Me he fijado que, debido a mi ya acrecentada pancita debido al embarazo, la gente se me queda viendo de una manera muy peculiar. No son miradas de ternura, de “mira qué bella mommy-to-be”, ni miradas de congratulación, sino miradas prejuiciosas, chismosas, curiosas. Son miradas de incredulidad y desaprobación (la mayoría de ellas). Para lo que me importa; no podría importarme menos, realmente desecho las miradas y lo único que en mi provocan es risa. Risa porque está claro que la gente no puede dejar de proyectar sus propios traumas hacia los demás, porque está claro que pensemos cuanto queramos sobre cómo esta sociedad ha avanzado hacia una equidad en los sexos, sigue siendo una sociedad misógina (y hago notar que NO soy feminista, de hecho, tanto el machismo como el feminismo me cae mal, mal, muy mal… los excesos jamás han traído nada bueno), lamentablemente. Platicando sobre mis teorías a mi esposo, él llega a la conclusión de que, la razón por la cual recibo tan peculiares miradas de la ajenidad es porque parezco una adolescente de 16/17 años (genes, mis padres son traga-años… gracias Papá y Mamá) y es que mi esposo también parece un muchachillo mocoso (la greña larga y los converse ayudan mucho en eso); así que henos ahí, una pareja de adolescentes que ha caído a la tentación de tentaciones, probando, según ellos, el dulce fruto que sólo está reservado para los verdaderos cónyuges. ¡Oh, gente de mente cerrada! Algún día llegaremos a la madurez mental en donde todos aprenderemos a ver más allá de nosotros mismos, más allá de nuestras envidias y psico-traumas. Mientras tanto, seguiré divirtiéndome al recolectar dichas miradas, pues en verdad, a quién no le gusta tener un público.
Nomás porque sí: porque fanfarronerías sonoras provenientes de trompetas doradas llenan el archivero de mi cabeza. Porque los bloques contra la inspiración aturden. Porque no hay más que hacer más que aventar los escupitajos de letras hacia el camino. Porque duelen las llagas de los dedos de tanto escribir. Porque hay que escribir. Porque si no escribo, moriré.
martes, 12 de julio de 2011
domingo, 3 de julio de 2011
Cosas del verano #2: leyendo a Rabelais
Good Sunday my lovely bloggers! Entro por el dolor de separación que el no tener acceso a internet me causa; entro porque extraño este mundo, porque extraño teclear y ver cómo aparecen las cosas que tecleo sobre el blog. Entro nomás porque quiero... y también, en vista de que esta vez que entro no tengo nada interesante que decir (o qué pensar), les comparto un poco de lo que estoy leyendo en la página 109 de Gargantúa y Pantagruel de Francois Rabelais... un clásico que jamás había leído hasta apenas ahora y el cual me está gustando... al menos no paro de reír. Espero que con esto les pique un poco la espina y les entre ganas de leerlo, si es que, como yo, tampoco lo habían hecho.
"... y trascoladas cerca de los nervios ópticos, en lo que estaban representados Demócrito heraclitizando y Heráclito democritizando.
Cuando se hubieron calmado las risas, Gargantúa consultó con sus gentes sobre lo que convenía hacer. Ponócrates opinó que se hiciera beber otra vez al elocuente orador y que, en vista de que les había dado tanto solaz y hecho reír más de lo que habría podido hacerles reír Songecreux, le entregaran los diez palmos de salchichas mencionados en la jocosa arenga, junto con un par de calzas, trescientos leños para el hogar, veinticinco moyos de vino, un lecho con tres colchones de pluma de ánsar y una escudilla muy honda, cosas que él decía necesarias para su vejez.
Todo fue hecho tal como había sido acordado, sólo que Gargantúa, dudande de si se encontrarían en aquel momento calzas cómodas para sus piernas, y preguntándose también de qué forma le sentaría mejor al orador, si a la martingala, que tienen un puente levadizo sobre el culo, para poder defecar cómodamente, o a la marinera, para mejor abrigar los riñones, o a la moda suiza, con muchos adornos para llevar caliente el trasero o en forma de cola de bacalao, por si tenía miedo de calentar la región renal, hizo que le dieran siete varas de paño negro y tres de la na blanca para forros. La leña fue llevada po rlos ganapanes; los doctores en artes llevaron las salchichas y las escudillas. Maese Janoto quiso llevar el paño.
Uno de dichos profesores, llamado maese José Baudouille, le demostró que eso no era decoroso ni conveniente para el estado teologal, y que era mejor que lo entregara a alguno de ellos.
