lunes, 10 de mayo de 2010

High Violet, The National


Este fin de semana me dediqué a tres cosas solamente: leer, ver Lost y escuchar discos nuevos, uno de los cuales es High Violet de The National, un quinteto neoyorquino que se robó mi corazón y corrió con él por los infinitos valles fértiles del talento y la creatividad musical. Pero dejando las cursilerías de lado, les puedo decir con toda seguridad que este álbum es excelente. A lo largo de las pistas, ecos de no tan lejanos tiempos comenzarán a surgir, como aquellos ambientes creados por la música de Joe Strummer y sus Mescaleros o Joy Division, algo que a mi parecer, inyecta una profundidad bastante interesante a un álbum que ya de entrada es excelente. Canciones como "Terrible Love", "Sorrow" y "Anyone's Ghost", le permiten a uno el lujo de saborear placenteramente los colores de la melancolía y no sentirse como las personas más patéticas y tristes del planeta. Es poesía lo que contempla y asimila, es simplemente nuestra necesidad de interpretación y éxtasis. ¿O no?

Derrepente soy malísima para entender a la perfección lo que cantan, pero el sentimiento se transmite y canciones como "Afraid of Everyone", me recuerda a ciertos personajes socio-fóbicos o como se llamen, que entran en pánico cada vez que salen a la calle. Y luego me recordé a mi misma manejando por las calles y checando el retrovisor obsesivamente, creyendo que todo carro que va atrás de mí me está siguiendo. Es la canción de la paranoia. Por otro lado, "Lemonworld" es un pequeño mundo utópico, ese que resulta de la inevitable experiencia diaria. "England" refleja el recuerdo y la añoranza de alguna cierta época, y aquí entre nos, esta fue una de mis favoritas del álbum. "Vanderlyle Crybaby Geeks" me enterneció y me dibujó una sonrisa en la cara... "Leave your home, change your name. Live alone, eat your cake. Vanderlyle, cry baby, cry. All the waters arising, still no surprising you. Vaderlyle, cry baby, cry. Man it's all been forgiven, swans all swimming. I'll explain everything to the geeks, hanging from chandeliers".

The National es una banda que ya tiene un impresionante historial y High Violet es su quinto álbum, el más reciente, de una lista de álbums alabados por la crítica internacional. Pero siendo donde vivo el desierto del silencio, en donde la buena música uno tiene que hurgar, rascar y pelear por ella; jamás había escuchado nada de ellos, pero ahora que ya lo hice, no los dejaré ir, nunca.

lunes, 3 de mayo de 2010

Reconstrucción, Christoffer Boe


Hay películas que deben admirarse durante la noche, solamente de noche, pues es justamente entre el abrazo de la oscuridad que liberan su magia, en donde nos podemos perder completamente, embriagados de la música, de la imagen y de la historia. Tal es el caso de Reconstrucción, película que desde la primera vez que la vi, me cautivó. La opera prima del director danés Cristoffer Boe es, para quienes aman ese cine que no todos ven, o que no todos entienden, una adquisición de a huevo, y que aquí entre nos, ya es difícil de conseguir en México, pues la distribuidora encargada de, vaya, distribuirla, la descontinuó, tristemente –y esto lo sé por un bocón en una tienda mixup en el DF que me lo dijo… y le creí-. Pero que no cunda el pánico, pues no hay nada que entre piratas e internet no se consiga. Dicho lo cual, prosigo con la película…

Iniciamos con un pequeño preludio, un truco de magia, en donde vemos a un hombre haciendo levitar a un cigarrillo y una metáfora, en la cual se contrapone el truco con el amor, o el enamoramiento, mejor dicho. Terminado el truco, nos trasladamos hacia el interior de un café en Copenhague, en donde un hombre y una mujer están a punto de conocerse, introducción hecha por la voz en off de August, nuestro narrador. Ella es Aimée, una misteriosa y bellísima mujer sueca en una misión para encontrar el amor y la espontaneidad hace mucho perdida dentro de su matrimonio. Él es Alex (Nicolaj Lie Kaas), un fotógrafo en una misión un tanto similar, aunque opuesta, pues su noviazgo con Simone lo provee de todo el cariño y el amor que alguien desearía tener. Así que esta premisa de los personajes principales se desenvuelve en un escenario de total embrujo y encanto, entre unas poéticas columnas de humo liberadas por el cigarrillo y el café.

