jueves, 21 de noviembre de 2013

me perdí

Solía escribir en mi cuaderno con lápiz. Un cuaderno pequeño, pesado, rústico; de hojas color beige, que ahora han logrado difuminar el grafito impreso datado desde hace dos años. ¿Ahora cómo recobraré esa parte de mí que procuré cuidar del tiempo? Se me rompe el corazón: he perdido a la yo de esos días; se quedó por ahí, mezclada entre fibra y carbón, impresa en una falsa red que, como todo, va muriendo con el tiempo, con el uso, con la fricción.

viernes, 25 de octubre de 2013

Cosas de nada en la biblioteca.

Algo hay de poético llegar a las 8am a la biblioteca... si tan sólo se pudiera beber café aquí.

jueves, 24 de octubre de 2013

Sobre fuegos arcadianos, reflektores, orfeos negros, clichés y verborrea

Maravillada ante los sonidos que tomaban camino desde los audífonos hasta el punto más recóndito de mi cerebro, Funeral se asentaba como un evento sin precedentes dentro de la poca educación musical que, hasta ese momento, había formado. Una canción fue todo lo que necesité para sentir cómo cambiaba algo en mí. Estoy consciente de las implicaciones que esto representa, pero a veces, la verdad es eso y nada más que eso: vómitos rosados de pura cursi revoltura. Diez años más tarde, la expectativa de querer que algo vuelva a ser igual de grandioso y mágico como lo fue en un principio se hace latente, aunque esto sea imposible. Reflektor no llega a la grandeza de Funeral, ni a su compleja lírica con sus entramados paisajes sonoros y volubles tempos que apelaban a la desautomatización del escucha; tampoco llega al oscuro paraje de sublevación del Neon Bible, ni a la crítica/oda social/familiar de The Suburbs. Sin embargo, aventarlo hacia el rincón de lo despreciable porque ya es popular sería un gran error. Sí, quizá parte de su encanto era el hecho de que el tenerlos dentro de nuestro canon era porque apelaban al ser olvidado, a la persona incómoda en medio de un torbellino de gente; comprendían ese aspecto de la individualidad que tienden a marginalizar... o quizá yo esté mal interpretando (y lo haya hecho todos estos años). Reflektor pues, firma el regreso entre laureles y cantos de victoria del grupo canadiense; un agradecido retorno y merecido para quienes, desde el principio, los escuchamos con suma devoción. A primera vista y escucha, el álbum parece tener un tinte más cinemático -y ustedes disculparán mi ascerción hacia lo obvio- impulsado por el hecho de que se nos presentó  homologado a la película de Marcel Camus, Orfeo Negro (1959), en donde la letra de cada una de las canciones aparece a manera de subtítulos, como buscando el juego de imágenes entre el largometraje y la lírica del disco. Recurren a todos los lugares comunes: las relaciones, la muerte, la vida, el amor, el engaño, etc., y lo hacen al modo ya tan Arcade Fire que hemos llegado a conocer, pero escindido de esta tangible gravedad que había en los tres anteriores. Es un muy buen álbum y uno que ha despertado este tipo de emoción, nuevamente; el tipo que te impulsa a hablar desesperadamente con cualquier pobre alma que se deje, sobre el tema. George Steiner (ya que estamos en ello y a manera de justificación personal), mencionó que la música conjura en los hombres la ilusión comunitaria que tanto anhela la sociedad; parafraseo algo que escribió o dijo hace aproximadamente cuarenta, cincuenta años, y la idea que engloba es, creo yo, tan vigente (o incluso más) ahora que como lo fue ayer. Pero vaya, es sólo el romanticismo hablando de quienes encontramos este tipo de cosas, como el escuchar por primera vez un disco, relevantes y significativas.
 En resumen... Reflektor... he aquí ahora para ustedes:

martes, 22 de octubre de 2013

Ejercicio #8: sobre flâneur, slpeens y cosmogonía Beatle-ezca

(en ti, sin mí)

Te veo por la calle, Henry
bailas, como caballo, valses con el polvo.
Te miran, te miro, tú bailas (un-dos-tres-un-dos-tres).
Tu chaqueta, tu bolsillo, un cigarro, un cerillo
inhalas, humo... como café en la boca.
         ¡Ahí va el camión!
         No vio cambiar el rojo.
La gente se agolpa a ver tu cabeza
estrellándose contra el reloj.
Inhalas, humo... (un-dos-tres-un-dos-tres).
Te veo, Henry, con hoyos en la mente.
Te vas, escupes,
no ven, no saben y tú con ellos
entre muros de aire
(bye bye).