-¡Ah -exclamó Janoto-, grandísimo borrico!, no concluyes in modo et figura. He aquí para qué sirven las proposiciones de Parva logicalia. Pannus pro quo supponit?
-Confuse -respondió Baudouille- et distributive.
-No te pregunto, asno -replicó Janoto-, quo modo supponit, sino pro quo. Es decir, asno, pro tibis meis, y por eso lo llevaré egomet, sicut suppositum portat adpositium."
(Fin de la página 109).
Esta suma pues una más de mis lecturas de verano y ha resultado ser una muy buena, entretenida y educativa. Y entre esta lectura también me saborié El banquete de Platón como side-dish.
lunes, 27 de junio de 2011
Cosas del verano
Lo bello y lo odioso. Jamás he logrado llevarme bien con las vacaciones. Tanto tiempo libre no puede ser bueno, al menos no para mí. Pero, debido a los tiempos, la escasez de dinero, la incertidumbre de lo que sucederá cada vez que uno sale a la calle, el estúpido calor y un carro sin A/C (tan burguesita que soy), y con mi pequeño Iker creciendo a pasos agigantados dentro de mí –lo cual me tiene rete contenta, eso sí que no lo puedo negar-, qué mejor que pasarla en los confines del santuario, es decir, de mi hogar; gustosa prisionera de blancos muros reflejando una delicia de aire que jamás funcionó mejor. El librero rebosante de dvds (hasta vhs’s), discos y libros al por mayor, toda una feria de entretenimiento y situaciones que me alienan de la realidad. Me he leído ya dos libros y el tercero no tardo en terminarlo, aunque debo admitir que dos de tres han sido re-lecturas, y entre cada una de ellas logro introducir algún cuento corto de procedencia japonesa. El primero de los cuales no tardé ni tres horas en leer: La tumba de José Agustín. Recuerdo haber leído esta pequeña novela a una tiernísima edad y sentirme arrojada a una interminable espiral que me atrajo y sedujo; y ya que la he leído nuevamente, fue como reencontrarme a mí misma en un amigo antiguo, sólo que ahora sí logro distinguir la mierda de edición que tengo, por lo que he hecho una anotación mental de conseguir una edición más digna de mí y de mi colección literaria. El segundo libro, el cual aun no termino de re-leer, lo he abierto tan sólo para satisfacer mis necesidades más geek-is y acordarme de dos-que-tres cosas que necesitaré antes de poco tiempo: Harry Potter & The Deathly Hallows de J.K. Rowling. Así es, yo soy una de esas potterianas que mandó apartar su copia a Barnes & Noble y leyó en dos días la novela… 758 páginas me mantuvieron en casa leyendo sin cesar. Cuando descubrí las novelas leí las primeras cuatro entregas en un par de semanas. Me dormía hasta pasadas las tres de la mañana y cuando despertaba lo primero que hacía era continuar la lectura. Tras el duchazo continuaba leyendo envuelta en toallas, no podía esperar a vestirme para saber qué sucedería. Así como muchos, la historia me convirtió en una niña inmediatamente y me satisfizo en todo aspecto –y la verdad es que no me apena en lo más mínimo decirlo-. Así que ahora, en vísperas de la última entrega de la saga, debo tener todos mis datos frescos para poder contestarle a mi querido esposo cualquier pregunta que me dirija durante la película, aprovechando que no seré la única nerd platicando durante el transcurso de esta. El tercer libro leído –y leído por primera vez- fue Engaño de Philip Roth, el cual me entretuvo por lo que duró. Aspectos de la novela se me hicieron interesantes como el hecho de que no hay narrador, tan sólo dos amantes conversando, en donde uno de ellos es un escritor judío americano llamado Philip, quien se inspira de sus conversaciones con mujeres para escribir su novela. No sé, se me hizo demasiado fácil y me exasperó un poco. Aun así, lectura disfrutada y una menos para la estadística. Son las vacaciones y como las lecturas no son obligadas, las disfruto más. Leo a placer, lo que mi cabeza me pida y mi espalda aguante, lo cual resulta en horas perdidas entre frases y oraciones y mundos que jamás serán los míos. Tengo cinco largas semanas de ocio por delante y ando en busca de cosas que leer, aunque sobre mi escritorio descansan un par de libros que quizá pasen a ser lecturas veraniegas, y cuyos títulos no revelaré para evitar salarlos, ya saben, que termine evadiendo completamente. En Sangron’s vi un par que definitivamente quisiera tener, pero mis bolsillos no podrían soportar el gasto, al menos no por ahora, así que la antología de cuentos de Reyes deberá esperar un poco más y Godot tendrá que seguir esperando –Sangrons lo tiene descontinuado y en la infinidad de librerías de la ciudad no lo encuentro… ah querido Beckett-. Por lo pronto, me despido, terminé de leer a Agustín hace unos cuarenta minutos y ahora dedicaré a despejar la cabeza con alguna pendejada de programación televisiva. Clic, clic, clic…
Nota: desde que escribí este mini blog hasta hoy que lo puedo subir propiamente, terminé de leer a Potter (odio no tener internet).