August, esposo de Aimée, es un exitoso autor de novelas que viaja a Copenhague para promover su última creación, la cual aún no ha terminado de escribir, y que pronto descubrimos, es la misma historia que Alex y Aimée están viviendo -algo así como lo que sucede con Unamuno y su novela Niebla, en donde el personaje principal se ve arrojado al juego de su creador-, pero eso ya es adelantar un poco la historia. Una vez acomodados en el hotel, August se despide de su esposa para cubrir unas cuestiones de negocios con su asistente Mónica, Aimée, entristecida de no poder pasar más tiempo con su esposo, se dedica a deambular por las calles de Copenhague hasta toparse con el desdichado Alex en el metro, quien va acompañado de su novia Simone, y que el ávido observador se podrá dar cuenta de que Simone y Aimée es interpretada por la misma mujer (Marie Bonnevie), algo que dará pie a muchas interpretaciones. Alex, presa de la despampanante elegancia de Aimée, abandona a su novia (quien momentos antes había depositado en el bolsillo de Alex una nota de amor) en el metro y comienza a seguirla, hasta terminar en un café entablando una conversación coqueta y juguetona con ella. Las chispas vuelan por todo el lugar y Alex termina la velada envuelto en las sábanas con Aimée. A la mañana siguiente, vemos a Alex vistiéndose, mientras su sirena sigue profundamente dormida, e irse. Segundos después, Alex sale de la ducha y saluda a una muy despierta Aimée, quien le dice que su esposo está por llegar y él debe irse. ¿Confuso? Puede parecer la misma escena, pero no lo es, y es que debemos recordar que la historia de Alex y Aimée nos está siendo narrada por dos personas, la primera es el director (Boe) y la segunda es August, el narrador de la historia, el esposo de Aimée, el autor.

Aimée pues anima a Alex para verse más tarde y él le deja un mensaje sobre el lugar y la hora, adornado por su encendedor, dejado atrás intencionalmente como un souvenir de la noche anterior. Mientras esto sucede, August regresa de su noche de negocios y se topa a Alex en el camino, a quien le pregunta si tiene fuego para encender su cigarro. Éste le responde que sí, pero pronto se acuerda de que ha dejado su encendedor y le responde prontamente que ya no lo tiene, pues lo ha regalado y se va. August prosigue su camino, con esa frustración que sólo los fumadores conocemos cuando queremos desesperadamente prender un cigarro pero no tenemos manera de hacerlo (en fin), entra a la habitación mientras Aimée está en la ducha, así que no lo escucha entrar. La cama es un desastre, claro, después del revolcón de la noche anterior, detalle que no se le escapa a August, así como tampoco se le escapa la nota que Alex le dejó a su esposa con el lugar y la hora en la que se deben encontrar, junto con el encendedor. El pánico toma posesión de August y sale despavorido de la habitación, tan solo para entrar momentos más tarde, con la más profunda tranquilidad para saludar a su esposa, quien ya ha salido de la ducha y ha acomodado la habitación de tal manera para que, según ella, su esposo no note nada fuera de lo común. August, amorosamente, le propone a Aimée dejar la gira de promoción de su libro e irse a casa, pues lo único que desea es pasar tiempo con ella, emocionada, Aimée comienza a empacar tan sólo para terminar desilusionada, una vez más por su esposo, así que ella emprende su camino hacia el lugar en donde se encontrará con Alex.

Alex, por su parte, se ha visto arrojado a las sínicas fauces del destino, quien al parecer ha borrado evidencia alguna de que alguna vez haya existido. Ahora explico. Después de haber dejado el hotel, Alex se dirige hacia su departamento, tan solo para descubrir que éste ha desaparecido, y que, según la casera, dicho departamento jamás ha existido. En su confusión, Alex decide visitar a su mejor amigo tan sólo para descubrir que él tampoco le conoce, así que cae en la conclusión de que todo esto ha sido planeado, a manera de venganza, por Simone, su novia, así que decide confrontarla. Una vez que llega a casa de Simone, Alex le reclama el por qué de esa pesada broma y le ofrece disculpas por haberla abandonado en el metro y una incrédula Simone le confiesa que debe estar confundido, pues ella jamás lo había visto en la vida y se retira.