 
Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band (1967)
The Beatles

sábado, 24 de agosto de 2013

Morrison pa'la fiebre de sábado por la noche dentro de una semana astral.

 
 
Astral Weeks (1968)
Van Morrison
 
 
Astral Weeks, insofar as it can be pinned down, is a record about people stunned by life, completely overwhelmed, stalled in their skins, their ages and selves paralyzed by the enormity of what in one moment of vision they can comprehend.  It is a precious and terrible gift, born of a terrible truth, because what they see is both infinitely beautiful and terminally horrifying: the unlimited human ability to create or destroy, according to whim.  It’s no Eastern mystic or psychedelic vision of the emerald beyond, nor is it some Baudelairean perception of the beauty of sleaze and grotesquerie.  Maybe what it boils down to is one moment’s knowledge of the miracle of life, with its inevitable concomitant, a vertiginous glimpse of the capacity to be hurt, and the capacity to inflict that hurt.
 
- Lester Bangs.
 
 
(Él lo ha dicho mejor que nadie, por lo que me he tomado la libertad de tomar prestadas sus bellísimas palabras sobre un álbum sin igual... álbum que debe estar en el canon de cualquiera que se dice amar la música). 

viernes, 16 de agosto de 2013

Confesiones de una vieja universitaria.

"Estaba golpeando la máquina, un poco hambriento, un poco enfermo por el café y el tabaco, entregado con familiar felicidad a la marcha de la frase y a la aparición dócil de las palabras." Con respecto a esto, pienso que Onetti se regodea un poco, o mucho… incluso demasiado, en el hecho de que las palabras aparecen formadas a la orden de “ya”. Truena los dedos y aparecen. Quizá sí, quizá no, yo no sé nada sobre el asunto, a decir verdad; simplemente leía “El infierno tan temido” y de inicio leí aquella oración, y me sentí amenazada, burlada, como un infante recipiente del apunte de dedo burlón de un grupo numeroso de bullies. Sí, todos estos autores son bullies para mortales comunes y corrientes que aspiramos y soñamos estos sueños guajiros de transformarnos a través de las letras y las ideas. Nos deshacemos de placer ante el sonido de las palabras, las imágenes que forman y la posibilidad de trascendencia, de infinito que conllevan, pero cuando con toda humildad y gravedad necesitamos de ellas, se comportan como unas verdaderas perras –te doy esa Paz, aunque me caigas mal-. A pesar de todo ello, mejor ni hablo, mejor no me quejo. La verdad es que amo el sufrimiento que me provoca la ignorancia, más aún el penoso sentimiento de complacencia ante el (tarde) descubrimiento del inexistente hilo negro, es decir, el llegar idiota y enajenada al encuentro de voces que media humanidad descubrió antes que yo. Valga tanta confesión, padrecito, pero en mis decadentes días como vieja universitaria, esta retardada epifanía hubiera sido tan fructífera a la ingenua yo de hace cinco, diez años. Pero sin arrepentimientos. Más vale tarde que tarada. Y todo esto ha llegado a ser lo que es por culpa de Onetti; por culpa de unos cuentos que he tenido que leer como deberes escolarinos, escolásticos, eruditorios, erudísticos o cosas así muy rimbombantes que suenan a inteligencia. Ya mejor aquí le paro, porque comienzo a pecar de astuta.

martes, 9 de julio de 2013

Los marcianos llegaron ya... Wells y Harryhausen. (Extracto)

"Pienso que la mayoría esperaba ver salir a un hombre, tal vez un poco diferente a los humanos, pero, en general, un ser como los hombres. Estoy seguro de que tal fue mi idea. Y mientras miraba me pareció ver algo que se movía entre las sombras. Era de color gris y se movía tortuosamente, y después vi dos discos luminosos parecidos a ojos, después de un momento se proyectó en el aire y hacia mí algo que se asemejaba a una serpiente gris no más gruesa que un bastón. A ese primer tentáculo siguió inmediatamente otro [...] Al salir y ser iluminado por la luz relució como el cuero mojado. Dos grandes ojos oscuros me miraban con tremenda fijeza. Era redondo y podría decirse que tenía cara. Había una boca bajo los ojos: la abertura temblaba, abriéndose y cerrándose convulsivamente mientras babeaba. El cuerpo se convulsionaba de manera violenta. Un delgado apéndice tentacular se aferró al borde del cilindro; otro se agitó en el aire. 

