
Nomás porque sí: porque fanfarronerías sonoras provenientes de trompetas doradas llenan el archivero de mi cabeza. Porque los bloques contra la inspiración aturden. Porque no hay más que hacer más que aventar los escupitajos de letras hacia el camino. Porque duelen las llagas de los dedos de tanto escribir. Porque hay que escribir. Porque si no escribo, moriré.
lunes, 10 de mayo de 2010
High Violet, The National

lunes, 3 de mayo de 2010
Reconstrucción, Christoffer Boe
Iniciamos con un pequeño preludio, un truco de magia, en donde vemos a un hombre haciendo levitar a un cigarrillo y una metáfora, en la cual se contrapone el truco con el amor, o el enamoramiento, mejor dicho. Terminado el truco, nos trasladamos hacia el interior de un café en Copenhague, en donde un hombre y una mujer están a punto de conocerse, introducción hecha por la voz en off de August, nuestro narrador. Ella es Aimée, una misteriosa y bellísima mujer sueca en una misión para encontrar el amor y la espontaneidad hace mucho perdida dentro de su matrimonio. Él es Alex (Nicolaj Lie Kaas), un fotógrafo en una misión un tanto similar, aunque opuesta, pues su noviazgo con Simone lo provee de todo el cariño y el amor que alguien desearía tener. Así que esta premisa de los personajes principales se desenvuelve en un escenario de total embrujo y encanto, entre unas poéticas columnas de humo liberadas por el cigarrillo y el café.
August, esposo de Aimée, es un exitoso autor de novelas que viaja a Copenhague para promover su última creación, la cual aún no ha terminado de escribir, y que pronto descubrimos, es la misma historia que Alex y Aimée están viviendo -algo así como lo que sucede con Unamuno y su novela Niebla, en donde el personaje principal se ve arrojado al juego de su creador-, pero eso ya es adelantar un poco la historia. Una vez acomodados en el hotel, August se despide de su esposa para cubrir unas cuestiones de negocios con su asistente Mónica, Aimée, entristecida de no poder pasar más tiempo con su esposo, se dedica a deambular por las calles de Copenhague hasta toparse con el desdichado Alex en el metro, quien va acompañado de su novia Simone, y que el ávido observador se podrá dar cuenta de que Simone y Aimée es interpretada por la misma mujer (Marie Bonnevie), algo que dará pie a muchas interpretaciones. Alex, presa de la despampanante elegancia de Aimée, abandona a su novia (quien momentos antes había depositado en el bolsillo de Alex una nota de amor) en el metro y comienza a seguirla, hasta terminar en un café entablando una conversación coqueta y juguetona con ella. Las chispas vuelan por todo el lugar y Alex termina la velada envuelto en las sábanas con Aimée. A la mañana siguiente, vemos a Alex vistiéndose, mientras su sirena sigue profundamente dormida, e irse. Segundos después, Alex sale de la ducha y saluda a una muy despierta Aimée, quien le dice que su esposo está por llegar y él debe irse. ¿Confuso? Puede parecer la misma escena, pero no lo es, y es que debemos recordar que la historia de Alex y Aimée nos está siendo narrada por dos personas, la primera es el director (Boe) y la segunda es August, el narrador de la historia, el esposo de Aimée, el autor.
Aimée pues anima a Alex para verse más tarde y él le deja un mensaje sobre el lugar y la hora, adornado por su encendedor, dejado atrás intencionalmente como un souvenir de la noche anterior. Mientras esto sucede, August regresa de su noche de negocios y se topa a Alex en el camino, a quien le pregunta si tiene fuego para encender su cigarro. Éste le responde que sí, pero pronto se acuerda de que ha dejado su encendedor y le responde prontamente que ya no lo tiene, pues lo ha regalado y se va. August prosigue su camino, con esa frustración que sólo los fumadores conocemos cuando queremos desesperadamente prender un cigarro pero no tenemos manera de hacerlo (en fin), entra a la habitación mientras Aimée está en la ducha, así que no lo escucha entrar. La cama es un desastre, claro, después del revolcón de la noche anterior, detalle que no se le escapa a August, así como tampoco se le escapa la nota que Alex le dejó a su esposa con el lugar y la hora en la que se deben encontrar, junto con el encendedor. El pánico toma posesión de August y sale despavorido de la habitación, tan solo para entrar momentos más tarde, con la más profunda tranquilidad para saludar a su esposa, quien ya ha salido de la ducha y ha acomodado la habitación de tal manera para que, según ella, su esposo no note nada fuera de lo común. August, amorosamente, le propone a Aimée dejar la gira de promoción de su libro e irse a casa, pues lo único que desea es pasar tiempo con ella, emocionada, Aimée comienza a empacar tan sólo para terminar desilusionada, una vez más por su esposo, así que ella emprende su camino hacia el lugar en donde se encontrará con Alex.
