obras a las que constantemente recurrí durante el transcurso del año, mismas que con cada vuelta crecían y crecían y crecieron a tal grado de quedar cimentadas como lo mejor que llegué a escuchar durante 365 días de horas repletas de música. High Violet es un álbum cargado de emociones oscuras, densas, sádicas, depresivas y para ser un álbum tan pesado, la música logra comprometerlo a tal grado que lo convierte en poesía, de esa tan dolorosa que causa placer, convirtiéndonos a quienes lo escuchamos en masoquistas y con todo el orgullo de serlo. Antes de High Violet, no conocía a The National, así que después de haber escuchado el disco, me di a la tarea de buscar lo pasado, encontrando Boxer y The Virginia EP. Ambos muy buenos discos, sin embargo no están a la altura de High Violet. En Boxer, el disco anterior, ya se escuchan los pincelazos de lo que se convertirá en su mejor obra a la fecha; la oscuridad comienza a apropiarse de las canciones, a pesar de que no llegan a esa densidad con la cual cuenta High Violet. En cuanto a arreglo musical, se escucha, ya se siente y se ve venir la magnificencia con la cual The National se presentó este año al mundo. Las canciones son ricas en estructura y en letra, en música y en sentimiento, liderados por la afectiva voz de Matt Berninger, la cual le dota de un cierto romanticismo a cada pieza; romanticismo oscuro y tormentoso, digno de novelas post-revolucionarias de la Francia del siglo XVIII; llamémoslo post-Romanticismo, en el cual encontramos todos los rasgos y características del movimiento, inyectado del siglo XXI. Es sólo cuestión de escuchar las canciones, las cuales escupen, entre tanto verso, frases que seguramente les acosarán el subconsciente (y el consciente también); ejemplo, ‘Terrible Love’, canción que abre el disco: /It’s a terrible love, and I’m walking with spiders/. “¡Qué cosa más terrible que el amor!” dirían los poetas. O también en ‘Sorrow’: /Sorrow found me when I was young; sorrow found me, sorrow won/. En ‘Lemmonworld’: /I’ll try to find something in this thing that means nothing/. Y por su puesto, ‘Conversation 16’: /I was afraid I’d eat your brains, ‘cause I’m evil/. Etc. Quizá no todo sea amor, quizá no todo sea uno… pero qué digo… todo es amor, todo es uno mismo. High Violet es la tortuosa expresión interna del hombre, de un hombre, de cualquier hombre; es un maravilloso álbum, matizado con poética, pero cimentado en el rock. Definitivamente The National merece la corona de olivo, el cetro y el trono.

Aquí abajo 'Bloodbuzz Ohio':

Aquí 'Sorrow':

...y 'Vanderlyle Crybaby Geeks':