Los que nunca han visto un marciano vivo no pueden imaginar lo horroroso de su aspecto. La extraña boca en forma de 'V', con su labio superior en punta; la ausencia de frente; la carencia de barbilla debajo del labio inferior, parecido a una cuña; el incesante palpitar de esa boca; los tentáculos, que le dan el aspecto de una gorgona; el trabajoso movimiento de sus pulmones en nuestra atmósfera; la evidente pesadez de sus movimientos, debido a la mayor fuerza de gravedad de nuestro planeta, y en especial la extraordinaria intensidad con que miran sus ojos inmensos... Todo ello produce una reacción muy parecida al del asco.

Hay algo profundamente desagradable en su piel olivácea, y algo terrible en la torpe lentitud de sus tediosos movimientos. Aun en aquel primer encuentro, y a la primera mirada, me sentí dominado por la repugnancia y el terror." 

 La guerra de los mundos, H. G. Wells
Ilustración por el gran Ray Harryhausen



Es la primera vez que leo a H. G. Wells y vaya que estoy amando la lectura. Me siento como niña ante su construcción de imágenes y sólo lamento el no habérmelo topado antes. Pero vaya que nunca es tarde para nada, ¿verdad?

martes, 18 de junio de 2013

Kveikur, Sigur Rós (o la poética del espacio)



Sigur Rós. Obviamente no sé qué es lo que escucho. Las letras se pierden en la falta de traducción, pero la música… Oooooooh, sí, la música. El último disco de los islandeses que amé apasionada y obsesivamente fue Takk. No podría decir si Kveikur lo desbanca, probablemente no lo haga. No creo que ningún disco me llegue a desbancar Takk. No perderé mucho tiempo nombrando la discografía debido a los extensos títulos que estos se cargan, y para una chilangonorteña como yo, hacer la referencia constantemente, me hace perder los hilos de las ideas. Mejor no. Mejor así, a lo sencillo. Si lo que buscan es discografía, just google it

Así es. Sigur Rós. Y mis compatriotas y hermanos defequeños, pronto los estarán disfrutando. Esperemos que esta vez no cancelen por las migrañas que probablemente sufrirán –desgraciada altura, desgraciado calor-. Y mientras uno que vive tan lejos de la capital y tan cerca de los iunaited, se conforma con escucharlos en la total y completa belleza del microcosmos que crean mis audífonos. Yo sé que exagero en ello, pero… vaya… el sonido. La música. El ambiente. La oscuridad. No sé qué rayos me canta el Jónsi, se ha quedado perdido en lo extranjero. Mi otredad, sin embargo, logra lo que aquellos que lo escuchan en su lenguaje materno, o que hablan el idioma, jamás lograrán. El completo envolvimiento de lo desconocido, a pesar de ser ya, a estas alturas del juego de los Sigur Rós, un lugar muy común. Cuando el lenguaje dice todo al no decir nada. 