Alex, por su parte, se ha visto arrojado a las sínicas fauces del destino, quien al parecer ha borrado evidencia alguna de que alguna vez haya existido. Ahora explico. Después de haber dejado el hotel, Alex se dirige hacia su departamento, tan solo para descubrir que éste ha desaparecido, y que, según la casera, dicho departamento jamás ha existido. En su confusión, Alex decide visitar a su mejor amigo tan sólo para descubrir que él tampoco le conoce, así que cae en la conclusión de que todo esto ha sido planeado, a manera de venganza, por Simone, su novia, así que decide confrontarla. Una vez que llega a casa de Simone, Alex le reclama el por qué de esa pesada broma y le ofrece disculpas por haberla abandonado en el metro y una incrédula Simone le confiesa que debe estar confundido, pues ella jamás lo había visto en la vida y se retira.
Mientras Alex intenta asimilar todo lo que le ha estado sucediendo, se dirige a su encuentro con Aimée. Al verla entrar, nervioso se acerca hacia ella, no sabiendo si lo reconocerá o no, pero a diferencia de los demás, Aimée le sonríe cariñosamente y se sientan. La tarde transcurre, entre jazz y bailes en el parque, con nuestros personajes respirando un aire de incertidumbre y pasión, algo que tal vez extrañaban de sus relaciones anteriores. Embriagados de la emoción, Alex le propone a Aimée escapar de sus vidas y fugarse, y ella accede. Una vez de regreso en el hotel, August confronta a su esposa, conociendo ya la intención que tiene de abandonarle y trata de convencerla de que no lo deje, incluso le muestra su novela terminada, y le explica que la mujer de su ficción es ella. Confundida, Aimée lo deja y se pierde deambulando por la calle.
De noche, Alex toma camino hacia el café en donde se encontrará con Aimée, pero en el camino, se topa con la figura de Simone, a quien distingue entre un grupo de personas dentro de un bar. Ella, al verlo, se acerca y le dice que le invite una copa. Platican y se coquetean, él hundido en un aire de nostalgia y ella atraída por el peculiar carácter de Alex. Mientras tanto, en otro punto de la ciudad, Aimée espera angustiada a Alex, quien al parecer se ha olvidado de ella. En este momento, Alex se percata de que se le ha hecho tarde y corre en busca de Aimée, quien ya ha abandonado el café y se dirige de regreso al hotel, totalmente desecha. Alex logra alcanzarla y se disculpa por haberse tardado, ella le hace ver que la razón de su tardanza es porque ha dudado justo en el último momento. Volvemos a escuchar la voz de August, quien nos explica que, para que ella vuelva a retomar la confianza de Alex, deberá pasar una prueba, tal vez estúpida, pero significativa, al igual que Orfeo, al rescatar a Eurídice de las penumbras del inframundo, Alex deberá caminar frente a Aimée, confiado en que ella le seguirá. Si él llegase a voltear la cabeza, ella desaparecerá para siempre. Y si se saben la historia de Orfeo y Eurídice, sabrán qué sucede con Alex y Aimée. Está bien, les diré, Alex voltea justo en el último momento y ella desaparece. Desesperado, Alex va a buscarla al hotel y ella está ahí con su esposo. Se dirige a ella para tratar de entender qué es lo que sucede y ella lo desconoce, jamás lo ha visto en la vida. Ella se disculpa y se va con el marido. La escena que sigue inmediatamente a esta, es una escena en la cual Alex se está levantando de la cama en la cual Aimée duerme profundamente, se viste y sale de la habitación, una habitación completamente diferente a la anterior. Y la película termina.