Mientras Alex intenta asimilar todo lo que le ha estado sucediendo, se dirige a su encuentro con Aimée. Al verla entrar, nervioso se acerca hacia ella, no sabiendo si lo reconocerá o no, pero a diferencia de los demás, Aimée le sonríe cariñosamente y se sientan. La tarde transcurre, entre jazz y bailes en el parque, con nuestros personajes respirando un aire de incertidumbre y pasión, algo que tal vez extrañaban de sus relaciones anteriores. Embriagados de la emoción, Alex le propone a Aimée escapar de sus vidas y fugarse, y ella accede. Una vez de regreso en el hotel, August confronta a su esposa, conociendo ya la intención que tiene de abandonarle y trata de convencerla de que no lo deje, incluso le muestra su novela terminada, y le explica que la mujer de su ficción es ella. Confundida, Aimée lo deja y se pierde deambulando por la calle.

De noche, Alex toma camino hacia el café en donde se encontrará con Aimée, pero en el camino, se topa con la figura de Simone, a quien distingue entre un grupo de personas dentro de un bar. Ella, al verlo, se acerca y le dice que le invite una copa. Platican y se coquetean, él hundido en un aire de nostalgia y ella atraída por el peculiar carácter de Alex. Mientras tanto, en otro punto de la ciudad, Aimée espera angustiada a Alex, quien al parecer se ha olvidado de ella. En este momento, Alex se percata de que se le ha hecho tarde y corre en busca de Aimée, quien ya ha abandonado el café y se dirige de regreso al hotel, totalmente desecha. Alex logra alcanzarla y se disculpa por haberse tardado, ella le hace ver que la razón de su tardanza es porque ha dudado justo en el último momento. Volvemos a escuchar la voz de August, quien nos explica que, para que ella vuelva a retomar la confianza de Alex, deberá pasar una prueba, tal vez estúpida, pero significativa, al igual que Orfeo, al rescatar a Eurídice de las penumbras del inframundo, Alex deberá caminar frente a Aimée, confiado en que ella le seguirá. Si él llegase a voltear la cabeza, ella desaparecerá para siempre. Y si se saben la historia de Orfeo y Eurídice, sabrán qué sucede con Alex y Aimée. Está bien, les diré, Alex voltea justo en el último momento y ella desaparece. Desesperado, Alex va a buscarla al hotel y ella está ahí con su esposo. Se dirige a ella para tratar de entender qué es lo que sucede y ella lo desconoce, jamás lo ha visto en la vida. Ella se disculpa y se va con el marido. La escena que sigue inmediatamente a esta, es una escena en la cual Alex se está levantando de la cama en la cual Aimée duerme profundamente, se viste y sale de la habitación, una habitación completamente diferente a la anterior. Y la película termina.

No es una película sencilla, aunque sencilla parezca. En efecto, es una película, como muchas otras, sobre el amor, una historia de "chico conoce a chica", pero lo que esta tiene diferente es una cuestión existencial sobre la existencia o no existencia de Alex, incluso de Aimée, quien ha vivido a la sombra de su esposo mucho tiempo; hasta el hecho de que Aimée y Simone sean interpretadas por la misma mujer es por algo. Hay muchos a quienes la palabra "existencial" asusta, quiere decir que es de pensar, y pensar, pues muchos la piensan. Pero no hay que limitar las infinitas posibilidades del cine a sólo unos cuantos adjetivos en la etiqueta, primero hay que saborearlo completamente y ya después todo lo demás. Lo que sí es que esta es una película que hipnotiza desde el primer cuadro, hasta el último. Boe diseña las más bellas y poéticas imágenes, las cuales encuadran perfectamente con las frías y solitarias calles de Copenhague, mismas que, a mi punto de vista, juegan un papel igual de importante que aquellos de los personajes. Reconstrucción es una película para ver durante la noche, como ya he dicho; es una película para ver con la cajetilla de cigarros a la mano, créanme que les dará ganas de fumar.

viernes, 23 de abril de 2010

(sin título)

Porque, al parecer, sólo así la gente lee los libros... ¡Feliz día del libro!




Astucia o la novela que todos deberían leer.

En una de mis clases hemos estado leyendo Astucia de Luis G. Inclán, novela publicada hacia 1865 aproximadamente, ahorita no recuerdo la fecha exacta. Sí, la verdad es que es un poco vieja la novelita, pero dentro de su temática, es bastante actual. Lo que he estado leyendo me ha gsutado muchísimo; no creí que me fuera a gustar tanto y creo que es una novela que ha pasado sin pena ni gloria, desgraciadamente, en este país de ciudadanos no-lectores.