“Brennisteinn”… what the fuck are you sayin’? Pero a quién le importa. La música es tan buena y logran envolverlo a uno, desde el inicio, en una oscuridad que no se encontraba al grado que lo encontramos en Kveikur. Incluso la portada crea esta sensación de dualidad ante el hecho de que hay alguien ahí detrás que sostiene una máscara ante su cara... un aspecto del día contra la noche propiamente, lo familiar y lo irreconocible. Sabrán ustedes, pero yo encuentro esa deformación de la realidad un poco espeluznante e increíble, como los cuentos que de niños nos aterraban y tanto amábamos. En fin. No podemos hablar propiamente del lenguaje de la lírica, pero sí del lenguaje de la música, incluso creo que este retiene para sí una facilidad mayor al de la palabra para comunicar la vasta extensión de las ideas, la imaginación y la completa gama de emociones que se encierran en el hombre. Así pues, este entramado y poético lenguaje tan ya característico de la banda islandesa (integrantes más, integrantes menos), es nuestro punto de partida para regresar al mundo de lo fantástico, mezclando lo orgánico que por naturaleza posee la música y desdoblándolo hacia lo maquinalmente electrónico; dicha inmersión me parece maravillosa. Y claro está, no es un completo desapego a la tradición, seguimos con la sensación de gran solemnidad ante construcciones sonoras tan complejas. Este es un álbum que se prepara para sermonear en una manera completamente anti-paternalista. No es condescendiente como lo llegó a ser durante en algún punto, como en piezas pasadas, digamos “Gobbledigook” y derivados (y pongo como referencia una canción y no el nombre del álbum el cuál es casi imposible escribir). Ha dejado todo eso detrás para convertirse en música inteligente y edificante, así como lo fue en un principio con obras como Ágætis Byrjun, ( ) y Takk. El álbum, según transcurren las canciones, va creciendo en uno. “Ísjaki” atrapa dentro de sí la nostalgia y ceremoniosidad de su época del Heima -maravilloso rockumentary que todos deberían ver, el cual encierra dentro de sí la majestuosidad del gran espectáculo visual que es Islandia con la música de la banda, lo cual obliga a uno a crecer una conciencia y amor hacia la naturaleza (por más cursi que eso se escuche). Pero por más desarrollo de la nostalgia que a la que esta nueva entrega nos empuje, “Kveikur” es un recordatorio de lo contrario, con una violencia y oscuridad que no se encontraba tan palpable anteriormente. Esas distorsiones de una guitarra que vibra casi orgásmicamente y las potentes descargas a la batería se meten bajo la piel. 

Si ya hemos hablado de lenguaje, hablemos de espacio. En la música, al igual que en la literatura, existe una espacialidad dentro de la cual nos contextualizamos, como lectores o escuchas. Para dar con ello, la falta de significado que proporciona Sigur Rós facilita nuestra ubicación dentro de este. Es vasto, es extraordinario y altamente fantástico; no es que quiera referenciarlo hacia un mundo de hadas, pero en veces, y por qué no, el viaje hacia allá es necesario e inevitable. Por ejemplo, “Rafstraumur” me envía hacia un infinito páramo de colores en donde la gravedad no existe y el hombre puede volar (y si lo ridículo no es algo que puedan tomar por racional y concreto, no creo que este álbum sea para vos). Sea que en verdad merezcan el pedestal sobre el cual coloco a esta banda y su retorno, o sea que solamente refiero a mi pequeña obsesión con ellos, escuchar Kveikur ha sido un placer como en contadas ocasiones sucede, con cada canción que pasa. De inicio a fin, hay un hilo que difícilmente se rompe por cuestiones de aburrimiento, cansancio o falta de interés. Sé que muchos lo ignorarán por esa barrera idiomática y la complejidad que parece acarrear un tipo que toca su guitarra con un arco de violín, pero habrá otros que, como yo, se perderán por siempre en su bellísima narrativa.

Aquí, sólo un ejemplo: "Brennisteinn", la canción que abre esta maravilla de álbum.


lunes, 25 de marzo de 2013

Nighthawks At The Diner, Tom Waits.

No recuerdo cómo di de bruces con este álbum, tan sólo que era de noche, muy de noche -o quizá muy de madrugada- y me aquejaba uno de mis usuales (en aquel entonces) ataques de insomnio. Fue el primer disco de Waits que obtuve y escuché con todo el deleite de mis sentidos; una cosa siguió a la otra y ahora forma parte de mi canon, ese mismo que propondría si algún día llegase la inteligencia cósmica, salida de algún otro planeta y pidiera se salvaguardara lo más valioso de la música. Tom Waits debe ser puesto sobre el pedestal. 

En algún otro momento me tomaré un segundo para escribir un poco más sobre él, por lo pronto, será otra noche más de Waits y tesis y café y pan con mermelada.

Nighthawks at the Diner (1975)

sábado, 23 de marzo de 2013

Perdiendo el tiempo aquí mientras Rain Dogs transcurre en mis oídos...

No writing tonight.

Todo es culpa de Tom Waits por haber creado Rain Dogs y adecuar entre el repertorio "Gun Street Girl", la cual escucho repetidamente sin pausa. ¿La han escuchado al cerrar los ojos, al apagar las luces, al hundirse en las sábanas tan frescas, con los pies descalzos? Aventar humo entre los labios con el universo en tus oídos... es sólo una canción, son varias y yo pierdo el tiempo aquí escribiendo...

Adiós.