jueves, 9 de junio de 2011
Hitchcock revisitado por Polanski
Cómo me encanta un buen thriller. Nada como tener la manga entre los dientes, analizando cada aspecto de la historia, tratando de leer los indicios y razonar lo que está por venir. Nada como dejarse sorprender. Hitchcock era el amo de los thrillers y hay muchos que han intentado seguir esa escuela, algunos con éxito, otros muchos con fracasos y he aquí el intento de Polanski. El escritor fantasma (Ghost Writer, 2010), está basada en la novela The Ghost, del escritor británico Robert Harris, quien colaboraba ya con Polanski en el guión de una película que jamás se hizo, sin embargo, Polanski se interesó por su recién publicada novela y comenzaron con el guión. Harris, en una entrevista, confesó ser fan y admirador de Hitchcock y haber intentado trasladar esas atmósferas hitchcockianas a su novela. No era de esperarse que esas mismas atmósferas se trasladaran de la novela al guión y del guión a la película, lo cual fue una de las varias razones por las que me gustó tanto la película.
La historia sigue al fantasma (Ewan McGregor), un escritor que se gana la vida prestando sus dotes narrativas a personalidades que buscan publicar sus memorias. Así les llaman a quienes siguen este oficio. El fantasma, cuyo nombre se nos es omitido durante toda la película, es contratado por Adam Lang (Pierce Brosnan), ex primer ministro de Inglaterra después de que su anterior fantasma fue encontrado muerto (suicidio por alcohol). La publicación de las memorias de Lang se convierten en todo un evento, después de que el ex primer ministro se ve envuelto en una controversia cuando se descubre que cuatro ciudadanos británicos fueron entregados a la CIA para ser torturados bajo órdenes de Lang, por lo cual es convocado para ser juzgado por crímenes contra la humanidad en la corte internacional. El fantasma se ve envuelto por el escándalo: por un lado, los problemas de Lang, por el otro el supuesto suicidio de McAra, el cual lo lanza en una búsqueda de la verdad, ¿será cierto que se suicidó, o es que encontró algo que no debía? Parece ser una historia bastante sencilla, sin embargo, esta línea de acción desemboca en otras más que parecen no tener razón de ser: el triángulo amoroso entre Lang, Ruth, su esposa (interpretada por Olivia Williams) y el fantasma. El segundo triángulo entre Lang, Amelia (Kim Cattrall y su repugnante pseudo acento inglés), su asistente y Ruth. El contexto político de la película (es o no una historia sobre el ex primer ministro Tony Blair), las relaciones políticas de los estadounidenses con los británicos, la CIA, etc. Todas estas sub tramas se tejen entre sí hasta que explotan en un bastante memorable momento climático, desembocando por fin en un excelente final cinematográfico del cual no quiero escribir nada, pues arruinaría todo… sin exagerar, todo. Verdaderamente un final digno de Alfred, en donde el fantasma (McGregor) descubre por fin la verdad a lo cual escribe en un pedazo de papel que lo sabe todo. Así, en un shot cerrado, la cámara sigue el trayecto del papel que es pasado de mano en mano hasta llegar a su destino, tras el cual, después de ver la reacción del destinatario, el fantasma se diluye como si jamás hubiese estado ahí.