Hoy, por ser el día del libro -según los carteles que han pegado en la biblioteca-, les presento un extracto de la novela que me retumba en la cabeza como si fuesen campanas de bronce, como que lo he vivido de alguna manera, de hecho, creo que todos lo hemos vivido directa o indirectamente.

Lorenzo, el valeroso protagonista de la obra, lo ha perdido casi todo debido a que le han robado su mercancía, sus burras, su dinero, e incluso, uno de sus trabajadores le pasó lanilla a los que, en aquel entonces se encargaban de la aduana, para que lo metieran a la cárcel -es más que obvio decir que injustamente-, y ahora va sumido en tristeza y preocupación camino a casa, pues no tiene ya dinero para recuperar todo aquello que le robaron, ni siquiera tiene para mantener lo poco que le queda. He aquí su monólogo:

"¿Qué es posible, Señor -decía hablando solo-, que haya gentes tan infames que después de que se venden, que están mamando a dos tetas, aún pretendan robar más, haciendo mérito de la colocación que indignamente ocupan, acogíendose a las leyes para acabar de despellejar vivo al infeliz que cae en sus manos? Ésos no son hombres, son unos entes maldecidos del género humano; yo, para buscar un peso, expongo mi fortuna, ando por escabrosos caminos, por los espesos montes, a la merced de las fieras, cayendo y levantando, y estos pícaros de poltrones en una garita, o de aperitos en las tabernas, medran a costa del mundo entero, juegan y tiran un peso con la mayor franqueza..."

Conozco a mucha gente que, al ver a alguien leyendo lo tachan de intelectualoide, creído, snob, etc. La lectura ha sido degradada terriblemente y la consecuencia es que este país produce día a día generaciones de marionetas, hechas para ser mangoneadas a su gusto por no cultivar su derecho de nacimiento de racionar. En el maravilloso día del libro, uno que se debería celebrar más que el día del taco, les invito a que abran un libro y se lo devoren, saboreando cada frase. Y si por cosas de la vida encuentran esta novela que les he mencionado aquí, no la dejen pasar. Feliz viernes.

domingo, 11 de abril de 2010

Sigh No More, Mumford & Sons




Nunca había escuchado Mumford & Sons, hasta hace un par de días que me apropié de su álbum Sigh No More, y me gustó mucho. Para quienes les guste el folk, aquí encontrarán mucho de esto, a montones. El disco es 100% folk, incluso en la letra, la cual está, pues está muy intimista, existencial casi. A lo largo del álbum se siente un especie de duelo entre hombre y Dios: el hombre que tiene miedo a la muerte, el hombre que erra, el hombre que es arrojado al turbulento torbellino del destino, que sufre, que pierde, pero que lucha por mantener su inocencia, entendida no como ingenuidad, sino como pureza; algo que le impide la corrupción de su espíritu. Y Dios, pues es el Dios que alienta la lucha y alimenta la esperanza. No podría decir que sea un álbum religioso, porque la religión no tiene nada que ver con esto, más que nada lo podría conceptualizar en algo como espiritual, esperanzador.

Este álbum debut es a la vez oscuro y brillante, fatalista y esperanzador, muy raro. La música es excelente, es fuerte, armónica, y repito, puramente folk. Y ésta, o sea la música, es la que le imprime mucha de esa oscuridad. Esta banda inglesa se dio a conocer con ganas, podría clasificarse, burdamente, como una combinación entre Fleet Foxes y Sigur Ros. En el caso del primero, toma esa agilidad acústica, armónica y pegajosa, y en cuanto al segundo, no lo comparo con ellos, simplemente que toman mucho esos claroscuros de la lírica y la música, con la sola diferencia de que aquí cantan en inglés y no hay arreglos de cuerdas en lo absoluto, ni guitarras eléctricas.

Mumford & Sons fue mi descubrimiento del mes, probablemente del año. He escuchado sin cesar el álbum y sigo encontrando una profundidad bárbara. Aquí abajo el video de la canción Little Lion Man, del mismo disco. Feliz domingo.

lunes, 5 de abril de 2010

Shame, Shame de Dr. Dog


Fate fue el álbum que me abrió las puertas a la versatilidad musical de Dr. Dog. Dos años después, sigo sin saber mucho de ellos, salvo que me encanta su música; My Old Ways figura entre las 20 más escuchadas de mi iTunes –la número uno es por parte de M83, completo dato innecesario-. Y cuál es mi sorpresa que mientras deambulo por el tedio cibernético me encuentro con que sacaron disco nuevo. 15 minutos más tarde, Shame, Shame ya formaba parte de mi acervo musical.