No es una película sencilla, aunque sencilla parezca. En efecto, es una película, como muchas otras, sobre el amor, una historia de "chico conoce a chica", pero lo que esta tiene diferente es una cuestión existencial sobre la existencia o no existencia de Alex, incluso de Aimée, quien ha vivido a la sombra de su esposo mucho tiempo; hasta el hecho de que Aimée y Simone sean interpretadas por la misma mujer es por algo. Hay muchos a quienes la palabra "existencial" asusta, quiere decir que es de pensar, y pensar, pues muchos la piensan. Pero no hay que limitar las infinitas posibilidades del cine a sólo unos cuantos adjetivos en la etiqueta, primero hay que saborearlo completamente y ya después todo lo demás. Lo que sí es que esta es una película que hipnotiza desde el primer cuadro, hasta el último. Boe diseña las más bellas y poéticas imágenes, las cuales encuadran perfectamente con las frías y solitarias calles de Copenhague, mismas que, a mi punto de vista, juegan un papel igual de importante que aquellos de los personajes. Reconstrucción es una película para ver durante la noche, como ya he dicho; es una película para ver con la cajetilla de cigarros a la mano, créanme que les dará ganas de fumar.
viernes, 23 de abril de 2010
Astucia o la novela que todos deberían leer.
domingo, 11 de abril de 2010
Sigh No More, Mumford & Sons
Este álbum debut es a la vez oscuro y brillante, fatalista y esperanzador, muy raro. La música es excelente, es fuerte, armónica, y repito, puramente folk. Y ésta, o sea la música, es la que le imprime mucha de esa oscuridad. Esta banda inglesa se dio a conocer con ganas, podría clasificarse, burdamente, como una combinación entre Fleet Foxes y Sigur Ros. En el caso del primero, toma esa agilidad acústica, armónica y pegajosa, y en cuanto al segundo, no lo comparo con ellos, simplemente que toman mucho esos claroscuros de la lírica y la música, con la sola diferencia de que aquí cantan en inglés y no hay arreglos de cuerdas en lo absoluto, ni guitarras eléctricas.
Mumford & Sons fue mi descubrimiento del mes, probablemente del año. He escuchado sin cesar el álbum y sigo encontrando una profundidad bárbara. Aquí abajo el video de la canción Little Lion Man, del mismo disco. Feliz domingo.
lunes, 5 de abril de 2010
Shame, Shame de Dr. Dog
Hay discos deben escucharse durante la noche, y hay discos que deben escucharse durante el día: Shame, Shame es uno de estos discos diurnos. El sonido es sólido y armonioso, multifacético, versátil, envolvente, hipnótico, adictivo, divertido, como bien es toda la obra de Dr. Dog. Después de un maravilloso álbum lanzado en el 2008, Shame Shame le pisa los talones, o incluso, le gana la carrera. Es algo así como un Cat Stevens pre-islam, durante los 70s, aunque no tan introspectivo. E igualmente suena a un rock 60-tero, con un poco de Beach Boys a la mezcla. La base musical de este quinteto de Philadelphia, es un folk-rock con guitarras que coquetean peligrosamente con lo country, como en la canción Station, la tercera del álbum. La verdad es que es muy ecléctico, pues uno se encuentra con estas mezclas que poco a poco van llenando el sonido de una profundidad que inevitablemente engatusa el oído y todo lo demás.