Deliberadamente o por error, Polanski logra evocar la esencia de Hitchcock, aunque aceptémoslo, directores como Roman no suelen cometer errores. Todo tiene su por qué y su para qué. Así que, si Harris confesó haberse basado en Hitchcock para su novela y termina siendo él quien, junto con Polanski escribe el guión de la película, la razón por la cual los ecos de las creaciones fílmicas de Alfred Hitchock se encuentran presentes a cada vuelta, no es mera coincidencia, y es que todos los elementos están presentes: asesinato, triángulos amorosos, intrigas, conspiraciones, verdades no dichas, finales inesperados y densos ambientes cargados de misterio… todo está presente. La historia se lleva a cabo, casi en su totalidad, en una isla a las afueras de Nueva York, en la cual Lang y compañía deben mantener el perfil bajo debido a las circunstancias. El score recuerda aquellos memorables de Bernard Herrmann en Vertigo, North by Northwest o Psycho; Alexandre Desplat, un más que excelente compositor, parece ser fan y conocedor de la creación de Herrmann y lo canaliza a la perfección. Por último, los personajes. Ewan McGregor es genial en su papel como fantasma; es cínico y sarcástico, y carga no sólo con el tono dramático de la película sino con el cómico; McGregor canaliza de alguna manera ese estilo tan singular que Alfred lograba sacar de íconos como Cary Grant o James Stewart. Quizá sea una combinación de los dos, aunque recuerda más que nada a Grant. Otro aspecto muy hitchockiano que no se puede pasar de largo, es que el fantasma no tiene nombre. Es, desde el inicio, un hombre sin identidad, sin voluntad. Un hombre que se ve atrapado bajo la sombra de Mike McAra, el antiguo escritor fantasma. Algo así como sucede con Rebecca de Hitchcock. La nueva dueña de Manderlay vive sin identidad propia, viviendo bajo la sombra de Rebecca, la esposa difunta de Maxim. La falta de nombre, para el buen observador y el buen razonador, podrá saltar como el mayor indicio de lo que la historia nos depara.
El escritor fantasma, según lo entiendo por lo poco que leí, pasó sin mucha pena ni mucha gloria, aunque eso se entiende, debido a que Polanski es persona non-grata en Estados Unidos, pero vaya, la antigua meca del cine ya no aporta el sello de calidad a las películas que realmente lo merecen, aunque realmente, a quién le importa. La película es deliciosa y sencilla, entretiene y mantiene a las mentes hiperactivas, amantes del misterio, ocupadas tratando de averiguar ese famoso “whodunit”. Es una película compleja, aunque sencilla dentro de esa complejidad y director no se detiene en llenarla de pequeños detalles que la complementan a manera de analogías para quienes, como meticulosos observadores que somos, nos complacemos en interpretar imágenes, discursos o el por qué en medio de una tormenta, el jardinero se empeña en recoger las hojas que el aire acarrea.
La historia sigue al fantasma (Ewan McGregor), un escritor que se gana la vida prestando sus dotes narrativas a personalidades que buscan publicar sus memorias. Así les llaman a quienes siguen este oficio. El fantasma, cuyo nombre se nos es omitido durante toda la película, es contratado por Adam Lang (Pierce Brosnan), ex primer ministro de Inglaterra después de que su anterior fantasma fue encontrado muerto (suicidio por alcohol). La publicación de las memorias de Lang se convierten en todo un evento, después de que el ex primer ministro se ve envuelto en una controversia cuando se descubre que cuatro ciudadanos británicos fueron entregados a la CIA para ser torturados bajo órdenes de Lang, por lo cual es convocado para ser juzgado por crímenes contra la humanidad en la corte internacional. El fantasma se ve envuelto por el escándalo: por un lado, los problemas de Lang, por el otro el supuesto suicidio de McAra, el cual lo lanza en una búsqueda de la verdad, ¿será cierto que se suicidó, o es que encontró algo que no debía? Parece ser una historia bastante sencilla, sin embargo, esta línea de acción desemboca en otras más que parecen no tener razón de ser: el triángulo amoroso entre Lang, Ruth, su esposa (interpretada por Olivia Williams) y el fantasma. El segundo triángulo entre Lang, Amelia (Kim Cattrall y su repugnante pseudo acento inglés), su asistente y Ruth. El contexto político de la película (es o no una historia sobre el ex primer ministro Tony Blair), las relaciones políticas de los estadounidenses con los británicos, la CIA, etc. Todas estas sub tramas se tejen entre sí hasta que explotan en un bastante memorable momento climático, desembocando por fin en un excelente final cinematográfico del cual no quiero escribir nada, pues arruinaría todo… sin exagerar, todo. Verdaderamente un final digno de Alfred, en donde el fantasma (McGregor) descubre por fin la verdad a lo cual escribe en un pedazo de papel que lo sabe todo. Así, en un shot cerrado, la cámara sigue el trayecto del papel que es pasado de mano en mano hasta llegar a su destino, tras el cual, después de ver la reacción del destinatario, el fantasma se diluye como si jamás hubiese estado ahí.