Hay discos deben escucharse durante la noche, y hay discos que deben escucharse durante el día: Shame, Shame es uno de estos discos diurnos. El sonido es sólido y armonioso, multifacético, versátil, envolvente, hipnótico, adictivo, divertido, como bien es toda la obra de Dr. Dog. Después de un maravilloso álbum lanzado en el 2008, Shame Shame le pisa los talones, o incluso, le gana la carrera. Es algo así como un Cat Stevens pre-islam, durante los 70s, aunque no tan introspectivo. E igualmente suena a un rock 60-tero, con un poco de Beach Boys a la mezcla. La base musical de este quinteto de Philadelphia, es un folk-rock con guitarras que coquetean peligrosamente con lo country, como en la canción Station, la tercera del álbum. La verdad es que es muy ecléctico, pues uno se encuentra con estas mezclas que poco a poco van llenando el sonido de una profundidad que inevitablemente engatusa el oído y todo lo demás.

El nuevo boom latinoamericano

En un número de esa revista que tanto me encanta titulada La Tempestad (año II, núm.67, julio-agosto de 2009), y editada en México lo mejor de todo, leí este pequeño artículo sobre la popularidad de los autores latinoamericanos, liderado por Bolaño. El autor, Scott Esposito, plantea que actualmente estamos viviendo un segundo Boom de literatura hispanoamericana, y viendo que el ambiente social por estos rumbos no es para nada estable, de hecho, la estabilidad se arrojó por la ventana ya hace tiempo, pues, digamos que los latinos nos hemos vuelto interesantes ante los ojos del average-gringo intelectual. Sabrá la fregada por qué en los peores momentos de dignidad humana es cuando el mundo pone atención… ¿será morbo? ¿Algún desorden psico-patológico, quizá? Quién sabe. Sin embargo, es interesante este tipo de reacción.

Paréntesis… Como lo que sucede actualmente aquí en Juárez… pasa que cuando salimos de viaje y preguntan de dónde venimos, al escuchar la respuesta la gente inevitablemente tuerce la cara en señal de una de dos: la primera en señal de completo miedo, pues han de pensar que cualquiera que sale de Juárez a huevo es narco, y segundo, una señal de mórbida curiosidad, con una mirada que suplican contemos las peores historias de terror real. En fin, se fue el tren de pensamiento por otro lado. A lo que iba es que, tal vez esta nada común, ni natural atención que los de acá recibimos, sea muy provechosa de saber utilizarla bien; una oportunidad que muchos, sino es que todos, deberíamos de aprovechar para gritar, gritar, y gritar, ya que ahorita la gran mayoría está en disposición de escuchar, escuchar, y escuchar.

Tal vez esté muy equivocada y lo que lean ustedes no tenga relación alguna con lo que he dicho yo, pero a lo que importa. El artículo es muy interesante, en verdad. Aquí va:


¿Un nuevo boom latinoamericano?
por Scott Esposito

En lo que a la industria editorial estadounidense se refiere, Roberto Bolaño es de oro. Los detectives salvajes fue un éxito en 2007 y 2666 se convirtió rápidamente en la gran novela de 2008. Prácticamente todos los críticos norteamericanos concedieron al libro elogios extravagantes, voló de las estanterías (un logro mayor en una nación tristemente célebre por su resistencia a leer narrativa traducida) y, recientemente, recibió el prestigioso premio del National Book Critics Circle.

Pero los absurdos niveles de estrellato alcanzados por Bolaño no fueron claros hasta que, después de una lectura equivocada de uno de sus cuentos, el New York Times reportó una “controversia” sobre si consumió o no heroína (con las respectivas negativas de su viuda y sus amigos). Deseoso de sacar tajada, el agente más poderoso de la industria, Andrew Wylie, rápidamente obtuvo los derechos para la publicación de los recién descubiertos cuadernos de Bolaño. En un tono más altruista, Salman Rushdie sugirió a los editores norteamericanos que prestaran atención al gran éxito del chileno y realizaran más traducciones.