El nuevo boom latinoamericano
Paréntesis… Como lo que sucede actualmente aquí en Juárez… pasa que cuando salimos de viaje y preguntan de dónde venimos, al escuchar la respuesta la gente inevitablemente tuerce la cara en señal de una de dos: la primera en señal de completo miedo, pues han de pensar que cualquiera que sale de Juárez a huevo es narco, y segundo, una señal de mórbida curiosidad, con una mirada que suplican contemos las peores historias de terror real. En fin, se fue el tren de pensamiento por otro lado. A lo que iba es que, tal vez esta nada común, ni natural atención que los de acá recibimos, sea muy provechosa de saber utilizarla bien; una oportunidad que muchos, sino es que todos, deberíamos de aprovechar para gritar, gritar, y gritar, ya que ahorita la gran mayoría está en disposición de escuchar, escuchar, y escuchar.
Tal vez esté muy equivocada y lo que lean ustedes no tenga relación alguna con lo que he dicho yo, pero a lo que importa. El artículo es muy interesante, en verdad. Aquí va:
¿Un nuevo boom latinoamericano?
por Scott Esposito
En lo que a la industria editorial estadounidense se refiere, Roberto Bolaño es de oro. Los detectives salvajes fue un éxito en 2007 y 2666 se convirtió rápidamente en la gran novela de 2008. Prácticamente todos los críticos norteamericanos concedieron al libro elogios extravagantes, voló de las estanterías (un logro mayor en una nación tristemente célebre por su resistencia a leer narrativa traducida) y, recientemente, recibió el prestigioso premio del National Book Critics Circle.
Pero los absurdos niveles de estrellato alcanzados por Bolaño no fueron claros hasta que, después de una lectura equivocada de uno de sus cuentos, el New York Times reportó una “controversia” sobre si consumió o no heroína (con las respectivas negativas de su viuda y sus amigos). Deseoso de sacar tajada, el agente más poderoso de la industria, Andrew Wylie, rápidamente obtuvo los derechos para la publicación de los recién descubiertos cuadernos de Bolaño. En un tono más altruista, Salman Rushdie sugirió a los editores norteamericanos que prestaran atención al gran éxito del chileno y realizaran más traducciones.
Parece que están respondiendo. Con Bolaño en todos lados –y con México, Venezuela, Bolivia y Cuba frecuentemente en las noticias-, la narrativa latinoamericana está nuevamente en boga. Los editores estadounidenses, abatidos por la recesión, están reclamando ansiosamente su parte. Ya Horacio Castellanos Moya, amigo de Bolaño, ha recibido una cálida bienvenida por Insensatez. Casi nunca de Daniel Sada está programada para 2010. César Aira ha visto aparecer recientemente su cuarta novela en inglés (con una generosa reseña de Natasha Wimmer, traductora de Bolaño, en el New York Times). La impresionante Noticias del Imperio de Fernando del Paso ha recibido el tipo de atención que rara vez se otorga a una obra difícil de 900 páginas. Y, para rematar, circula una nueva antología bilingüe de cuento mexicano contemporáneo (en la que figuran, entre otros, Enrique Serna, Cristina Rivera Garza y Juan Villoro).
Todas estas son buenas noticias. Sólo esperemos que los nombres de algunos de estos autores sean recordados dentro de cinco años. A los estadounidenses les gusta quedarse con un solo escritor latinoamericano (primero fue Borges, después García Márquez, ahora Bolaño), excluyendo así al resto, y autores esenciales como Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa o Juan Rulfo siguen siendo apenas conocidos. El tiempo dirá, pero por ahora al menos esto es cierto: si eres un autor extranjero buscando ser publicado en los Estados Unidos, es un buen momento para ser latinoamericano.
martes, 23 de marzo de 2010
The Golden Archipelago
Shearwater es una banda que debutó en 1999, y a quien yo descubrí apenas en el 2008 con Rook, el quinto álbum de la banda texana; un álbum que, es necesario mencionar, me dejó con la boca abierta e inmediatamente me hizo amante del grupo y su creación musical. Rook presenta una de las mejores portadas que he visto, en cuanto arte discográfico (abajo); carga una cierta resonancia con alguna película de Hitchcock que no mencionaré, pero que la referencia es más que obvia. Que dicha referencia sea realmente, un elemento intencional por parte de la banda, quién sabe, probablemente no lo sea, es mi propia interpretación –aparte, veo símbolos hitchcockianos por todos lados últimamente-.