Deliberadamente o por error, Polanski logra evocar la esencia de Hitchcock, aunque aceptémoslo, directores como Roman no suelen cometer errores. Todo tiene su por qué y su para qué. Así que, si Harris confesó haberse basado en Hitchcock para su novela y termina siendo él quien, junto con Polanski escribe el guión de la película, la razón por la cual los ecos de las creaciones fílmicas de Alfred Hitchock se encuentran presentes a cada vuelta, no es mera coincidencia, y es que todos los elementos están presentes: asesinato, triángulos amorosos, intrigas, conspiraciones, verdades no dichas, finales inesperados y densos ambientes cargados de misterio… todo está presente. La historia se lleva a cabo, casi en su totalidad, en una isla a las afueras de Nueva York, en la cual Lang y compañía deben mantener el perfil bajo debido a las circunstancias. El score recuerda aquellos memorables de Bernard Herrmann en Vertigo, North by Northwest o Psycho; Alexandre Desplat, un más que excelente compositor, parece ser fan y conocedor de la creación de Herrmann y lo canaliza a la perfección. Por último, los personajes. Ewan McGregor es genial en su papel como fantasma; es cínico y sarcástico, y carga no sólo con el tono dramático de la película sino con el cómico; McGregor canaliza de alguna manera ese estilo tan singular que Alfred lograba sacar de íconos como Cary Grant o James Stewart. Quizá sea una combinación de los dos, aunque recuerda más que nada a Grant. Otro aspecto muy hitchockiano que no se puede pasar de largo, es que el fantasma no tiene nombre. Es, desde el inicio, un hombre sin identidad, sin voluntad. Un hombre que se ve atrapado bajo la sombra de Mike McAra, el antiguo escritor fantasma. Algo así como sucede con Rebecca de Hitchcock. La nueva dueña de Manderlay vive sin identidad propia, viviendo bajo la sombra de Rebecca, la esposa difunta de Maxim. La falta de nombre, para el buen observador y el buen razonador, podrá saltar como el mayor indicio de lo que la historia nos depara.
El escritor fantasma, según lo entiendo por lo poco que leí, pasó sin mucha pena ni mucha gloria, aunque eso se entiende, debido a que Polanski es persona non-grata en Estados Unidos, pero vaya, la antigua meca del cine ya no aporta el sello de calidad a las películas que realmente lo merecen, aunque realmente, a quién le importa. La película es deliciosa y sencilla, entretiene y mantiene a las mentes hiperactivas, amantes del misterio, ocupadas tratando de averiguar ese famoso “whodunit”. Es una película compleja, aunque sencilla dentro de esa complejidad y director no se detiene en llenarla de pequeños detalles que la complementan a manera de analogías para quienes, como meticulosos observadores que somos, nos complacemos en interpretar imágenes, discursos o el por qué en medio de una tormenta, el jardinero se empeña en recoger las hojas que el aire acarrea.
jueves, 19 de mayo de 2011
Gracias por los capuccinos descafeinados
No tengo nada interesante que poner este día, tan sólo quiero escribir y ya con esto me preparo para ir a escribir un reporte un poco más tarde, cosas escolares, ya saben. Confieso: estoy muy agradecida por los capuccinos descafeinados del bas-Starbucks. So, gracias a los cielos por el baby-safe coffee que disfruto en estos momentos.
miércoles, 4 de mayo de 2011
En mi cabeza una y otra y otra y otra vez
Hace tiempo vi un video de una niña con su padre cantando 'Home' de Edward Sharpe & The Magnetic Zeroes y siendo la sensibilidad-andando que puedo llegar a ser, hasta lágrimas de ternura me sacaron. La canción se me quedó atascada en la cabeza sin saber de quién era, hasta hace poco que comencé a verla interminablemente en algún comercial por la tele. Tenía que tenerla... y ahora la tengo.
Esta canción me hace sentir tan bien y la tengo ahí, bien metida en la cabeza, tocando en un gran e intermiable loop (redundancias, redundancias).
jueves, 28 de abril de 2011
I Am Very Far, el nuevo álbum de Okkervil River

Ahorita, en este presente, mi presente –ya mañana pasado, en un sentido de pretérito perfecto- estoy escuchando lo nuevo de Okkervil River. Me gusta y apenas van dos canciones. Así que deberé esperar durante 9 piezas más para poder tener un juicio medio decente sobre lo que estoy escuchando… so far, so good.