Parece que están respondiendo. Con Bolaño en todos lados –y con México, Venezuela, Bolivia y Cuba frecuentemente en las noticias-, la narrativa latinoamericana está nuevamente en boga. Los editores estadounidenses, abatidos por la recesión, están reclamando ansiosamente su parte. Ya Horacio Castellanos Moya, amigo de Bolaño, ha recibido una cálida bienvenida por Insensatez. Casi nunca de Daniel Sada está programada para 2010. César Aira ha visto aparecer recientemente su cuarta novela en inglés (con una generosa reseña de Natasha Wimmer, traductora de Bolaño, en el New York Times). La impresionante Noticias del Imperio de Fernando del Paso ha recibido el tipo de atención que rara vez se otorga a una obra difícil de 900 páginas. Y, para rematar, circula una nueva antología bilingüe de cuento mexicano contemporáneo (en la que figuran, entre otros, Enrique Serna, Cristina Rivera Garza y Juan Villoro).

Todas estas son buenas noticias. Sólo esperemos que los nombres de algunos de estos autores sean recordados dentro de cinco años. A los estadounidenses les gusta quedarse con un solo escritor latinoamericano (primero fue Borges, después García Márquez, ahora Bolaño), excluyendo así al resto, y autores esenciales como Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa o Juan Rulfo siguen siendo apenas conocidos. El tiempo dirá, pero por ahora al menos esto es cierto: si eres un autor extranjero buscando ser publicado en los Estados Unidos, es un buen momento para ser latinoamericano.

martes, 23 de marzo de 2010

The Golden Archipelago

Nomás como dato totalmente inecesario, me encuentro en graves y muy serios problemas: mi computadora cada vez pierde más y más memoria, y es que este pequeño cerebro electrónico almacena una cantidad tan exagerada de música… pobrecita. Y me asusto más cuando veo todo lo que me falta por almacenar. Tantos discos nuevos este año, tantos descubrimientos que quedan por hacer… tanto, tanto, tanto. Pero qué rayos, me emociono, me pongo como niña en tienda de dulces (y todo es gratis).

Shearwater es una banda que debutó en 1999, y a quien yo descubrí apenas en el 2008 con Rook, el quinto álbum de la banda texana; un álbum que, es necesario mencionar, me dejó con la boca abierta e inmediatamente me hizo amante del grupo y su creación musical. Rook presenta una de las mejores portadas que he visto, en cuanto arte discográfico (abajo); carga una cierta resonancia con alguna película de Hitchcock que no mencionaré, pero que la referencia es más que obvia. Que dicha referencia sea realmente, un elemento intencional por parte de la banda, quién sabe, probablemente no lo sea, es mi propia interpretación –aparte, veo símbolos hitchcockianos por todos lados últimamente-.

The Golden Archipelago es una maravillosa bocanada de aire fresco y paisajismo, ritmos progresivos y paradójicamente, discretos. Mientras que Rook presenta un matizado más agresivo en cuanto al sonido, a los tonos, a las guitarras, etc. Archipelago, por otro lado, transmite una sensación de restricción ante aquella agresividad, compensada en una gran carga emocional, poética, armoniosa y sencillamente, profunda. Las canciones, por sí mismas, guardan una complejidad delirante, matizando al disco de un rango emocional que va desde lo increíblemente intimista y melancólico hasta una ligereza onírica. Un maravilloso álbum que atrapa en cada una de sus capas de pop/rock barroco.


jueves, 18 de marzo de 2010

The Universal

El segundo sencillo del álbum The Great Escape es, en mi opinión, una de las mejores canciones de Blur, y definitivamente mi favorita del cuarteto británico; hablo de la más que excelente canción The Universal, cuyo video pueden ver aquí abajo y, obviamente, deleitarse con la maravillosa canción de la cual les hablo:



Jonathan Glazer dirigió el video retomando a Kubrick con La naranja mecánica, específicamente, la escena en la que Alex y el resto de los droogs entran al milk bar -y que casualmente también es una de mis escenas favoritas de la película-.