The Golden Archipelago es una maravillosa bocanada de aire fresco y paisajismo, ritmos progresivos y paradójicamente, discretos. Mientras que Rook presenta un matizado más agresivo en cuanto al sonido, a los tonos, a las guitarras, etc. Archipelago, por otro lado, transmite una sensación de restricción ante aquella agresividad, compensada en una gran carga emocional, poética, armoniosa y sencillamente, profunda. Las canciones, por sí mismas, guardan una complejidad delirante, matizando al disco de un rango emocional que va desde lo increíblemente intimista y melancólico hasta una ligereza onírica. Un maravilloso álbum que atrapa en cada una de sus capas de pop/rock barroco.

jueves, 18 de marzo de 2010
The Universal
sábado, 6 de marzo de 2010
Beat The Devil's Tattoo
Beat The Devil’s Tattoo es el nuevo material discográfico de una de las mejores bandas que el Rock pudo haber parido: Black Rebel Motorcycle Club. Quienes estén familiarizados con este séquito de músicos admiradores de leyendas cinematográficas, sabrán muy bien que el sonido de los ‘Rebels’ permanece siendo un sonido de etérea belleza cruda, potente y voraz. Ahora en día, en donde los géneros difícilmente permanecen puros, regresar a ese estado de pureza es reconfortante. Love Burns fue la canción que me introdujo a BRMC, a un mundo al que tangencialmente ya pertenezco, y un mundo que fue alimentado por lecturas, películas y las enormes fantasías a las que me permito recurrir de vez en cuando, o muy seguido. Es ahí cuando reafirmo que uno es lo que escucha. Y esta banda es la manifestación física de lo que uno reprime y esconde a los ojos del mundo, esa sensación de querer romper con las cadenas del decoro y el propio comportamiento para liberarse de absolutamente todo y dejarse llevar entre una embriagante nube de humo, gritos y caos. Vamos, aceptémoslo, todos llegamos a necesitar ese momento de liberación. Y Beat The Devil’s Tattoo no regala nada menos que eso… el caos enredado de la más maravillosa (melódica) anarquía.
You cannot fight it, all the world denies it, open up your eyelids and let your demons run, canta el vocalista en la canción introductoria del álbum, y con muchísima razón escogió ese momento para restregárnoslo en la cara. Así es como este fabuloso trío nos mete y conduce a lo largo del disco. Una probadita solamente, un gancho para que, una vez que hayamos visto al conejo blanco, no podamos hacer menos que seguirlo por el hoyo. Conscience Killer inicia con un ritmo un poco más salvaje que el anterior, incluso en la letra “You don’t mean all that much, but we really didn’t have a choice”. Bad Blood pinta a ser una balada –y muy buena por cierto-, aunque si por balada piensan en alguna cancionsucha pop-Luis Miguelera, pues (definitivamente) están en el lugar equivocado y será necesario que regresen por donde llegaron, aquí no hay lugar a malinterpretaciones. War Machine se sacude el tempus lentus del cual salimos para volver a los violentos y estridentes riffs de la guitarra. Evol y River Styx siguen un mismo estilo en los beats, como de tambores de guerra que prácticamente hipnotizan o idiotizan –cualquiera de las dos-, como si fuesen sirenas pregonando el terrible fin de los navegantes. The Toll, Sweet Feeling y Long Way Down son las canciones más tranquilas y tranquilizantes del álbum; las primeras dos con guitarras evocadoras de un blues nacido en los campos abiertos bajo la luz de las estrellas, como si sacadas de algún Western a blanco y negro, en la tercera de estas, la guitarra se sustituye por un delicioso piano melancólico y el acompañamiento vocal de la baterista, que no canta nada mal sus rancheras. Todo para cerrar con un broche dorado en Half-State, una canción de 10 minutos, sacudiéndose ese momento de apaciguamiento para volver a los profundos beats y melódicos riffs que nos despiden con el adiós más incompleto que hayan conocido, pues será inevitable que una vez concluido el álbum, se vuelva a escuchar, tan sólo para repasar los detalles que pasaron desapercibidos.