40 minutos después:
Ya sé que si mi instinto se emociona cuando ve algo, es por algo. Bastante redundante, lo siento, pero desde que vi disponible I Am Very Far de Okkervil River para mi propio goce y deleite, me emocioné cual niña en juguetería, y la expectativa y la emoción no fueron en vano. Horas después de haberlo adquirido logro escucharlo por fin y me encanta, salvo un par de canciones que quizá no me llenaron tanto el oído, como ‘Lay of the Last Survivor’. Dentro del contexto musical, está rodeada de piezas muchísimo más sólidas y mejor estructuradas, pero una o dos canciones que desentonen con uno es una señal muy buena de un disco que promete mucho; tal vez no prometa mucho al mundo de la crítica, tal vez sí; tal vez no prometa mucho al sistema radiofónico capitalista, pero eso a quién chingados le importa, todos sabemos que en esta realidad, la de los melómanos enamorados de la buena música, la industria radiofónica vale madres. Así es que con toda convicción me atrevo a declarar que los Okkervil River, prometen y entregan un disco maravilloso, mejor aún que su muy buen álbum The Stand Ins del 2008.
Para empezar, abre con un par de canciones que enganchan; ‘The Valley’ y ‘Piratess’ se aferran al oído con férreas garras y no sueltan. La primera tan sólo necesita el rasgueo de tonos graves en una guitarra acústica acompañada de cascabeles y ya, estamos en sus garras. La segunda seduce con un bajo reminiscente del Billy Jean a la Jackson, ritmos disco y la voz que tanto recuerda a Robert Smith (muy buena combinación, en mi opinión). ‘We Need a Myth’, hacia la mitad del álbum, es una oda a la añoranza, al deseo, al sueño del retorno del mito en un sentido de “el pasado siempre ha sido mejor que el presente o incluso la visión del futuro”. Bellísima melodía en crescendo con un acompañamiento de cuerdas –sintes, a quién le importa- que lo deja a uno en ese high, en el punto más alto, rematando con ‘Mermaid’, una especie-balada-que-no-es-balada; tranquila, melancólica, como de escena de baile preparatoriano, de un ingenuo amor adolescente, enmarcado con trompetas siguiendo un tipo de vals improvisado. En ‘Your Past Life as a Blast’ escuché ecos de Simon & Garfunkel, lo cual me fascinó, siendo yo fan del dúo folkie de antaño. Y cuando un álbum es un buen álbum, así como abre, debe cerrar y ‘The Rise’ es la perfecta canción del adiós; es la que se escucha justo en ese momento antes de que enciendan las luces, derrochando toda la magia de la noche, la acumulación de emociones que se presenta antes del beso (bueno, eso ya fue un poco cursi). La pieza se deshace del dinamismo que hasta ese momento venían cargando las canciones y al melódico ritmo de un piano (y un piano siempre denota cierta melancolía, no me digan que no) y percusiones se hace cargo de que deseemos que la noche no termine aquí y continúe; nos obliga a desear una secuela, un after, un “amanecerla”. Y para amanecerla, qué mejor que volverlo a escuchar nuevamente, la verdad es que el álbum lo merece.
40 minutos después:
Ya sé que si mi instinto se emociona cuando ve algo, es por algo. Bastante redundante, lo siento, pero desde que vi disponible I Am Very Far de Okkervil River para mi propio goce y deleite, me emocioné cual niña en juguetería, y la expectativa y la emoción no fueron en vano. Horas después de haberlo adquirido logro escucharlo por fin y me encanta, salvo un par de canciones que quizá no me llenaron tanto el oído, como ‘Lay of the Last Survivor’. Dentro del contexto musical, está rodeada de piezas muchísimo más sólidas y mejor estructuradas, pero una o dos canciones que desentonen con uno es una señal muy buena de un disco que promete mucho; tal vez no prometa mucho al mundo de la crítica, tal vez sí; tal vez no prometa mucho al sistema radiofónico capitalista, pero eso a quién chingados le importa, todos sabemos que en esta realidad, la de los melómanos enamorados de la buena música, la industria radiofónica vale madres. Así es que con toda convicción me atrevo a declarar que los Okkervil River, prometen y entregan un disco maravilloso, mejor aún que su muy buen álbum The Stand Ins del 2008.