La canción se podría ver como futurista, o mejor dicho, en aquel tiempo en que salió a la luz (1995) se pudo haber visto como futurista, inclusive profética, anunciando la completa esclavitud de la sociedad ante la tecnología y la globalización, o the universal (lo universal): This is the next century, where the Universal's free, you can find it anywhere, yes the future's been sold. Efectivamente, nos han vendido el futuro, hoy cuando (casi) todo podemos controlar con presionar un botón, y nos lo han vendido a un precio enmascarado como gratis, pero que nos ha costado el mundo entero.

sábado, 6 de marzo de 2010

Beat The Devil's Tattoo

La música fue hecha para escucharse en todo su volumen y esplendor; cualquier tipo de música, cualquier ritmo, cualquier género. No importa. Todo se escucha mejor, todo se experimenta mejor y se saborea tan deliciosamente mejor cuando el volumen ya no cabe en los oídos y comienza a ser absorbido por cada poro de nuestra piel. Pero, si de escoger géneros se trata, no hay nada como escuchar el violento y rugiente rasgueo de una guitarra eléctrica, impulsado por los hipnóticos ritmos emanados de la batería, una osada y grave línea de bajo, y una rasposa voz recitando las más profundas y ridículas letras que puedan existir. El Rock es algo que no se puede combatir; es una batalla que no puede ser conquistada. La victoria está cantada desde el principio. Y cuando llega un artista, o grupo de artistas, que logran engancharlo a uno desde el primer acorde es cuando se sabe que eso es nada menos que libertad.

Beat The Devil’s Tattoo es el nuevo material discográfico de una de las mejores bandas que el Rock pudo haber parido: Black Rebel Motorcycle Club. Quienes estén familiarizados con este séquito de músicos admiradores de leyendas cinematográficas, sabrán muy bien que el sonido de los ‘Rebels’ permanece siendo un sonido de etérea belleza cruda, potente y voraz. Ahora en día, en donde los géneros difícilmente permanecen puros, regresar a ese estado de pureza es reconfortante. Love Burns fue la canción que me introdujo a BRMC, a un mundo al que tangencialmente ya pertenezco, y un mundo que fue alimentado por lecturas, películas y las enormes fantasías a las que me permito recurrir de vez en cuando, o muy seguido. Es ahí cuando reafirmo que uno es lo que escucha. Y esta banda es la manifestación física de lo que uno reprime y esconde a los ojos del mundo, esa sensación de querer romper con las cadenas del decoro y el propio comportamiento para liberarse de absolutamente todo y dejarse llevar entre una embriagante nube de humo, gritos y caos. Vamos, aceptémoslo, todos llegamos a necesitar ese momento de liberación. Y Beat The Devil’s Tattoo no regala nada menos que eso… el caos enredado de la más maravillosa (melódica) anarquía.

You cannot fight it, all the world denies it, open up your eyelids and let your demons run, canta el vocalista en la canción introductoria del álbum, y con muchísima razón escogió ese momento para restregárnoslo en la cara. Así es como este fabuloso trío nos mete y conduce a lo largo del disco. Una probadita solamente, un gancho para que, una vez que hayamos visto al conejo blanco, no podamos hacer menos que seguirlo por el hoyo. Conscience Killer inicia con un ritmo un poco más salvaje que el anterior, incluso en la letra “You don’t mean all that much, but we really didn’t have a choice”. Bad Blood pinta a ser una balada –y muy buena por cierto-, aunque si por balada piensan en alguna cancionsucha pop-Luis Miguelera, pues (definitivamente) están en el lugar equivocado y será necesario que regresen por donde llegaron, aquí no hay lugar a malinterpretaciones. War Machine se sacude el tempus lentus del cual salimos para volver a los violentos y estridentes riffs de la guitarra. Evol y River Styx siguen un mismo estilo en los beats, como de tambores de guerra que prácticamente hipnotizan o idiotizan –cualquiera de las dos-, como si fuesen sirenas pregonando el terrible fin de los navegantes. The Toll, Sweet Feeling y Long Way Down son las canciones más tranquilas y tranquilizantes del álbum; las primeras dos con guitarras evocadoras de un blues nacido en los campos abiertos bajo la luz de las estrellas, como si sacadas de algún Western a blanco y negro, en la tercera de estas, la guitarra se sustituye por un delicioso piano melancólico y el acompañamiento vocal de la baterista, que no canta nada mal sus rancheras. Todo para cerrar con un broche dorado en Half-State, una canción de 10 minutos, sacudiéndose ese momento de apaciguamiento para volver a los profundos beats y melódicos riffs que nos despiden con el adiós más incompleto que hayan conocido, pues será inevitable que una vez concluido el álbum, se vuelva a escuchar, tan sólo para repasar los detalles que pasaron desapercibidos.