Para empezar, abre con un par de canciones que enganchan; ‘The Valley’ y ‘Piratess’ se aferran al oído con férreas garras y no sueltan. La primera tan sólo necesita el rasgueo de tonos graves en una guitarra acústica acompañada de cascabeles y ya, estamos en sus garras. La segunda seduce con un bajo reminiscente del Billy Jean a la Jackson, ritmos disco y la voz que tanto recuerda a Robert Smith (muy buena combinación, en mi opinión). ‘We Need a Myth’, hacia la mitad del álbum, es una oda a la añoranza, al deseo, al sueño del retorno del mito en un sentido de “el pasado siempre ha sido mejor que el presente o incluso la visión del futuro”. Bellísima melodía en crescendo con un acompañamiento de cuerdas –sintes, a quién le importa- que lo deja a uno en ese high, en el punto más alto, rematando con ‘Mermaid’, una especie-balada-que-no-es-balada; tranquila, melancólica, como de escena de baile preparatoriano, de un ingenuo amor adolescente, enmarcado con trompetas siguiendo un tipo de vals improvisado. En ‘Your Past Life as a Blast’ escuché ecos de Simon & Garfunkel, lo cual me fascinó, siendo yo fan del dúo folkie de antaño. Y cuando un álbum es un buen álbum, así como abre, debe cerrar y ‘The Rise’ es la perfecta canción del adiós; es la que se escucha justo en ese momento antes de que enciendan las luces, derrochando toda la magia de la noche, la acumulación de emociones que se presenta antes del beso (bueno, eso ya fue un poco cursi). La pieza se deshace del dinamismo que hasta ese momento venían cargando las canciones y al melódico ritmo de un piano (y un piano siempre denota cierta melancolía, no me digan que no) y percusiones se hace cargo de que deseemos que la noche no termine aquí y continúe; nos obliga a desear una secuela, un after, un “amanecerla”. Y para amanecerla, qué mejor que volverlo a escuchar nuevamente, la verdad es que el álbum lo merece.
jueves, 14 de abril de 2011
Entre leer y escuchar pasa todo y nada.
Escucho Grizzly Bear, leo El atentado de Jorge Ibargüengoitia, tomo apuntes. Escucho Grizzly Bear, tomo apuntes y leo El atentado. Tomo apuntes y escribo canciones de Grizzly Bear. Leo El atentado musicalizado por Grizzly Bear y lo inyecta de un ambiente de melancólica humedad, de espacios confinados y una oscuridad que se pinta de azul como en un día lluvioso. Sigo leyendo a Ibargüengoitia, escucho a Grizzly Bear y pinto mis apuntes de azul. Es una tarde muy productiva. (El álbum de Grizzly… Yellow House, nomás por si se preguntan)
lunes, 11 de abril de 2011
E.T.E.R.N.A.U.T.A.
Hoy escuché que la música no es capaz de transmitir una idea como la podría transmitir, digamos, la poesía. No estuve muy de acuerdo con dicha afirmación, sin embargo, ahí está, fue la opinión de alguien. Ahora… sé con más certeza que muchísima gente, sobre todo en esta pobretona ciudad de sequía cultural (no por uno, sino por “los de arriba”), opina que el Rock no es un género propositivo, artístico, emotivo, incapaz de transmitir ideas coherentes, importantes y definitivamente, jamás de los jamases, lo etiquetarían como un movimiento cultural. Mas la realidad es otra, por más que lo nieguen, pues en esta ciudad, ávida de voces que no se callen, ni sean calladas, qué mejor manera de gritar que con Rock.
Novo Pilota es una banda juarense que acaba de lanzar su segundo álbum E.T.E.R.N.A.U.T.A., mismo que está basado en el cómic argentino de finales de los 50’s, El Eternauta, creado por H. G. Oesterheld y Francisco Solano López. En él, la humanidad se ve asediada por una invasión extraterrestre (aunque la historia se lleva a cabo en Buenos Aires), así que Juan Salvo y sus amigos, se ven obligados a buscar maneras de proteger a los suyos, uniéndose así a la última resistencia en contra de la amenaza alienígena. Si bien la historia es de ciencia ficción, el trasfondo que conlleva la novela gráfica es muchísimo más grave y seria, metaforizando la tensa situación política argentina de la época, con la militarización del país, los golpes de estado y las inexplicables desapariciones de aquellos quienes osaban levantar la voz sobre los hechos, como fue el caso del propio Oesterheld. La historia era propicia a la ocasión: no sólo una ciudad, sino un país que vive asediado por la violencia, la aparente militarización, la corrupción, el narco, las extorsiones, el juego de la política y vaya, la lista sigue.
A lo largo de siete temas, la voz del Eternauta se filtra y se manifiesta, evolucionando hacia los pensamientos no sólo de un hombre, sino de toda una colectividad. Con la canción temática, ‘E.T.E.R.N.A.U.T.A.’ se puede vislumbrar a la figura del héroe colectivo del cual hablaba Oesterheld: nosotros mismos. Una canción cargada de adrenalina y fuerza, guitarras estridentes, distorsiones envolventes, hipnóticos beats y una voz que nos urge a resistir y seguir adelante. Y para quien haya leído el cómic, encontrará en la letra referencias hacia pequeños detalles de la novela, algo que en lo personal me gustó muchísimo. ‘Odio Cósmico’ fue otro de los temas que más llenaron mi oído, comenzando por el sonido y la estructura musical, con algo que podría definir como una muy simétrica asimetría rítmica, con esa misma explosión energética que se palpa desde el inicio. Acto seguido, la letra carga con una fuerza emocional imponente: Ojalá que enfrentes todo como es/ que en tu largo viaje encuentres lo que estás pidiendo/ Ojalá que sea tal como lo crees/ que tu traje te haga fuerte cuando estés adentro […] Ojalá el regreso sea lo que fue/ que las piedras del camino no te dejen ciego/ Ojalá mi llanto aún me deje ver/ que esta sangre entre mis manos no me esté mintiendo. ‘Hombre Robot’ es un cambio de perspectiva, en donde la voz se posiciona dentro de las botas de aquellos hombres que “solo siguen órdenes” sin cuestionarlas jamás, enmarcado dentro de una batería que bien asemeja los redobles de los tambores bélicos. ‘Let It Burn (Ya no hay sol)’ oscila entre el inglés y el español, algo que quizá causó un poco de ruido en mí, pues nunca me han gustado estas variaciones en una misma canción, este como pochismo; sin embargo, de alguna manera u otra logra trascender esa pequeña molestia propia para convertirse en una canción demasiado pegajosa, especialmente con el coro en español. La canción es una conversación entre víctima/victimario, inspirada en hechos terriblemente reales, acontecidos al propio vocalista (lo que escuchan en inglés es tan sólo el eco de lo que le sucedió). Por último, ‘Quontinnum’, tema en el cual el alma se desnuda y expresa el dolor de la pérdida. Esa inevitable sensación que nos encara violentamente con la realidad de haber perdido a alguien (o quizás a nosotros mismos) y el necesitar recobrarlo a como dé lugar. Es una pieza melancólica, sin lugar a dudas, pero con una belleza desbordante y poética.
La total ausencia de silencio a lo largo del disco es muy notorio, algo que es imposible pasar de largo, ayudado a los interludios que funcionan como marcos contextuales entre canción y canción; en ellos se podrán distinguir discursos enteros de inconformidad y preocupación, como el escuchar tropas marchando entre ‘E.T.E.R.N.A.U.T.A.’ y ‘Odio Cósmico’, o el desgarrador sonido de explosiones y balas contrapuestos con la melódica belleza de la viola entre ‘Let It Burn’ y ‘Quontinnum’, o el interludio en el cual, de entre un saturado pastiche de noticieros, entrevistas y notas de diversos personajes (cuyas voces son inconfundibles), surge la voz de un hombre que militarizó todo un país para llevarlo al poder y la gloria, para meterlo en orden… un alemán llamado Adolfo. Son sutilezas como esta las que terminan por englobar una obra que bien refleja lo que muchos piensan y sienten, lo que muchos viven y lo que muchos quisieran evadir.
Si hay algo positivo de los momentos de crisis que se debe rescatar, es precisamente esto: la expresión, el arte, la creación. Todo lo que nos impulse a innovar y no solamente esperar un cambio que caiga del cielo. Hace unos cuantos ayeres, Juárez era una ciudad, no solo famosa por la industria maquiladora, sino por la escena musical y los espacios que permitían a una infinidad de voces moldear a su comunidad. A pesar de que ésta escena ha quedado relegada hacia los confines de pequeños bares, es una escena que sigue aún muy viva y dando de qué hablar, ejemplo de ello está en este álbum, el cual a lo largo de 8 temas, se expone en voz, verso y música, el sentimiento colectivo de muchos.
(Para escuchar el disco, visitar: www.reverbnation.com/novopilota)
Epifanía
Realmente necesito leer más... esta semana me di cuenta de que no sé nada. Esa es una verdad terrible de encarar.
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